Globalizar la ayuda y aunar fuerzas para el bien común parecieran ser los estandartes de esta nueva era. Qué está ocurriendo con los exponentes de las redes sociales. Cómo logran sus objetivos con beneficios para la comunidad. Empatía + voluntad, un cálculo que sólo arroja resultados positivos.


Por Gimena Bugallo y Carolina Barbosa

Saber acompañar los cambios desde lugares empáticos genera, sin duda, perduración en el tiempo y un éxito verdadero. Ante tanta desolación y en un mundo que, muchas veces, parece caerse en picada, las ventanas de luz de movidas solidarias que tienen por objeto ponerse en la piel del otro son un fenómeno cada vez más creciente en las redes sociales. La ostentación ha pasado de moda o, como bien dirían los Redonditos de Ricota, “el lujo es vulgaridad”, y es por eso que atrás quedaron los influencers superficiales haciendo alarde de sus pertenencias o exhibiendo estilos de vida demasiado fastuosos. Usar las redes para visibilizar causas o personas que se encuentran en las sombras es la nueva tendencia.

Antes de adentrarnos en este tema, quizá sea bueno hacer un pantallazo de los distintos medios de comunicación con los que contamos en estos tiempos. Hace algunos años, pensar en que la televisión podía ser sustituida por otro formato era prácticamente imposible. Sin embargo en 2004, con la llegada de las redes sociales, empezó a gestarse un nuevo estilo en la comunicación que rompió el monopolio de la información, permitiendo su democratización.

La televisión viene perdiendo audiencia desde hace tiempo, dejando espacios vacíos que necesitaron ser llenados y por donde se colaron YouTube, Instagram y Twitch, entre otras. Pero adaptarnos al cambio no supone renunciar a nuestra esencia. En un mundo globalizado, el poder y la llegada de las redes son de tal magnitud que no pueden ser catalogados como buenos ni malos, dado que depende exclusivamente de cuán conscientes seamos nosotros al emplear esas herramientas disponibles y de lo que decidamos hacer con ellas.

«Creo que la solidaridad y el compañerismo fueron dos de los condimentos más importantes que hemos tenido los streamers a lo largo de nuestra historia, porque hace diez años, cuando arrancamos, no existía nada de todo esto, era un lugar oscuro al que de a poco le fuimos arrojando luz(Martín Pérez Disalvo «Coscu»)

LA VOLUNTAD INDOMABLE

Existen heridas no visibles que no dejan cortes ni cicatrices, no sangran ni requieren cirugías, pero ahí están, acompañándonos desde lo más profundo, recordándonos por dónde sanar, crecer y trascender. A veces lo logramos solos, y otras, un alma amiga nos extiende una mano, es compasiva con nuestro dolor y nos conecta con ese pesar desde otro ángulo, brindándonos una nueva perspectiva. Dicen los expertos que la empatía es vital para poder convivir socialmente en armonía, pero ¿qué es exactamente? Podríamos definirla como la capacidad que tiene una persona de percibir y conectar con el otro, reconocerlo como un igual, ponerse en sus zapatos y comprender, desde ahí, qué siente, qué piensa, el por qué y el para qué de lo que está transitando. Gandhi decía que el amor, si bien es la fuerza más humilde, también es la más poderosa de la que dispone el ser humano y que no viene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable. Formar parte para sumar, ser partícipe activo de una buena causa, generar movimiento. Esto es lo que está haciendo la nueva ola de influencers, que ya no pasa únicamente por la activación de la cámara de la computadora o el celular, sino por brindar un servicio de amor, poniéndoles cara y voz a los problemas silenciados de la comunidad y difundiendo causas que nos interpelan como sociedad, por tener como protagonistas a víctimas de un sistema que, en más de una ocasión, hace agua por todos lados.

MARTÍN PÉREZ DISALVO, “COSCU”

Entre la cultura digital surgen referentes de distintos ámbitos. La competencia directa de la TV no es YouTube, como se cree erróneamente, sino el streaming, porque es en vivo. Twitch se perfila como la nueva televisión y no falta tanto para que aparezcan productoras o empresarios a poner dinero y capitalizar esos espacios que, hasta el momento, están menos viciados.

