Con la llegada de nuevas propuestas, tanques que desembarcan en las orillas del entretenimiento y gemas nacionales que buscan ganar terreno, la batalla de las plataformas on demand atraviesa su mejor versión, y el público, desde sus sillones, permanece al acecho.


Este es, definitivamente, un cambio que trae otros cambios. La pandemia precipitó algo que venía sucediendo. Y, en este preciso instante, estamos viendo cómo las plataformas de streaming se ensancharon, crecieron y cambiaron para siempre la manera en la que nos relacionamos con el consumo audiovisual.

Hace un tiempo que las opiniones respecto al presente y futuro de los streamings se divide entre agoreros, delirantes, fanáticos, apocalípticos e integrados. Por lo tanto, lo más sensato es leer y divisar lo que realmente está pasando: cada vez hay más plataformas que ofrecen contenido y, a su modo, bajo distintas condiciones y en distintos escenarios, todas tienen cabida en la amplia consideración del público.

Por estos días en los que, al menos socialmente, la cosa parece estar descomprimiéndose (con la amenaza de la pandemia latente, pero con algo de perspectiva gracias a la vacuna), una de las noticias que inundó todos los titulares fue la vuelta de los cines. Pero, curiosamente, el cine nunca se fue. De hecho, un informe de Nielsen Holdings asegura que el gasto en plataformas ocupa ahora el tercer lugar en los hogares, aumentando un 44 por ciento con respecto a los gastos previos a la pandemia.

La verdad queda delante de nuestras narices: durante todo el confinamiento, el cine se consumió (casi) exclusivamente en plataformas. Pero, ¿irse? No, nunca se fue. La vuelta de las salas supone que habrá cierta convivencia en un lugar en el que, hasta hace cinco minutos, se competía. O tal vez haya que asumir que, desde aquí, las cosas serán así y ya está, qué va a ’cer. El consumo hogareño de productos audiovisuales convirtió a los tiempos de ocio en un nuevo estándar. Y como cada vez que pasa, cuando pasa, la evolución suele ser irreversible.

Por caso, no sorprende que el reciente tráiler de Mortal Kombat, nueva adaptación cinematográfica del clásico de los videojuegos, finalice con un postulado: “Disponible a partir del 16 de abril en cines y en HBO Max”. Ahí, en esa coda, el cénit de esta nueva normalidad: se estrenará en cines y plataformas al mismo tiempo. Al margen, ¿se volverá a un estado previo en que el espectador promedio aguarda al día del estreno y concurre a las salas? El público parece haber aceptado este escenario de convivencia: tener varias plataformas se convirtió en parte del menú cotidiano.

Según datos del estudio “Dimensión 2020” generado por Kantar, el 73 por ciento de los consumidores declara estar suscrito a una plataforma de contenido de TV y video, ya sea gratuita o de pago.

“En este momento, nuestra propuesta pasa por acercarle al cliente el mejor contenido disponible, ya sea lineal como on demand. Estamos frente a un nuevo escenario en el que continuamente aparecen nuevas plataformas, y nosotros queremos facilitarles a nuestros suscriptores el descubrimiento y el acceso a la mayor cantidad posible”, cuenta Gustavo Castro, Content Manager de Movistar Play, plataforma que cuenta con acuerdos firmados con Amazon, Netflix, Mórbido TV y StarzPlay. “Nuestra plataforma está en continua evolución con el objetivo de ser el hub donde los clientes encuentren fácilmente el contenido y descubran las novedades de la manera más simple”, sigue Castro.

Ante una oferta saturada, con un sinfín de posibilidades, Kantar, una de las empresas líderes de consultoría e información sobre la evidencia, bautizó a este nuevo tipo de consumidores como “boomerang”. ¿Por qué? Porque ante un escenario tan competitivo, el usuario ve a las plataformas VOD como algo intercambiable. Hoy tengo esta, mañana la otra, según mis propias necesidades. De tal manera, es común que los usuarios repartan su consumo entre varias compañías. ¿Contratar dos, tres, todas juntas?

