El cantante y compositor celebra los veinte años de su banda en una entrevista en la que repasa sus inicios y reivindica el electropop con un nuevo disco fiel a sus raíces. Glitter, delineador y mucho sintetizador, como si pudiéramos volver en el tiempo.


El día anterior a la visita de Ale Sergi a los estudios de IP para grabar una nueva emisión de El Planeta Urbano TV, busco en Spotify los cortes de Souvenir, el último disco de Miranda!, y el electropop más clásico de la banda se mete en mi cuerpo y me hace bailar. Solo, en el living de mi casa, en pandemia. Esas canciones, que rinden tributo a los primeros temas de la banda, me transportan directamente a 2003, a un Niceto repleto de fanáticos de esta nueva banda casi de culto que todavía no se hizo popular por la guitarra de Lolo ni pasó a formar parte de ese mainstream que a muchos nos abrumará. Fuera de las modas reggaetoneras o de los ritmos urbanos que inundan todas las playlist actuales, Miranda! se mantiene fiel a un estilo que la hizo marcar un tramo en la historia de la música en español y hoy está más vigente que nunca, poniéndonos a los fans de la primera hora a bailar como cuando éramos jóvenes y nos amuchábamos en Niceto, hace casi veinte años.

“Niceto nos vio nacer, nos vio crecer y hasta ahora no nos ha visto morir. Es el templo de Miranda! y yo me quiero morir ahí, cuando sea el momento. Hay gente que nos viene a ver sólo a Niceto, y si tocamos en otro lado por ahí no va”, comenta Sergi frente a cámara, mientras en la pantalla de atrás pasa en loop el inmenso recorrido de su historial de videoclips.

–Es imposible no bailar los temas de Miranda! ¿Hay una intención en eso?

–Sí, nosotros tratamos siempre de hacer música para el cuerpo, es un poco la propuesta inicial de Miranda! desde siempre. No somos muy cerebrales en la parte lírica, no es que hacemos análisis muy profundos de absolutamente nada, simplemente contamos sensaciones tal como las vivimos interiormente en torno a las relaciones, ya sean de pareja, de amistad o lo que fuera. Pero todo tiene que ver con lo que nos pasa en el cuerpo, cómo es que lo sentimos, así lo escribimos. Y lo mismo con la música, tratamos de que sea algo superdirecto que se te meta en el cuerpo y te dé ganas de moverte.

–¿Cómo sentís que cambió tu público en tantos años?

–Hay muchos fans que nos acompañan todo el tiempo y otros que han ido mutando.

–Claro, yo soy de la vieja escuela electropop de Miranda!, y algunos hits demasiado masivos no me encantan.

–Pasa que siempre queremos sentirnos especiales con nuestros gustos, y cuando algo se vuelve muy masivo y empieza a gustarle a todo el mundo, nos damos cuenta de que no éramos tan especiales con nuestras elecciones, y eso a veces te frustra. Pero, bueno, es el curso de las cosas.

–Pero justamente tu disco nuevo, Souvenir, me transportó a esa primera época de culto de Miranda! Por eso me parece tan genial.

–Con este disco quisimos autocelebrarnos. Cuando empezamos a juntar las canciones se nos ocurrió que quizás esta vez no era necesario incorporar algún ritmo nuevo o cosas diferentes, sino hacer un disco como los del comienzo, con una computadora y esa impronta completamente electrónica.

–Me alucinó.

–Gracias, sentimos que hay una escena de la que nosotros formamos parte, pero a la vez no veo que ninguna de las bandas anteriores ni actuales suene completamente como nosotros.

–Es que el electropop acá casi no se hace.

–Es cierto, no es como en Europa. Si bien acá hay jóvenes haciendo música con computadora, tienden a irse más hacia lo urbano. Por eso nosotros con este disco queríamos hacer una reivindicación del estilo y un capricho personal, porque la verdad es que a mí la música que más me gusta es el electropop.

