La actriz argentina se mete en la piel de uno de los personajes más entrañables de la cultura pop latina, Michelle Salas, la hija de Luis Miguel, para darle comienzo a la segunda temporada de la exitosa biopic del sol de México.


Es sabido: un vaso de agua y la serie de Luis Miguel no se le niega a nadie. Cuando se estrenó, en 2018, varios cancherearon y la trataron de culebrón, pero sucumbieron a su encanto. Esa mezcla de nostalgia, tragedia familiar y karaoke resultó adictiva para todos, incluso para mí, que después de una breve resistencia capitulé como cualquier mortal streamero.

La segunda temporada, que veremos a partir del 18 de abril, tiene más gancho aún que la primera, con un Luis Miguel en pleno éxito profesional y a la vez preso de un derrumbe personal. Intrigas, traiciones y Edipo sobrevolando una cornisa que es fría como el viento, peligrosa como el mar.

Gran parte de la magia sigue estando en manos del protagonista, Diego Boneta, pero también de los nuevos personajes, y el hallazgo de esta segunda entrega de ocho capítulos que podrán devorarse todos los domingos desde las 21 por Netflix es Macarena Achaga, la actriz argentina que interpreta a Michelle Salas, la hija del astro.

Con una carrera como actriz juvenil en México, más de un millón y medio de seguidores en Instagram y –dicen, pero que quede entre nosotros– una incipiente relación con Juan Pablo Zurita, el actor y mega-influ mexicano que interpreta a Alex, el hermano de Luismi, Macarena –29 años y marplatense a mucha honra– la rompe con su interpretación compleja y sensible de Michelle.

Desde México, Achaga nos recibe por Zoom en esta entrevista exclusiva para El Planeta Urbano. La pantalla refleja a una hija de Luis Miguel con espectacular vestido rojo, labial a tono, termo y yerba. “Acá, amaneciendo con un mate”, dice, sonriente y en porteño.

“Una se la pasa esperando, ¿pero sabés qué? Para mí hay una gran parte de destino en lo que vamos haciendo. Una vez que hacés tu cien por ciento, sabés que no hay falla.”

–Bien argenta, ¡vamos todavía!

–Estoy instruyendo a todo México sobre cómo tomar mate, esa es mi misión (se ríe).

–Mientras cebás vamos con la pregunta que van a hacerte todos, pero a la mexicana: ¿pues cómo se llega a ser la hija de Luis Miguel, güera?

–(Se ríe) Te voy a decir cómo: con muchos años de esfuerzo. Empecé a trabajar a los quince, así que ya tengo… ¡trece años en esta profesión! Llegar acá es bien bonito, pero es la punta del iceberg porque también hubo momentos en los que la pasé mal, no pude ver a mi familia o no tuve un peso. Hay que decir esa parte también, una pasa por muchas audiciones y por muchos noes. Es imposible explicarte la cantidad de noes, sería difícil de creer. Hay un 98 por ciento de noes hasta llegar a un sí.

–¿Y cómo fue ese instante en el que te dijeron “la hija de Luis Miguel sos vos”?, ¿hubo que pelearla?

–Siempre hay un momento de suerte. Estar en el lugar correcto, con el proyecto justo y con el manager indicado se da muy de vez en cuando. En este caso, llegó la oportunidad, le pegué al tono del personaje, tenía las características que buscaban y se dio. ¡Pero no sabés la cantidad de callbacks que hubo! Hice cinco para interpretar a Michelle, en el último ni siquiera estaba en México y me tocó mandar audios… ¡por teléfono! Fue justo antes de que se desatara la pandemia, pero yo empecé a castear en 2019 y recién me dieron el personaje en febrero de 2020.

–¡Pasó un año! ¿Cómo se maneja la ansiedad cuando el casting es eterno?

–Dicen por ahí que a los actores se nos paga por esperar, y al principio no lo entendía, ¡pero después de esto, sí! Una se la pasa esperando, ¿pero sabés qué? Para mí hay una gran parte de destino en lo que vamos haciendo. Una vez que hacés tu cien por ciento, sabes que no hay falla (se le escapa la tonada mexicana). Y si la ansiedad persiste, mucha actividad física, entrenamiento, comer sano, viajar, leer, todo eso funciona.

–Hablando de leer, por una cuestión de edad, seguramente tuviste que investigar sobre la historia de Luis Miguel con Stephanie Salas, con Michelle Salas y con todos los Salas que se te ocurran. ¿Cómo hiciste para meterte en la cabeza de tu personaje?

