El ex IKV se refugió de la pandemia en su casa alejada de la ciudad y, rodeado por la naturaleza, sorprendió con Pitada, una aventura audiovisual en clave folk que repasa lo mejor de su carrera solista e incluye dos canciones inéditas y la colaboración de artistas de la nueva generación que tanto admira.


La casa en el campo que sirvió como refugio en la primera cuarentena de Emmanuel Horvilleur, durante varios meses del año pasado, es hoy el fondo de un zoom que se transmite en pantalla gigante en los estudios de IP. Allí, en el marco del ciclo televisivo de El Planeta Urbano, el ex Illya Kuryaki presenta Pitada, un disco audiovisual creado para redes y diferentes plataformas de música online que recopila los grandes éxitos de su carrera como solista en versión acústica y, en varios casos, a dúo con nuevas voces de la escena local.

Grabado en esa misma casa, Pitada condensa algunas escenas de realismo mágico y espiritual que se pueden ver por YouTube y conforman un relato maravilloso: Chiara Parravicini poniéndose en la voz de Gustavo Cerati en “19” y un pájaro que entra en el estudio abierto justo cuando a ella le toca cantar, o los Bandalos Chinos en plan Hare Krishna entonando el estribillo de “Llamame”, a coro con Emma.

Bocanada de aire, ansias de libertad, Pitada se perfila como uno de los mejores lanzamientos de 2021, el mismo año que los IKV celebran las tres décadas de Fabrico cuero, su primer álbum de estudio y el inicio de una aventura que sorprende hasta el día de hoy.

–Al final fue una buena decisión irte en plena pandemia a tu casa de campo.

–Sí, la verdad que sí. La pandemia se mete en todo, y a veces uno decide cosas que tienen que ver con eso, con salir a ver el cielo, con estar en contacto con la naturaleza. Y con Que Cálido, la productora audiovisual, nos pareció buena la idea de llevar nuestra música a ese ecosistema, y a la vez llevar también las canciones a un ambiente de naturaleza. Todos estos temas que hice de manera acústica, tal vez, en su versión original tienen muchos más toques de música electrónica o de sintetizadores.

Pitada es un disco que tiene muchos de tus grandes éxitos y, además, dos temas nuevos. Pero son los clásicos de Emmanuel Horvilleur en versión acústica, ¿no?

–Sí, de versiones, es eso. Son doce canciones en clave folk, acústicas, diez clásicos míos o temas que me representan y dos canciones nuevas, inéditas. Una, que le da el nombre a esta peli, que se llama “Pitada”, y la otra, “Cosa loca”. Definimos una especie de instrumentación: percusión, guitarras acústicas más chicas, bajo y contrabajo, hay un banjo en dos temas y una cavaquinho, que es como un charango pero brasileño. Y una vez que definimos la instrumentación, elegimos canciones que se podían adaptar a esta formación de una manera orgánica. Capaz dejamos de lado las canciones de tempos muy altos o muy de funk, de guitarras eléctricas.

–Una canción que se adaptó bárbara fue “Llamame”, con los chicos de Bandalos Chinos. Es como bucólica, ¿no?

–Sí, sí, puede ser. Nuestra naturaleza argentina, la pampa, toda la vegetación, los pájaros… Nosotros somos gauchos domesticados, en algún punto. Obviamente, la Ciudad de Buenos Aires es una megaciudad, pero uno sale y hace 80 kilómetros y ya está en otro mundo, y esto es un ejemplo. Grabamos en un lugar donde los pájaros son los dueños, uno solamente alquila ese espacio. Es un lugar en donde la naturaleza manda y tratamos de que eso esté impreso e impregnado en toda la grabación. De hecho, hay una canción, “19”, con Chiara Parravicini, que tiene la participación especial de un tero, que aparece volando y cantando, y lo dejamos porque es parte.

–Contame bien esa anécdota. Están en un garage de tu casa, muy moderno, con la naturaleza superpresente, y Chiara empieza con su voz mágica a cantar un tema que vos habías interpretado con Cerati, ¿no?

–Sí, es una canción del disco Mordisco, que la hicimos junto a Gustavo, y en algún punto es el tema con más escuchas que tengo.

–Entonces, en un momento, mientras Chiara canta en la parte de Cerati, entra un tero y… ¿se sintió como una presencia de Gustavo en el ambiente?

–No, me da pudor decirlo así tal cual (risas). Pero lo que yo sentí fue que algo o alguien nos daba el visto bueno, de que estábamos por el buen camino. Para mí es una canción que tiene toda esa historia con Gustavo, de haber grabado juntos, haber hecho un video. De hecho, cuando hice mi único Gran Rex como solista, él vino y tocamos la canción juntos. Fue un momento en el que nos vimos mucho y cuando más lo conocí. Después de ese momento quedamos bastante amigos. Hemos compartido vacaciones y cosas, entonces es una canción que tiene mucha profundidad en mí. Y que haya pasado ese momento, se puede decir que sí, que sentí su presencia. La siento muchas veces, porque cuando ponés un disco de Gustavo y lo escuchás cantar, está vivo. Es esa trampa que tenemos los músicos, la obra de Gustavo va a durar por siempre.

