En los Estados Unidos, un programa piloto entrega perros y gatos electrónicos para combatir el aislamiento que derivó de la pandemia. Dirigido a personas mayores, y mientras amplía su campo de experimentación, logra mayor optimismo en ellas y también una apuesta a la esperanza. Bienvenidos al futuro.


Nos encontramos atravesando una de las peores pandemias de la historia, con millones de muertos a nivel mundial. Y, también, con una problemática colateral vinculada al aislamiento y la distancia social: los crecientes problemas de salud mental y la soledad en personas mayores. Por ello –sobre todo en países desarrollados y occidentales con pirámides poblacionales invertidas–, uno de los desafíos que se plantean es cómo acompañar a los adultos mayores que viven solos.

Asimismo, el avance de las tecnologías hápticas (que replican el efecto del tacto), sumado a los progresos de los últimos años en inteligencia artificial, está generando, en un contexto pandémico, interés e inversión en el desarrollo de prototipos de robots de compañía para ese sector poblacional. Bienvenidos al futuro, donde una mascota robótica podría ser la compañera ideal de tu abuela o tu abuelo. Así, el floreciente campo de lo que se conoce como“eldertech”(tecnologías emancipatorias para la tercera edad) está experimentando con cada vez más opciones de animales robot (perros y gatos) para adultos mayores.

¿Una nueva era de robots sociales?

Aunque el escenario parezca distópico, puede estar mucho más cerca de lo que creemos. Una larga crónica de la prestigiosa The New Yorker contaba hace unas semanas sobre el programa Joy for All Pets,que funciona de manera piloto en los Estados Unidos. Pero antes de ir a eso, quizá sea importante saber qué son las tecnologías hápticas.

Por definición, la tecnología háptica se refiere a cualquier tecnología que puede recrear la experiencia del tacto mediante la aplicación de fuerzas, vibraciones o movimientos sobre el usuario. Las mismas pueden ser utilizadas para crear o controlar objetos virtuales en una simulación computarizada, pero también para dominar de forma remota objetos o dispositivos reales (telerrobótica). Los dispositivos hápticos suelen incorporar sensores táctiles que miden, entre otras cosas, la fuerza y la temperatura del usuario de la interfase.

En este sentido, se viene experimentando desde hace años con este formato y existen numerosos ejemplos, desde cinturones que vibran para ciegos hasta dispositivos que se instalan en la lengua y permiten navegar espacios mediante estímulos sonoros; también otros que replican la cercanía y el calor del cuerpo de una madre en las unidades intensivas neonatales, o robots de acompañamiento que poseen algunas funciones básicas. Y si bien todavía estamos lejos de generar entidades autónomas inteligentes, existen todo tipo de prototipos con sets programados de reacciones y respuestas cada vez más “humanas” con los que podemos interactuar. Y, a veces, también animales.

El mejor amigo del hombre, a batería

Durante la epidemia de SARS en Hong Kong, en 2003, las autoridades de salud registraron un pico de suicidios, sobre todo provenientes de gente mayor viviendo sola y encerrada que se sentía aislada y temía ser un peso para sus familias. Esto, sumado a la cantidad de estudios que atribuyen costos enormes por el impacto del aislamiento social en la salud y a las recomendaciones de los médicos de empezar a monitorear factores de aislamiento social en adultos mayores, hizo que se implementara un programa piloto, como el mencionado Joy for All Pets,cubierto por el seguro médico en los Estados Unidos, que consistió en entregarles mascotas robots con morfología de gato y perro a 60 personas en distintos estados y hacer un seguimiento mediante entrevistas y estudios.

Desde que comenzó el aislamiento obligatorio, en abril de 2020, las órdenes de mascotas aumentaron y se mandaron a hacer miles, que hoy en día son repartidas a personas como Virginia, quien vive sola a sus 92 años. “Te hace sentir que es real”, dice sobre Jennie, su gato robot. Virginia sabe que es un robot programado con respuestas acotadas y que usa baterías, y aun así, como tantos otros, se siente más acompañada. Con el avance de la pandemia, seguros y asociaciones comenzaron a cubrir con sus planes de salud y programas las mascotas robóticas, y hoy ya se distribuyeron más de 220 sólo en Nueva York y más de 20 mil en todo el país. Según el secretario del Departamento de Salud de Florida, uno de los estados que más recibió, “son más que sólo juguetes”. De hecho, no son juguetes.

¿Pero entonces qué son? Inspirados en un modelo de Hasbro, los investigadores se dieron cuenta de que eran populares tanto entre los chicos como entre las personas de la tercera edad, quienes, además, los querían realistas. Un estudio de 2020 de The Journals of Gerontology declara que las personas mayores que interactúan con estas mascotas reportan mayor optimismo y sentido de propósito y muchas veces se sienten menos solas. Los resultados del programa apuntan a lo mismo.

¿Si acariciar a un perro o gato robot con un look realista, que hace sonidos y mueve partes de su cuerpo, probó ser efectivo para muchas de estas personas en situación de aislamiento, cuál es el problema? Algunos temen infantilizar a las personas mayores con estas propuestas, o incluso que en un futuro un robot enfermero no pueda proveer el cuidado necesario. Pero la demografía también agrega ansiedad, y si hay cada vez menos personas jóvenes para cuidar a las viejas y el “tsunami gris” sigue avanzando (se proyecta que para 2034 habrá por primera vez más estadounidenses mayores de 65 años que de 18), estas son opciones a mano y relativamente efectivas que hay que empezar a considerar. Otros sugieren que, ante el desolador panorama, peor es nada.

De este modo, los robots sociales y otros de compañía son marketineados como tecnologías emancipatorias para la tercera edad, un campo floreciente centrado en proveer instrumentos de independencia y mejor calidad de vida a los mayores. Mientras tanto, los avances prometen formas y reacciones más complejas y realistas, auspiciando un futuro de robots de compañía comercialmente disponibles al público masivo. Y cada vez más cerca.