La compañía S Money dio a conocer el mapa con las canciones más valuadas de cada país en función de sus artistas locales. Si bien el primer premio se lo lleva el Reino Unido con “Shape of You”, de Ed Sheeran, y en nuestra región el pop y el reggaetón están en alza, no hay signos vitales de melodías rocanroleras en ninguna parte del mundo. La sentencia se vuelve a oír: ¿Es el fin de la música más popular de los últimos tiempos?


S Money, el servicio de cambio de moneda con base en Melbourne, Australia, quiso conocer cuáles eran las ganancias de las canciones focalizándose en los artistas nativos de cada país. Reunieron los datos estadísticos brindados por Spotify y la base de datos Kworb y obtuvieron los siguientes resultados: la canción más valiosa del mundo es “Shape of You”, de Ed Sheeran. Su ganancia en Spotify es de 13.347.665 dólares. Y en el caso de las reproducciones, donde no se ha tenido en cuenta la procedencia de los artistas, “Rockstar”, de Post Malone, ha sabido ser la ganadora. En nuestro país, el podio se lo lleva Paulo Londra con “Adán y Eva”, que tuvo más de 600 millones de reproducciones en Spotify y una ganancia de al menos tres millones de dólares.

A partir de este análisis se plasmaron los resultados en un mapa con las canciones, los artistas nativos y el género musical al que representan. Electrónica, hip hop/rap, reggaetón, pop, latin pop, latin trap… todos figuran en algún espacio del planeta. Bueno, en realidad, todos menos uno: el rock. ¿Qué es lo que está pasando con la melodía de bandera de Elvis Presley, Chuck Berry y Eddie Cochran? ¿Dónde quedó el linaje de la polifonía de Little Richard y Buddy Holly? ¿Hay una correlación entre lo que somos y lo que escuchamos?

“En toda estadística hay un recorte que te puede dar la cifra que vos quieras, y esta es una estadística hecha con base en el streaming”, dice Sergio Marchi, periodista de rock, y agrega: “Spotify no es el único lugar por donde la gente se abastece de música. A mí no me preocupa que el rock no aparezca en este mapa ni que no esté en los rankings de los más vendidos, porque si no sería convalidar que el rock es lo que es el mercado y que lo que más vende es lo mejor, y no es así. Si tu pregunta es: ‘¿El rock dejó de ser mainstream?’, sí. ¿Alguna vez lo fue? Sí. A modo de juego, para tomar un parámetro, me fijo que Nicki Minaj tiene 39 millones de oyentes mensuales en esta plataforma y los Beatles tienen 24 millones. No están tan lejos, pero es una banda que se separó hace 50 años, ¿cuál es el valor de esto? Son distintos modos de verlo. Hay parámetros que son muy ilógicos. Mirando el mapa, el activo más importante de Suecia es un tema de Avicii, pero estoy seguro de que si comparamos la venta de sus discos con los de Abba, pierde por goleada. Si tomás este mapa, estás comprando al mundo en un bazar, como dice Charly.”

–¿La cultura musical tiene que ver con la cultura de la sociedad? Si alguna vez el rock fue un vehículo de expresión de libertad, ¿qué es lo que está pasando ahora?

–Siempre hay una correlación entre lo que pasa y lo que se escucha, no mucho más que eso. La música de hoy apuesta a la diversión, lisa y llana, no hay profundidad, más allá de que pueden aparecer algunas excepciones. Pero yo creo que los valores de la música no son siempre los del mercado. Hoy escuché el último disco de Paul McCartney, McCartney III, que tiene un sonido más moderno que cualquiera de su generación, y si te descuidás, que muchas bandas indie de hoy en día. ¿Y cómo es que un tipo de 78 años hace esto y suena mejor que otros músicos que tienen un tercio de su edad? ¿Cómo es que Dylan saca su mejor disco cuando está por cumplir 80 años? Ese es un fenómeno mucho más interesante: el rock que tiene tipos que deberían estar jubilados con la mantita mirando Netflix, en el mejor de los casos, pero están activos durante una pandemia y rockean, inventan, evolucionan.

–¿Por qué estamos todo el tiempo esperando que venga unos nuevos Beatles, unos nuevos Stones, unos nuevos Zeppelin? ¿Por qué estamos esperando, si ya los tenemos?

