Tras superar un grave accidente, la creadora de Chicas en New York se reinventa y se prepara para la reapertura total de la Gran Manzana, el 1º de julio. Una historia de superación, resiliencia e inspiración. Un nuevo capítulo en el bestseller de una de las máximas referentes del mundo del emprender.


Andy Clar es la creadora de la marca Chicas en New York, un proyecto 360 que comenzó con un blog y la llevó a patentar un modelo de negocios: una comunidad de viajes grupales que llegó a ser un bestseller y un programa de televisión. Lejos de tener como techo la banalidad de lo instagrameable y aspirar a ser viral en las redes, la de esta emprendedora es una historia de resiliencia que le permitió cambiar las sillas con las que reaprendió a caminar tras un accidente de tránsito por las escaleras mecánicas de aeropuertos de todos los continentes.

Si bien durante la pandemia el turismo fue uno de los sectores más afectados, Andy Clar emprendió en cuarentena un nuevo viaje, esta vez mucho más profundo, personal: hacia su interior para conectar con lo elemental, revalorizar lo conseguido y proyectar nuevos desafíos.

Hoy, con el anuncio de la reapertura total de la Gran Manzana para el 1º de julio, la chica de Nueva York vuelve a sonreír y, desde sus redes, no puede disimular el entusiasmo.

–¿Qué sensaciones te genera volver a ver Nueva York, esta ciudad que tanto te caracteriza, tan radiante como siempre?

–Nueva York pasó por todo tipo de conflictos (guerras, Ley Seca, atentados, catástrofes) y siempre volvió mejor. La ciudad volvió a nacer muchas veces, tal vez por eso me siento identificada. Verla reponerse de a poco, aunque mucho más rápido que otras ciudades, me genera una sensación de esperanza, sobre todo estando de este lado del planeta en donde se vive tan distinto. Hoy la renovación pasa por la reorganización de los espacios.

–¿Con qué nuevos destinos o atracciones nos vamos a encontrar?

–La ciudad se adaptó por completo, y muchos spots que estaban cerrados por la pandemia volvieron a abrir sus puertas. Algunos con modificaciones para poder disfrutarlos al aire libre, otros se mantuvieron exactamente igual y también hubo varias inauguraciones. Por ejemplo, reabrió Vessel, en el corazón de Hudson Yards, una estructura futurista con uno de los miradores más increíbles; la inauguración de Little Island, un nuevo parque flotante sobre el río Hudson, justo en donde debería haber llegado el Titanic; en el barrio de Dumbo abrió, frente al puente de Brooklyn, Time Out Market New York, un mercadito ideal para sentarse a hacer un pícnic; Harry Potter abrió su tienda de tres pisos, una de las más grandes del mundo. El arte también se adaptó y aparecen muchas muestras al aire libre, como la de Yayoi Kusama en el New York Botanical Garden.

–¿Cómo fue el parate de pandemia para alguien que, básicamente, vivía viajando?

–Viajar se transformó en un modo de vida para mí, pero también tengo la capacidad de adaptarme sin problema a los cambios. En pandemia aproveché el tiempo para viajar a mi interior y conectarme más con lo que quiero y deseo en esta época particular. Pero también el cuerpo me puso un stop en la previa a una operación de columna que me dejó unos meses sin poder moverme. Por suerte, eso ya pasó y estoy rehabilitada.

–En términos de negocio, ¿cómo reformulaste tu emprendimiento?

–Además de la nueva serie, en plena pandemia terminé de desarrollar un proyecto que venía armando hacía unos meses. @bychicasdeviaje es un e-commerce pensado para potenciar y visibilizar proyectos de emprendedoras argentinas, un canal de ventas, exposición y distribución de emprendedoras, algo que al comenzar la pandemia ayudó a muchas que aún no tenían un canal online desarrollado.

–¿Siempre quisiste ser emprendedora? ¿Qué resulta clave e indispensable para serlo?