–La parte que más se disfruta es jugar a ser alguien que uno no es; ponerte a disposición del personaje es lo más hermoso del trabajo. Yo fui con una idea muy clara de quién era esa Michelle, que no es la persona a quien conocemos hoy. Mi búsqueda fue justamente por ahí, cómo se convirtió en esta mujer fuerte, entrepreneur y con carácter. Porque todas fuimos niñas en algún momento, y qué cosas te pasan para que seas de una determinada manera era, justamente, lo que me interesaba explorar. A mí me sucedieron muchas cosas de joven, mi familia se fue de la Argentina en 2001, vivimos en distintos lugares y se crece a los golpes. Yo quería mostrar la Michelle que nadie conoce, esa de la que se sabe poco y nada. Me leí todo sobre ella, cada entrevista que dio. La etapa de la juventud es tan vulnerable… la entendía porque mi criterio a esa edad tampoco estaba formado.

–La pregunta del millón: ¿cómo es tu Michelle?

–La que verán es una Michelle vulnerable, que se abre y siente. Alguien que está muy presente y consciente de todo lo que está pasando alrededor de su padre. Es quien va a hacer aterrizar a Luis Miguel para decirle “esta es la vida, date cuenta. La realidad somos vos y yo hablando cara a cara, esa es la verdad, no la de las cámaras”. Michelle llega para decir: “Soy tu hija, mirame”, y la relación con su padre, más allá de matices, es universal. Todos tenemos un papá, y los conflictos son reales, es imposible no identificarse.

–Hablando de eso, todos tenemos una canción con la que nos identificamos. Siempre escondemos un placer culposo, algún tema inconfesable que sabemos de memoria. ¿Cuál es la canción de Luis Miguel que cantás a los gritos en la ducha?

–Uy, me gustan muchas canciones… ¡mirá lo que venís a preguntar! Esperá, voy a ver qué dice mi Spotify porque tengo muchas, no puedo elegir una… (tararea música de suspenso) ¡Híjole! A ver, me juego por un clásico: “La incondicional”.

–Esa va muy bien con el personaje de Michelle. “Tú, la misma de ayer, la incondicional, la que no espera nada.” ¿Y vos, Maca, en qué has sido incondicional?

–Hay cosas que marcan tu vida, y en mi caso, irnos de la Argentina me enfrentó con la realidad desde muy chica, nos mudamos mucho y aprendí a cuidar de mi hermano Santiago (N. de la R: Actor y director. ¿Vieron el video “Ropa cara”, de Camilo? Está protagonizado por Macarena y dirigido por él). Eso forjó la relación que tenemos hoy, hemos crecido juntos y le debo eso a mis raíces. Toda esa parte caótica nos ha hecho construir la vida y la carrera que tenemos; con los afectos soy incondicional. Y fijate cómo se empieza a mezclar con el personaje, Michelle también tuvo que irse, extrañar, revincularse, y todo eso la hizo crecer. Nada me parece casualidad.

“Entre tantos actores con los que sería genial trabajar, con el que más me gustaría hacerlo es con Ricardo Darín.”

–Los viajes siempre están presentes en esta charla. Si fantaseamos con hacer lo que quisieras, en cualquier lugar del mundo, ¿qué sería?

Desde chiquita siempre me sentí una exploradora, por eso voy buscando distintos lugares sin olvidar nunca de dónde vengo. Te voy a contar un secreto: hace muchos años tenía un collage en mi BlackBerry, era aleatorio, ni siquiera podías elegir las fotos a conciencia. Una de las imágenes que tenía era la de un avión. En serio, nunca lo conté, pero yo imaginaba mi vida viajando por todos lados, descubriendo el mundo y traduciendo mi versión de las cosas que veía. Si pudiera elegir, viviría arriba de un avión, ese es mi sueño. Y que esos viajes me lleven también a la Argentina.

–Yo creo que se te va a cumplir. Armame un proyecto criollo.

–Entre tantos actores con los que sería genial trabajar, con el que más me gustaría hacerlo es con Ricardo Darín. Me encantaría formar parte de un equipo absolutamente argentino, porque mi carrera empezó en México y nunca trabajé en mi país.

“Última pregunta”, me avisan. A Maca le espera una jornada con muchas notas internacionales. Le consulto si está preparada para que la llamen de todos lados cuando explote la segunda temporada de Luis Miguel porque seguramente ocurrirá. “Guardá este tuit”, le digo, y ella responde: “La verdad que no, pero te prometo que si pasa hago, captura de pantalla y te lo mando con un mensaje que diga ‘El Planeta Urbano, boca de profeta’”.