–Es una muy buena pregunta cuya respuesta no sé si tengo. Siempre quise comprar a los nuevos Beatles, pero no aparecieron, me los vendieron una y otra vez, pero no eran como el artículo original. Cada uno tiene un lugar irremplazable en la historia. Y más hablando de estos tipos. Yo sé que no va a aparecer un nuevo Cerati, o un nuevo Spinetta, o un nuevo Charly, pero aparece de repente un Conociendo Rusia, que me encanta. Y no es que si Charly deja de vender discos el lugar lo ocupa Calamaro, ¡no! Calamaro ocupa el lugar de Calamaro; Fito, el de Fito, y así. No es que la gente busca lo mismo en otra gente; busca encontrar la misma sensación. Creo que vivimos esperando eso porque hay un poco de realismo mágico en nuestras cabezas, creemos que es el lado B de la meritocracia. Creo que se viene una etapa de reconstrucción posvirus donde la música vuelve a importar pero por los valores. Si esto es realismo mágico de mi parte o es una predicción lógica, no lo sé, pero el tiempo nos lo dirá. Como decía Ray Davies de los Kinks en “Lost & Found”, refiriéndose a un huracán que azotaba la ciudad: “Esta cosa es más grande que nosotros, nos va a poner en nuestro lugar”.

LA CANCIÓN DEL PROFETA

En los 90, David Bowie fue invitado a conversar acerca de su trabajo en uno de los programas más importantes de música en Europa: Countdown. La mirada penetrante de las pupilas asimétricas que acompañaron siempre al Duque Blanco como una peculiaridad inconfundible escoltaban el aura de un maestro de la canción, la teatralización y la elegancia. Con un cigarro en la mano, el camaleón del rock dejó sus álter ego a un lado y dijo: “No sólo cambió el sonido de la música sino también lo que está disponible, es muy difícil elegir buena música; en los Estados Unidos es casi imposible. Creo que es una gran lucha para cualquier artista que realmente tenga una gran integridad con lo que está haciendo. Tenemos más medios y más formas de comunicación y es más difícil. ¡Dios, los 60 estaban llenos de buena música en radio! Todo el mundo está jugando en un lugar seguro porque hay mucho dinero por hacer ese sonido ‘que va’. El negocio de la música es adictivo, pero yo diría que me mantengo al margen o me gustaría decir que así es. Supongo que es muy descarado de mi parte medirme con la misma vara, pero Bob Dylan, haga lo que haga, te guste o no, es Bob Dylan, no lo comparás con nadie. Lo mismo con los Stones: no hay forma de que puedas compararlos con nadie, y espero estar en el mismo tipo de posición. Siento que es muy competitivo el ambiente para los nuevos artistas y realmente tienen que decidir si quieren hacer música para obtener fama o por la música en sí. Si quieren usarla para hacerse famosos, entonces tendremos melodías superficiales y todo será superfluo, pero si lo hacen porque realmente tienen ganas y luego la fama sale de eso, tendremos algo completamente diferente. Ahora hay una creación de bandas como las que había a finales de los 50 y principios de los 60, estos New Kids on the Block, donde la música es un vehículo para ellos, pero estoy seguro de que no pueden estar enamorados de lo que hacen. Déjense de joder, vamos, son chicos lindos con jeans ajustados, es lo que decía antes, apuntan a vender a un mercado en particular.”

Pasaron 31 años de aquella entrevista, sin embargo, las palabras de Bowie siguen reflejando una opinión a la que nos podemos acomodar en la actualidad, describiendo –sin profundizar– lo que acontece con la música tanto desde los medios de comunicación como con lo que compra la sociedad y cómo se ajusta el mercado.

CINTA TESTIGO

“Íbamos en un taxi con Charly García rumbo a Panda –recuerda Marchi–. No sé qué iba a grabar él, y en la radio estaba sonando un tema que se llama ‘Video Killed the Radio Star’. En la segunda estrofa se oye un tecladito y Charly me mira y me dice: ‘Qué viejo que es lo moderno’. A veces lo moderno hace cosas básicas, que ya se hicieron, que reactivan un viejo estímulo, pero es como el reflejo de un miembro, no pasa demasiado. Por eso una cosa es seguir el chart y otra es hacer música. No parece que el rock haya muerto, yo sigo viendo un montón de cosas. Lo que pasa es que hay muchos interesados dentro de estos géneros urbanos que quieren ocupar el lugar del rock y no tienen con qué. Entonces se van de boca, bravuconean, pero la verdad es que no tienen con qué hacerle frente. Además el rock tiene algo que nadie, ningún estilo musical, lo ha podido embarrar, que es la mística. No veo que el trap sea un fenómeno social y pueda compararse con el rock, es un fenómeno pero comercial, es la música del sistema. Tienen un lenguaje válido pero me parece valido en sí mismo, no en comparación al rock. Si yo soy lo nuevo y tengo que decir que soy la nueva versión de lo viejo, estoy en problemas. Y algo más: cuando se muere un Bowie, un Petty o un Prince, es una conmoción mundial. Y ahí está ese otro valor y la importancia que tiene esta música en el inconsciente colectivo. Por ahí no te vende tantos discos y no le sirve como negocio a la industria, pero eso que nos pasa es inconmensurable.”