El mayor exponente de esta plataforma es el streamer, host y conductor Martín Pérez Disalvo, conocido popularmente como “Coscu”, creador de la famosa “Coscu Army”. Con casi cuatro millones de seguidores en YouTube, 2,6 millones en Twitch y 2,5 millones en Instagram, utilizó su influencia para organizar una movida solidaria, inspirando a otros a través de la acción y no sólo desde el discurso. “¿Hacemos un stream a beneficio hoy a la noche?”, les preguntó a sus seguidores, a quienes les comentó la situación de Nayla, una chica que requería 5.000 dólares para hacer una rehabilitación tras sufrir un feroz accidente de tránsito. Y continuó: “Yo pongo la mitad, ¿se suman?”. En apenas tres horas recaudó el triple de lo esperado. La familia de Nayla no sólo dio un agradecimiento profundo a todos, sino que pidió que por favor pararan de donar, porque ya se había cumplido el objetivo.

Martín, que habló con El Planeta Urbano en forma exclusiva, además de ser un gran referente de la comunidad de las redes, es una persona que intenta ser su mejor versión. Conoce la importancia que tiene alumbrar el camino a las nuevas generaciones para que puedan ser faros de nuevos faros. “Creo que la solidaridad y el compañerismo fueron dos de los condimentos más importantes que hemos tenido los streamers a lo largo de nuestra historia, porque hace diez años, cuando arrancamos, no existía nada de todo esto, era un lugar oscuro al que de a poco le fuimos arrojando luz. Los que nos animábamos, teníamos un sentimiento de camaradería muy fuerte”, dice Coscu. “También a partir de los valores que me ayudó a forjar mi familia, siempre traté de ser una persona solidaria como modo de vida. Hay muchas maneras de ayudar, no es sólo una cuestión de plata, podés colaborar difundiendo o compartiendo una causa para que tenga más entidad”, agrega.

Es habitual ver a Martín y a su comunidad hacer stream a beneficio de la mano de Unicef, o para el Hospital de Niños, o el Garrahan, entre otros, así como también acciones para distintas escuelas o personas particulares. “Lo que más me gusta es que la gente que me sigue pueda desarrollar el hábito de ser solidario. Una vez que lo entendés, te retroalimentás con eso y te sentís bien con vos mismo, ahí está la clave. Esto ayuda a los demás y, a la vez, me hace crecer como persona; nunca lo hice por conveniencia.”

SANTIAGO “SANTI” MARATEA

Es uno de los influencers más relevantes de la Argentina. Con más de un millón de seguidores en Instagram, es pionero en las colectas solidarias en nuestro país. Tiene como estilo propio arrancar una historia mirando a cámara y preguntar: “¿Tenés diez pesos? Es para comprar una ambulancia”. O también: “Si no entramos en acción hoy, van a cerrar una fundación que apoya a chicos con síndrome de Down en Córdoba”. Acto seguido, pidió a sus seguidores que donaran 0,9 centavos para que esto no ocurriera, explicando después cómo llegaría el dinero a destino. La estrategia de Maratea es contundente y efectiva, hace que lo que parece imposible se vuelva posible en tiempo récord: saca un cálculo per cápita de acuerdo a la cantidad de seguidores que tiene y dice cuánto debería poner cada uno para cumplir el objetivo. Las sumas son exorbitantes a simple vista: “Si lo hacemos solos es imposible, pero si nos juntamos como colectivo, podemos hacer historia”, dice.

Así fue como logró recaudar ocho millones de pesos en tan sólo 24 horas para comprar la casa de las Madres de Víctimas de Trata, que estaban a punto de ser desalojadas por falta de pago. Por estos días, Maratea acaba de culminar una nueva cruzada, logrando extender uno de los puentes solidarios más grandes del mundo, que tuvo como objetivo juntar dos millones de dólares, sí, leyeron bien: dos millones de dólares. Fue para Emmita, una beba con atrofia muscular espinal (AME) que necesitaba darse con urgencia una dosis del medicamento “más caro del mundo”, ya que de eso dependía su vida. En doce días, el influencer, que de forma reiterada manifestó su fuerte deseo de fundar una ONG para ayudar a otras personas, recaudó la cifra millonaria. Esta campaña viral tuvo tal repercusión que se sumaron grandes referentes, como Susana Giménez, Wanda Nara, Luisana Lopilato y la China Suárez, entre otros, y tanto el plantel de River Plate como el de Boca Juniors donaron dos camisetas firmadas por sus jugadores para que fueran subastadas y, así, aportar a la causa.

