Referente obligada del emprender, la mentora y hacedora de la plataforma Chicas en New York, toda una comunidad de viajes grupales por el mundo, se inventó a sí misma, esquivó el machismo “disparada por el hambre” y se animó a convertirse en inspiración.


Andy Clar es la creadora de la marca Chicas en New York, un proyecto 360 que comenzó con un blog y la llevó a patentar un modelo de negocios: una comunidad de viajes grupales que llegó a ser un best seller y un programa de televisión. Lejos de tener como techo la banalidad de lo instagrameable y aspirar a ser viral en las redes, la de esta emprendedora es una historia de resiliencia que le permitió cambiar las sillas con las que reaprendió a caminar tras un accidente de tránsito por las escaleras mecánicas de aeropuertos de todos los continentes.

–¿Cómo fue el parate de pandemia para alguien que, básicamente, vivía viajando?

–Viajar se transformó en un modo de vida para mí, pero también tengo la capacidad de adaptarme sin problemas a los cambios. En pandemia aproveché el tiempo para viajar a mi interior y conectarme más con lo que quiero y deseo en esta época particular. Pero también el cuerpo me puso un stop en la previa a una operación de columna que me dejó unos meses sin poder moverme. Por suerte eso ya pasó y estoy rehabilitada. Es tiempo de reconocer, vivir y disfrutar de nuestro país hermoso, donde hay mucho por recorrer y conocer, más allá de los típicos rincones turísticos; un mundo lleno de historias de personas desconocidas, superinspiradoras. Además es un modo de apoyar a todas las familias que viven del turismo en nuestro país en esta época tan dura.

–En términos de negocio, ¿cómo reformulaste tu emprendimiento?

–Además de la nueva serie, en plena pandemia terminé de desarrollar un proyecto que venía armando hacía unos meses antes. @bychicasdeviaje es un e-commerce pensado para potenciar y visibilizar proyectos de emprendedoras argentinas, un canal de ventas, exposición y distribución de emprendedoras, algo que al comenzar la pandemia ayudó a muchas que aún no tenían un canal online desarrollado.

“Si bien se avanzó mucho, la igualdad de género no es un hecho aún. Personalmente, nunca me sentí afectada por ser mujer, y mirá que no viví en un mundo de Barbies, era un mundo absolutamente machista, pero nunca me detuve a verlo; fui, fui y fui con la seguridad que te da el hambre.”

–¿Siempre quisiste ser emprendedora? ¿Qué resulta clave e indispensable para serlo?

–Mi padres eran emprendedores, aunque en esa época no existía el concepto. Cuando era chica, en primer año del cole, me iba a Once y compraba labiales y esmaltes al por mayor, los presentaba en una caja tipo maletín, pintada a mano por mí, y adentro estaba llena de fotos de modelos usando esos colores; buscaba fotos de chicas distintas y le vendía a toda la escuela. Ese fue mi punto de partida, a los trece. Desde ese momento nunca dejé de trabajar, pasé por todas, en mi familia no había posibilidades económicas y todo se resolvía con creatividad y trabajo. Hice de todo, siempre sin capital de inversión. Hasta que en 2002, después de la locura del país, fundamos con mi marido, en el living de casa, la agencia de publicidad que es mi mayor y gran emprendimiento exitoso, que me convirtió en empresaria y se transformó en una agencia regional independiente, con sede en siete países y clientes de todo el mundo. Para ser emprendedor se necesita valentía, sobre todo en este país, donde es difícil proyectar. Hay que tener capacidad de reacción y cintura para acomodarte a los cambios, reconvertirlos y transformarlos en oportunidades.

–¿Qué pasa si no tenemos capital inicial?

–No tener capital no es una excusa; siempre hay forma de conseguirlo o sumar gente que apueste. Tener buenas ideas y saber implementarlas o buscar ayuda en eso es fundamental. No hace falta que sea una idea revolucionaria; a veces cosas simples, que le resuelven situaciones de vida a la gente, pueden ser un gran negocio, lo importante es saber administrar e implementar.

