Sofía Sánchez de Betak • LA VOYAGISTE

It girl, directora de arte, ícono de moda. Desde su casa en París, la creadora de Chufy reflexiona sobre el presente del mundo confinado, imagina el futuro de Sakura, la hija que tiene con el diseñador francés Alex de Betak, y adelanta cuáles son sus próximos proyectos.


El mundo es un lugar muy chico para Sofía Sánchez de Betak. Su madre tiene una agencia de viajes, por lo que desde muy joven mamó la curiosidad por los países y las distintas culturas. Apenas se recibió de diseñadora gráfica, sus deseos de expansión la llevaron a vivir a Nueva York, donde se metió de lleno en el mundo de la moda. Hoy es la directora creativa de Chufy, su marca. Vive entre París, Mallorca y el mundo. Pasó la cuarentena junto a su marido, el diseñador Alex de Betak, y Sakura, la hija de ambos. En una entrevista desde la capital francesa, nos cuenta el viaje de su vida, cómo vivió el confinamiento y cuáles son sus próximos proyectos.

–Con tu marido se conocieron de viaje, manejaron la distancia y ahora estuvieron a diario juntos por el confinamiento, ¿cómo fue eso?

–Mi hermana me lo presentó en Buenos Aires hace doce años, cuando yo estaba de visita, y a los seis meses salimos en Nueva York. Él vivía en París, así que empezamos a ser algo como novios o buenos amigos. Hablábamos todos los días, sin ansiedad de estar en la misma ciudad. Cuando nos veíamos era superintenso, y cuando no, estábamos en contacto todo el día. Casi que fue una relación a distancia hasta el año del confinamiento. En la cuarentena vivimos en nuestra casa en París; estuvimos tres años renovando el departamento, en marzo se fue el último obrero y nos confinaron. Decidimos quedarnos y disfrutamos a pleno la casa, que tiene un patio increíble y mi oficina, que es un sueño. La diseñó mi marido, al igual que las de Nueva York y Mallorca. Si bien diseña espectáculos de moda, su gran cable de creatividad pasa por los proyectos personales.

–¿Tienen algún sello que las caracterice o son todas diferentes?

–Cada casa tiene su identidad local, pero son distintas. La de Nueva York que vendimos era un loft industrial y no trató de hacer otra cosa, usó las paredes de textura de cemento, siempre con un twist de diseño. La de Sierra de Tramontana es una casa supermallorquina de piedra, pero con unas ideas bastante locas por todos lados y detalles muy personales, como un grifo del que sale vino. Diseñó cada lámpara, cada vaso, cada plato con piedra local, con artesanos locales, con el estilo local. La casa de París es un edificio de finales del XVII hecho a medida, con muchas paredes, muebles comprados en mercados de pulgas; la cocina es espectacular, está oculta, no se ve que hay un horno ni una cocina.

–¿Y cuál te gusta más?

–Mi lugar preferido es Mallorca, la naturaleza me tira más.

“Chufy nació, justamente, para recrear los viajes. Viajar, para mí, es hacerlo por tu ciudad, por tu país o por el mundo. No importa por dónde, sino que hay que prestarles atención a los detalles.”

–¿Cómo fue la pandemia para alguien que vive de acá para allá?

–Tenía una vida muy intensa, cruzaba el Atlántico casi todas las semanas. La pandemia me trajo mucha tristeza y mucho miedo por lo que les iba a pasar a seres queridos y personas que no conozco, y saber también que los que más iban a sufrir eran los menos favorecidos y los que no tienen voz. Pero pienso que el hambre va a matar a muchos más que el virus. Esta situación me hizo mirar al futuro y ver que por salvar nuestra vida, que ya contaminamos y pervertimos este mundo, vamos a arruinar la de los niños que todavía no vivieron. Eso me movió mucho. No logré encontrarle el gusto a esto de quedarme en casa, con tanta gente sufriendo. Me replanteo muchas cosas sobre qué hacer en el futuro.

¿Te interesaría hacer algo con un fin social?

–Ya en mi empresa me encanta dar trabajo. En la India tengo una fábrica entera que vive de nosotros, y un equipo espectacular en Buenos Aires. Pero mientras tanto me gustaría hacer algún proyecto más solidario. El año pasado organicé un viaje a Myanmar con doce amigos para ayudar a un orfanato donde hay 1.500 niños. Primero íbamos a recorrer y después a trabajar en el orfanato, disfrutando de la vida local, pero también haciendo prensa, trayendo sponsors y donaciones. Lamentablemente, no se pudo realizar por la pandemia y porque Myanmar entró en golpe militar. Este país y muchos están pasando por momentos duros y creo que los viajes con fines solidarios son una gran forma de explorar y ayudar. Me gustaría que la vida se tratara más de eso.