–Desde muy chica me la rebusqué, pasé por todas. En mi familia no había posibilidades económicas y todo se resolvía con creatividad y trabajo. Hice de todo, siempre sin capital de inversión. Hasta que en 2002, después de la locura del país, fundamos con mi marido, en el living de casa, la agencia de publicidad que es mi mayor y gran emprendimiento exitoso, que me convirtió en empresaria y se transformó en una agencia regional independiente, con sede en siete países y clientes de todo el mundo. Para ser emprendedor se necesita valentía, sobre todo en este país, donde es difícil proyectar. Hay que tener capacidad de reacción y cintura para acomodarte a los cambios, reconvertirlos y transformarlos en oportunidades.

–¿Qué pasa si no tenemos capital inicial?

–No tener capital no es una excusa; siempre hay formas de conseguirlo o sumar gente que apueste. Tener buenas ideas y saber implementarlas o buscar ayuda en eso es fundamental. No hace falta que sea una idea revolucionaria; a veces cosas simples, que le resuelven situaciones de vida a la gente, pueden ser un gran negocio, lo importante es saber administrar e implementar.

–¿Sos consciente de que sos una referente para muchos emprendedores (y acá saco el género porque creo que atrasa hablar de “mujeres emprendedoras”)?

–¡Wow! Es algo que me impacta cada vez que me lo dicen, y sobre todo cuando lo experimento con lectores, cuando hacían una fila de tres horas para darme un abrazo, pedir un consejo o contarme que se habían animado a emprender inspirados en mí. Me emociona mucho, me da vértigo y a la vez me genera mucho más amor por lo que hago. Les da un sentido más concreto a mis proyectos, a mi comunicación.

–Personalmente, ¿no creés que atrasa hablar de “mujeres empresarias” o “mujeres emprendedoras”? ¿No debería ser igual para todos los géneros?

–Creo que estamos en una época de transición. Si bien se avanzó mucho, en muchos aspectos la igualdad de género no es un hecho aún. Se habla más que lo que se hace o se entiende. Cuando conocés historias te das cuenta de que sigue siendo complejo el tema. Personalmente, nunca me sentí afectada por ser mujer, y mirá que no viví en un mundo de Barbies, era un mundo absolutamente machista, pero nunca me detuve a verlo; fui, fui y fui con la seguridad que te da el hambre. Pero sí creo que es necesario más igualdad, y eso significa que haya equipos en donde no importa el género, sino sus capacidades y habilidades.

–Tenés una historia personal de superación, ¿cómo se sale adelante en momentos tan críticos?

–Soy de mente y alma positivas. Siempre le busco la solución creativa. Cuando me atropelló un colectivo y me dejó sin caminar un año, los médicos decían que no volvería a hacerlo. Yo definí que sí volvería a caminar y que lo haría por distintas ciudades del mundo. Pero cuando pude dar el primer paso, no me quedé a esperar que me ayudaran a dar dos: me mudé sola, puse una fila de sillitas del baño a la cocina y de ahí al cuarto, entonces daba un paso y me sentaba, y así a lo largo de los días fui sacando sillas, hasta poder caminar sola hasta el baño. Creo que esto es muy gráfico de mi estilo. Avanzar, accionar, ocuparte y no preocuparte y buscar un modo de hacer las cosas para, aunque parezca imposible, si le ponés más voluntad y perseverancia, espantar a tus propios fantasmas, esos oscuros que pueden aparecer para ponerte trabas.

–¿Cómo mantenés tu salud emocional?

–Qué buena pregunta. Deberías hacérsela a mi psicólogo (risas). Hago lo que puedo, como todos. Soy emocionalmente lisa, eso me ayuda bastante. No soy enroscada, lo que ves es lo que hay, no hay segundas líneas. No me detengo demasiado en lo que duele ni en lo que resta. Demuestro mucho y no acumulo emociones. Las pocas veces que lo hice me fue muy mal. Siempre voy para adelante y me doy cuenta de que las cosas que pasaron ya acontecieron, no se pueden cambiar, entonces me enfoco en lograr mi estabilidad emocional en el día a día y a futuro. El hoy es lo más importante para mí. Para todo lo que hago, el amor es mi motor, y la creatividad, mi combustible. Por otro lado, medito, hago ejercicio físico tres veces por semana, canto y bailo mucho en cualquier lugar, a modo de descarga, y siempre tengo un sueño más por cumplir y algo nuevo que aprender.