–¿Sos consciente de que sos una referente para muchos emprendedores (y acá saco el género porque creo que atrasa hablar de “mujeres emprendedoras”)?

–¡Wow! Es algo que me impacta cada vez que me lo dicen, y sobre todo cuando lo experimento con lectorxs, cuando hacían una fila de tres horas para darme un abrazo, pedir un consejo o contarme que se habían animado a emprender inspiradxs en mí. Me emociona mucho, me da vértigo y a la vez me genera mucho más amor por lo que hago. Les da un sentido más concreto a mis proyectos, a mi comunicación.

–Personalmente, ¿no creés que atrasa hablar de “mujeres empresarias” o “mujeres emprendedoras”? ¿No debería ser igual para todos los géneros?

–Creo que estamos en una época de transición. Si bien se avanzó mucho, en muchos aspectos la igualdad de género no es un hecho aún. Se habla más que lo que se hace o se entiende. Cuando conocés historias te das cuenta de que sigue siendo complejo el tema. Personalmente, nunca me sentí afectada por ser mujer, y mirá que no viví en un mundo de Barbies, era un mundo absolutamente machista, pero nunca me detuve a verlo; fui, fui y fui con la seguridad que te da el hambre. Pero sí creo que es necesario más igualdad, y eso significa que haya equipos en donde no importa el género, sino sus capacidades y habilidades. Yo, por ejemplo, sin el rol doméstico y laboral compartido 50 y 50 con mi marido, no hubiera podido viajar por el mundo con cuatro pibes, o él no podría ser el director de la agencia. Somos equipo, pero te aseguro que el porcentaje de parejas que logra el 50/50 es muy bajo.

“Cuando me atropelló un colectivo y me dejó sin caminar un año, los médicos decían que no volvería a hacerlo. Yo definí que sí volvería a caminar y que lo haría por distintas ciudades del mundo. Pero cuando pude dar el primer paso, no me quedé a esperar que me ayudaran a dar dos.”

–Tenés una historia personal de superación, ¿cómo se sale adelante en momentos tan críticos?

–Soy de mente y alma positivas. Siempre le busco la solución creativa. Cuando me atropelló un colectivo y me dejó sin caminar un año, los médicos decían que no volvería a hacerlo. Yo definí que sí volvería a caminar y que lo haría por distintas ciudades del mundo. Pero cuando pude dar el primer paso, no me quedé a esperar que me ayudaran a dar dos: me mudé sola, puse una fila de sillitas del baño a la cocina y de ahí al cuarto, entonces daba un paso y me sentaba, y así a lo largo de los días fui sacando sillas, hasta poder caminar sola hasta el baño. Creo que esto es muy gráfico de mi estilo. Avanzar, accionar, ocuparte y no preocuparte y buscar un modo de hacer las cosas para, aunque parezca imposible, si le ponés más voluntad y perseverancia, espantar a todos tus propios fantasmas, esos oscuros, que puedan aparecer para ponerte trabas.

–¿Cómo mantenés tu salud emocional?

–Qué buena pregunta. Deberías hacérsela a mi psicólogo (risas). Hago lo que puedo, como todos. Soy emocionalmente lisa, eso me ayuda bastante. No soy enroscada, lo que ves es lo que hay, no hay segundas líneas. No me detengo demasiado en lo que duele ni en lo que resta. Demuestro mucho y no acumulo emociones. Las pocas veces que lo hice me fue muy mal. Siempre voy para adelante y me doy cuenta de que las cosas que pasaron ya acontecieron, no se pueden cambiar, entonces me enfoco en lograr mi estabilidad emocional en el día a día y a futuro. El hoy es lo más importante para mí. Para todo lo que hago, el amor es mi motor, y la creatividad, mi combustible. Por otro lado, medito, hago ejercicio físico tres veces por semana, canto y bailo mucho en cualquier lugar, a modo de descarga, y siempre tengo un sueño más por cumplir y algo nuevo que aprender.