Con tu marca también estás comprometida con ayudar a este país, ¿qué otra cosa tiene de especial Chufy?

–Sí, la última colección está inspirada en Myanmar, se llama “Ancient Burma”, el nombre que tenía el país antes. El 25 por ciento de las ganancias de la colección van a un campo de refugiados en la frontera con Bangladesh, el más grande del mundo. Hay un millón de personas viviendo ahí. Esta marca nació, justamente, para recrear los viajes. Viajar, para mí, puede ser por el mundo, por tu país o por tu ciudad. Viajar es prestar atención a los detalles. Cada vez que viajaba me compraba algo, y volver a usar esa prenda me llevaba de vuelta al viaje, a esa sensación de placer, de amor y de éxtasis que uno tiene cuando viaja. Uno cuando viaja se enamora más, se siente mejor y la idea era traer de vuelta ese sentimiento a la vida diaria.

–¿Cómo fueron los viajes durante la pandemia?

–Fuimos a Kenia en octubre, al término de la cuarentena. Estuvimos en lugares increíbles, muy aislados. Decidí regresar en diciembre con amigos. Alquilamos una casa en medio de una reserva natural, y en la playa había una casa muy rústica, sin ventanas, no había wifi ni agua corriente. Algunos amigos lo sufrieron mucho y otros quedaron fascinados, se quedaron tres meses viviendo en Kenia. Soy como una voyagiste (“organizadora de viajes”, en francés). Siempre me preguntan quién me organizó este viaje, y es algo natural mío, me encanta encontrar esas uniones entre el destino y la persona.

¿Qué te hace sentir argentina en otros lugares?

–Mi buena onda. Creo que pasa por algo latino que nos caracteriza, algo natural, espontáneo y fresco que no es tan frecuente en Nueva York o París.

Voy por la vida más relajada, más divertida, soy de recibir a gente y no tener la comida hecha. Soy más informal, improvisada, y eso me diferencia. También creo que la gente se siente más cómoda.

“Al igual que las de Nueva York y Mallorca, la casa de París estuvo diseñada por mi marido. Si bien se dedica a espectáculos de moda, su gran cable de creatividad pasa por los proyectos personales.”

–¿Qué extrañás de la Argentina?

–Todo. Mi familia. La naturaleza, las eternas pampas. Acá no existen las distancias tan grandes donde manejes 40 minutos sin ver una luz. La naturaleza es más acotada en Europa. Extraño la simplicidad del campo argentino y a mis amigos.

–¿En qué cambió tu vida la maternidad?

–Muy poco, la verdad. Al principio no cambié mucho, seguí con mis viajes, mis laburos. Sentía que podía hacer las dos cosas a la vez, ella me acompañaba a todos lados, es un placer de hija, es superfácil y soy una fiel creyente de que lo mejor que le puedo dar es capacidad de adaptación y exponerla a distintas experiencias, ambientes, culturas, comidas, aguas, husos horarios. Viajamos como locas, ya conoció quince países en sus dos primeros años. La llegada de Sakura hizo que todas esas experiencias fueran más espectaculares, que pueda verlas a través de sus ojos.

¿Cuál es el lado B de ser influencer?

–No me considero influencer porque no le hablo directo a la cámara, menos ahora que hay mucho hater suelto por ahí. Prefiero vivir a pleno, con muy poco teléfono, en contacto con mi entorno. No voy con el teléfono a la mesa, no duermo con el teléfono, no llevo el celular a reuniones; trato de dejarlo lejos porque si lo tengo encima me tiento. Trato de vivir el momento y desconectar. Aunque, aplicado a las redes, es un trabajo y tengo que estar presente.

–¿Cuál es tu reflexión después de este año tan particular?

–Creo que hay nuevos comienzos y energías con este año de recapacitación mundial. Todos tenemos que asegurarnos de vivir a pleno y no ser zombis. Hay mucha gente viviendo mal que tiene pánico a morir, y tal vez habría que hacer al revés: vivir la vida lo mejor posible por si nos tocara morir mañana.

“Todos tenemos que asegurarnos de vivir a pleno. Creo que hay mucha gente viviendo mal que tiene pánico a morir, y tal vez habría que hacer al revés: vivir la vida lo mejor posible por si nos tocara morir mañana.”

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