–¿Por qué no hacen lo que hacen todos?

–Nos estamos dando la libertad de ir un poco en contra de las reglas. Vos cuando sacás un disco tenés que decirles a todos que estás en una re nueva, que cambiaste, que hiciste algo distinto. Y esta vez no hicimos eso, en lugar de buscar innovar buscamos mejorar lo que siempre hemos hecho.

–Ahora todo el mundo hace música urbana, y ustedes siguen su línea.

–A decir verdad, en el disco anterior hemos incursionado mínimamente en algunos toques de reggaetón, pero no es lo nuestro. Tomamos conciencia de que tenemos un ritmo muy personal que a mi entender sigue vigente y sigue generando atención, y por otro lado tomamos en cuenta nuestras propias limitaciones: no vamos a ponernos a hacer la misma música que hacen chicos que tienen otra data; tal vez si nos juntáramos tendría otra lógica, pero la verdad que no se dio.

–¿Qué opinás del auge de nuevos artistas argentinos triunfando en el exterior?

–Creo que esta hiperconectividad que hay en el mundo hace que se rompan un poco las barreras de los slangs y del lenguaje, por eso hay tanta música en español triunfando en el mundo.

–Sos sonidista de oficio, ¿eso te marcó una obsesión por el sonido perfecto?

–Charly García dio un consejo a los músicos jóvenes hace mucho tiempo y yo lo respeté a rajatabla: dijo que se graben en vivo y que se escuchen. Me parece un consejo valiosísimo, porque cuando uno está emitiendo, cuando uno está tocando o cantando, se la pasa bien por el solo hecho de estar haciéndolo, pero tenés que pasártela igual de bien después escuchando eso que hiciste. A veces uno piensa que la está rompiendo, y cuando lo vas a escuchar no está tan bien.

–¿Cómo es la relación con Juliana luego de veinte años juntos como amigos y al frente de Miranda!?

–Bueno, hay admiración ante todo. La primera vez que la vi fue en la casa de ella, con un amigo que nos presentó. A partir de ahí entablamos una amistad, y como ella estudiaba canto fui a su muestra y la escuché cantar por primera vez y me alucinó, no sólo a mí sino a todo el público presente. A partir de ahí decidimos trabajar juntos, y yo empecé a hacerle unos arreglos electrónicos para su set de jazz. Más tarde, compuse unas canciones originales y le pregunté si no se copaba para cantarlas juntos. Y así nació Miranda!

–¿Hace veinte años te pesaba ser tan rompedor y original estéticamente? ¿Cómo lidiabas con los prejuicios?

–Es algo que me pasó toda la vida. Yo nunca me sentí atraído por el prototipo masculino que se suponía debía ser. A mí siempre me copaba otra onda, no me interesaban los deportes, me peinaba como Robert Smith, me maquillaba como Bowie, eso de chiquito. Algunos me miraban medio de costado y les parecía raro, pero yo me acostumbré a que me miraran, qué decirte. Y después, cuando empezamos con Miranda!, los prejuicios eran los mismos que yo había sufrido a mis quince. Entonces, no te diría que no me importaba, porque a quién no le toca un poco lo que dicen de uno, pero a la vez si yo estaba tan convencido de algo, me daba tranquilidad sentir que mi arte era transparente con mi pensar y con mi sentir. Entonces, lo que yo estaba haciendo con la música era lo mismo que hacía a los quince cuando me maquillaba y salía a caminar por Haedo y me gritaban “puto”. Nunca me preocupó el asunto, incluso me daba risa porque ser puto no me parece algo que califique como insulto, entonces ¿por qué me voy a ofender? Yo no era puto, pero si lo hubiera sido, ¿qué tiene?


Producción general: Gimena Bugallo

Styling: Camila Mariani

Pelo: Oscar Fernández

Filmmaker: Chanas Scigliotti

Agradecimientos: Tora Restaurant y Panni Margot