DANIELA VIAGGIAMARI, “DANI LA CHEPI”

Y aunque nos encanten las grandes proezas o las misiones imposibles con gran impacto mediático, también están las convocatorias más modestas y pequeñas, pero no por eso menos importantes. Tal es el caso del merendero Los Chicos de Azul, comandado por María, donde funciona un comedor y se ofrece fútbol femenino y masculino para los chicos del barrio. Ahí precisan levantar paredes, mano de obra y distintos electrodomésticos para tener un espacio acorde para el trabajo social que ejercen. La influencer Dani la Chepi se sumó y no sólo donó ella misma una heladera y un lavarropas, sino que activó desde sus redes una campaña solidaria para recaudar fondos para el merendero, que actualmente se encuentra en condiciones lamentables, ya que ni siquiera cuenta con agua potable. La Chepi consulta con su público, dialoga, los empodera y los hace partícipes de lo que está ocurriendo. Y en las mismas vías de predicar con el ejemplo, la influencer manifestó que quiere ganar la competencia de MasterChef para poder donar el premio de 1.200.000 pesos.

LOS DEMÁS TAMBIÉN SOMOS NOSOTROS

Corría el año 1976 y Roberto Sánchez se sentaba a la mesa más famosa de la Argentina para almorzar con Mirtha Legrand en una TV que aún desconocía verse en colores. Sandro fue invitado para promocionar su nueva película, que dirigió y protagonizó junto a su amiga Susana Giménez: Tú me enloqueces. Entre risas y cigarros, se escuchaba la melodía de la balada que llevaba el mismo nombre del film, sonando casi como un susurro, abrazando una comida de dos, mientras el artista contaba su experiencia con sus seguidores y los límites que marcaba en torno a su privacidad. Si bien relataba que no tenía registro de la cantidad de clubes de admiradores de él que existían alrededor del mundo, lo que le era aún más importante contar era que habían conseguido que todos juntos, sin importar donde estuviese cada organización, pudieran seguir un mismo lema: los demás también somos nosotros. “Cuando hablamos de los demás, cuidado, porque también somos nosotros. Lo encontré en una carta en el escritorio un día, no sé de quién, y me pareció totalmente acertado”, comentaba el Gitano, y reflexionaba: “La premisa original del club era que esto no fuera simplemente para juntar discos, intercambiarse fotos e ir a pegar alaridos cada vez que aparece cualquier ídolo. La idea es que, si hay un montón de gente reunida a través de un elemento motivador, puede ser un cantante, una figura o una máquina, no importa, que sirva para que esas personas, en comunidad, empiecen a hacer cosas importantes para los demás”.

Casi como un brujo del siglo pasado, en un medio de comunicación que sólo transmitía en dos tonalidades, donde no existía el HD, ni internet, ni los followers, Sandro brindaba un mismo mensaje de amor y servicio para con el prójimo a partir del trabajo en equipo. Y es que cuando la esencia de lo que se difunde radica en el bien común, el tiempo pareciera no existir, porque esa es la información que debe replicarse, ya que el resultado no hace más que unirnos.

Es cierto que muchos haters y personas desconfiadas salieron a manifestarse en contra de estas movidas y decir que las hacen sólo para conseguir más seguidores y popularidad. Desconocemos la realidad detrás de ello, pero si esto fuera así, e igualmente con su accionar aseguran un techo a organizaciones sin fines de lucro para que sigan ayudando a víctimas de delitos aberrantes, salvan la vida de una persona o brindan un plato de comida a niños desamparados, ¿no lo vale? Porque si nos vamos a contagiar, por lo menos que sea de fe, de amor y de consignas positivas. Y porque, tal como escribió David Lebón para Serú Girán, allá por los 90, “quiero despertarme en un mundo agradable”. Y nosotras también.