Según datos del estudio “Dimensión 2020” generado por Kantar, el 73 por ciento de los consumidores declara estar suscrito a una plataforma de contenido de TV y video, ya sea gratuita o de pago. Y, mientras que casi la mitad de ellos (44%) está suscripta a dos plataformas, se refleja el actual dominio de Netflix y Amazon Prime a nivel global. En esa puja, la que toma ventaja por su carácter pionero y por su abultado catálogo es Netflix, una marca que terminó convirtiéndose en un genérico. De hecho, una buena parte del público asume a Netflix como una marca que “representa” a las plataformas. Y esa noción ya está enclavada en la cultura popular.

Por eso, a pesar de las acusaciones del mismísimo Martin Scorsese hacia Netflix de “destruir al cine con sus algoritmos”, películas como El Irlandés o series de culto como la que hizo junto a la escritora Fran Lebowitz, Supongamos que Nueva York es una ciudad, no existirían sin la “gran N”. Entendiendo la jugada, David Fincher también aprovechó este nuevo escenario y se despachó con Mank, una estupenda película que fue derechito al streaming. Otro hitazo: Borat 2 en Amazon Prime Video. Lo que viene: Un príncipe en Nueva York 2, también sólo en Amazon.

Sin ir más lejos, las grandes series de Disney+ que tienen destino directo en las plataformas, como sucedió con The Mandalorian y, más acá, con WandaVision, cuentan con un despliegue de carácter cinematográfico. Por lo que las majors terminan configurando este nuevo panorama: los productos para TV también pueden (y deben) verse como si fuesen cine.

“Nuestra estrategia se fue definiendo y tiene que ver con tener el lugar que ocupamos. Somos el lugar en el que la gente que quiere ver cine puede llegar y no sentir que hay poco.” (Javier Porta Fouz, Qubit.tv)

Amén de producir contenido original, HBO Max (nueva plataforma de HBO tras Go, con obras superlativas como The Sopranos, The Wire o Mad Men), Disney+ (que ya acumula 60 millones de suscriptores en su primer año de funcionamiento), Paramount+ (que acaba de lanzarse este 4 de marzo), Star+ (la nueva plataforma para adultos de Disney, con películas y series del rebrandeo de Fox) y Pluto TV (la recomendable plataforma free de ViacomCBS), entre otras que dependen de compañías majors, se hacen grandes con sus extensos catálogos.

A la sazón, en la búsqueda por una identidad singular, servicios como Qubit.tv buscan sobresalir desde el margen. “Nuestra estrategia se fue definiendo y tiene que ver con tener el lugar que ocupamos. Somos el lugar en el que la gente que quiere ver cine puede llegar y no sentir que ‘hay poco’. Tenemos menos títulos que Netflix, pero la gente nos dice que ‘hay más cosas para ver’. Generamos la idea de un menú relevante”, revuelve Javier Porta Fouz, curador de Qubit.tv.

Entonces, ¿cómo hacen estas plataformas que no tienen el respaldo de una major detrás ni cuentan con fondos de catálogo disponibles para sobresalir en un mercado tan atomizado? “Definiéndose. Hace unos años había mayor disponibilidad porque las majors no tenían sus propias plataformas. Lo que uno hace es buscar por otros lados. Ojalá podamos tener un montón de películas de los 70 de las majors, que es algo que me gusta mucho y que hemos tenido. Esa opción va a aparecer cada vez menos porque, cada vez más, los propios sellos van a tener su oferta. La estrategia pasa por juntar todo aquello que no está puesto en cajitas. Se vuelve más difícil y más divertido”, continúa Porta Fouz.

Esta sí, esta no. Ahora esta sí y esta también. Se viene un mercado en el que los suscriptores se convertirán en los verdaderos protagonistas y serán las distintas compañías las que lucharán para ganar su atención. Si los consumidores no logran enamorarse ni satisfacer sus necesidades, están a un clic de distancia de suplirlas con otra oferta.

En tanto, las plataformas irán disputando su lugar a fuerza de contenido original, precio, navegabilidad, catálogo y sus distintos diferenciales. Sin embargo, esta es una batalla en la que no habrá ganadores ni perdedores. Con el culo en la silla, sólo habrá algún chau, hasta luego. Nos vemos después o, tal vez, nunca más. Pero que nos vemos, nos vemos.