–¿Cómo decidiste que no fuera un disco tradicional sino una puesta en escena fílmica a través de diferentes plataformas? ¿Cómo cambió eso?

–Cuando todos caímos en la cuarentena, obviamente que estábamos muy conectados con las redes sociales, y vi que muchos artistas estaban haciendo sus streamings. Yo no tenía mucha intención de hacer algo en estudio, y un día estaba tocando la guitarra acá y dije: “Bueno, me gustaría hacer algo, pero acá, en la naturaleza”. Pensé en un ensayo filmado, y cuando les conté la idea a los chicos de Que Cálido empezó a tomar más forma. Después pensamos en los invitados, pensamos en dividirlo en distintos momentos… No está todo en el mismo escenario, sino que nos vamos moviendo, fueron un par de días de grabación. Entonces, esa primera idea de hacer algo en la naturaleza terminó siendo lo que es: una especie de película de 55 minutos, que recorre un poco mi carrera solista con versiones acústicas, con invitados de lujo.

–¿Qué criterio tuviste a la hora de invitar a los colaboradores?

–Zoe Gotusso, Bandalos Chinos y Chiara Parravicini son artistas que me gustan, que escucho, que disfruto. Además, pertenecen a otra generación, está bueno eso. Yo soy más vieja escuela, se podría decir. Pero básicamente fue porque me gustan y pensé que les iban a ir bien las canciones que les iba a ofrecer para hacer.

–Sobrevuela un poco ese espíritu del MTV Unplugged de los 90, donde Soda Stereo compartía escenario con Andrea Echeverri de Aterciopelados y se creaban esos climas únicos. Pitada remite un poco a eso.

–Nosotros hicimos nuestro unplugged con IKV en el 96 y fue una cosa muy buena, porque nos abrió las puertas de toda Latinoamérica. Hay mucha gente que lo ha disfrutado mucho y que es su disco preferido de IKV. Entonces, en algún punto, también pasa eso: cuando uno se pone en formato acústico, sobre todo para una grabación, puede interpretar desde una manera más relajada. No es que tenés que estar tocando arriba de baterías y guitarras distorsionadas, de bajos, que me encanta también. Pero en este formato más aterciopelado, más cool, pasa también eso, que uno se puede expresar mejor.

–La música urbana es, definitivamente, el soundtrack de estos tiempos, e IKV fue la primera que introdujo los ritmos urbanos en la Argentina. ¿Sentís esa responsabilidad, ese peso, de haber sido uno de los precursores?

–Mirá, nosotros empezamos muy de chicos. Es verdad que nadie lo hacía. Nosotros arrancamos también a mezclar mucho los estilos, eso creo que no se dice tanto de IKV. El hip hop con rock nacional, el funk… Esa libertad no estaba muy bien vista. Era raro que una banda mezclara tantos estilos y pasara de una balada como era “Abismo” a un hip hop chicano como “Abarajame”, o a un tema medio hardcore como “Remisero”. Fuimos de los primeros en jugar con los estilos de esa manera. Y ahora lo urbano es lo que manda en el mercado y es loco.

–Es loco porque vos ya no hacés urbano.

–No, no lo hago, pero tampoco es que lo abandoné. Me gusta, no sé, yo me veo como un cocinero que va mezclando las recetas, y que salga lo que salga; si está rico, no importan los ingredientes. Me gusta jugar con los estilos, me gusta disfrutar de la música. Ya a esta altura he atravesado tantos momentos, que han sido de tantos prejuicios con IKV y la música que hacíamos, que estoy completamente liberado de ataduras y de estilos. Me gusta disfrutar de la música.

–¿Cómo te estás llevando con la madurez después de los 40?

–Me llevo bien. Fue mucho más duro pasar de los 39 a los 40. Ahí me pasaron cosas raras, extrañas. Pero ahora estoy contento, estoy bien, dentro de este contexto. Miro para atrás e hice muchas cosas y creo que, dentro de todo, he sido un buen amigo, un buen hijo, un buen padre, un buen compañero, un buen novio. Dentro de todo, ¿no? En ese sentido, voy para adelante bien, sin tanto peso.

–¿Cuál creés que fue el momento tapa de tu vida?

–Y puedo seguir en plan Cerati y usar una frase de él: “Siempre es hoy”. Así que el mejor momento es este, estar en el momento presente, ahora, aquí.

–Y la pregunta inevitable: se cumplen 30 años de Fabrico cuero, el primer álbum de IKV. ¿Van a hacer algo con Dante?

–Bueno, tenemos la idea de hacer un documental de la historia de IKV.

–¿Y no una serie de estas que están tan de moda?

–No estaría nada mal una bío, porque fueron años muy divertidos donde pasaban cosas, eso te lo puedo asegurar.