Con el poder del pensamiento como bandera, el joven cocinero se alzó con el trofeo de la décima edición de El gran premio de la cocina. En una charla íntima con El Planeta Urbano, nos cuenta su historia, su método y cómo, según él, cada uno vive en el universo que es capaz de imaginar.


Ya lo decía John Lennon en su canción “Mind Games”: “Estamos jugando los juegos de nuestra mente, empujando las barreras, plantando semillas, unos pocos amigos levantan el velo, algunos lo llaman la magia de la búsqueda del grial”. El beatle conocía el poder del pensamiento y utilizaba tanto la visualización como las afirmaciones. De hecho, solía decir: “Mi mente es la que hace que todo suceda”. Muchos, como él, encontraron el camino para esta eterna verdad. Tal es el caso de Julián Bermúdez, el chef que acaba de ganar en El gran premio de la cocina, poniendo en práctica la ley de la asunción de Neville Goddard, el metafísico que basó sus enseñanzas en la verdad psicológica de la Biblia, restaurando la conciencia del significado de lo que los antiguos intentaban decirle al mundo.

Julián es de Buenos Aires, tiene 27 años y está en pareja con Violeta Zapiola, a quien describe como su alma gemela. Además de ser asesor gastronómico, es coach y divulgador de las palabras de Goddard. “Yo no estoy hecho por la mano del hombre, fui creado por otra cosa. Uno entra en este juego de la tercera dimensión y, como cualquier juego, viene con un manual de instrucciones; en este caso es la Biblia. Yo nunca la leí desde el lado religioso, sino como el libro fundacional que dejó el fabricante. Está redactado a partir del inconsciente de las personas, hay que saber interpretarlo porque dice todo lo que tiene que decir.”

En este mundo, el amor propio y la confianza en uno mismo no tienen buena prensa, suelen confundirse con soberbia o egoísmo, no estamos acostumbrados a que alguien sepa lo que quiere, lo diga y mucho menos que vaya tras eso. Algo similar pasa con Julián, que, si bien reconoce que la humildad no es su fuerte, no se deja amedrentar por los prejuicios y las etiquetas externas. “Yo no quiero abrir un restaurante, eso no me motiva. A mí me gustaría llenar un estadio con 70 mil personas y estar solo con un micrófono parado en el escenario, diciéndole a la gente, de una manera muy sencilla, cómo en menos de tres días pueden cambiar su vida”,expresa sin tapujos.

“Los que materializamos cosas todo el tiempo no nos detenemos mucho a disfrutar de la cosecha, porque no tiene sentido; lo más valioso es el camino, el momento de labrar el campo y ararlo.”

–¿Cómo fueron tus inicios en la cocina?

–Mi infancia no fue ideal, desde la cuestión con mi padre que se fue, el vínculo con mi madre, hasta la relación que yo tenía con mi propio cuerpo: llegué a pesar 148 kilos y no tenía amigos. De esos años, los recuerdos más fuertes que tengo son de cuando estaba en la bañera. Ahí me largaba a llorar y le hablaba a Dios, porque no entendía por qué me pasaba todo lo que me pasaba, pero le hablaba como si estuviese detrás de una nube y no me respondía. A mí no me entraba en la cabeza que la vida fuera un azar. En la bañadera agarraba una tapita en la que metía un montón de productos y me los tiraba en la cabeza, porque me gustaba mezclar las cosas; ahí empecé con el tema de la gastronomía. En la cocina, si vos mezclás sal y pimienta con un bife de chorizo, tenés una cosa; si al bife de chorizo le ponés romero y lo cocinás a tal temperatura, tenés otra, y eso me parecía fascinante, como un campo alquímico inagotable. Entonces dije: si hay una receta para hacer un champú o una carne, tiene que haber una receta para la vida, no podemos ser víctimas del mundo. Así empezaron mis años de búsqueda.

–Y puntualmente ahora, ¿cómo estás después del gran triunfo?

–Contento, asimilando todo de alguna manera, es extraño. Lo que te voy a decir es más del tinte personal, y más allá de que el tema es muy profundo, es la primera vez que hay registros de alguien que da una especie de cátedra de autoayuda y automáticamente va y lo pone en práctica en televisión y la gente puede ver esa materialización en vivo. Desde ese lado de la cuestión, me lo estoy tomando con muchísima responsabilidad, y por el otro, sinceramente, en mi imaginación viví tantas veces el momento de levantar el trofeo que no siento nada, porque la sensación ya la quemé al experimentarla en mi mente haciéndola real antes.

–Comprendo lo que decís, pero en esta tercera dimensión acabás de materializarlo. ¿No estás disfrutando un poco eso?

–Los que materializamos cosas todo el tiempo no nos detenemos mucho a disfrutar de la cosecha, porque no tiene sentido; lo más valioso es el camino, el momento de labrar el campo y ararlo. Una vez que uno tiene el fruto lo comparte o casi que lo regala, te diría, porque sabe que la vida útil del fruto en sí es muy corta, hay un punto en que es perfecto porque está dulce, pero después, si lo dejás unos días más se pone viejo y hasta genera moho. Estoy con ganas de tener un objetivo más grande, sabiendo lo que acabo de hacer.

–¿Cuál es tu mecanismo?

–Esperar a que venga el deseo o la necesidad de algo, que aparezca el hambre, y una vez que lo identifico bien, ahí sí me empiezo a apropiar de ese estado, empiezo a hablar como si de verdad ya me estuviese pasando, a pensar como si ya lo hubiese logrado.

–¿Cómo se hace para hablar como si algo ya hubiese ocurrido, cuando nuestros cinco sentidos nos demuestran lo contrario?

–Hay una frase de Neville Goddard que dice: “Una asunción, aunque falsa, si se persiste en ella, se materializará en un hecho”. Puede llevarte un mes, una semana o una hora, lo importante es el sentimiento. Una vez que lograste esa emoción, estás autofecundado, no tenés que hacer más nada, simplemente las situaciones aparecen en tu vida, siempre y cuando vos puedas hablar como si eso ya te estuviese pasando, en modo positivo, presente y afirmativo, y es real, yo no paro de comprobarlo todos los días de mi vida.

“Hace mucho tiempo me planteé realizar cosas personales muy grandes e inexplicables, en algún punto, para que el que no cree en la teoría pueda entenderlo viéndolo en la práctica.”

–¿Eso es lo que tratás de comunicarle a la gente?

–Sí, que lo que uno dice, realmente es. Yo no nací en cuna de oro, tuve que inventarme a mí mismo, encontré una imagen mental de un cocinero que quería ser y me la apropié, me empecé a sentir eso y, pasados doce años, lo soy. Durante el programa traté de mostrarles a mis hermanos y a mi vieja lo que yo siempre les decía, pero no me creían. Yo me alejé mucho tiempo de mi casa, estuve literalmente años sin siquiera llamarlos ni verlos, sintiéndome culpable, pero sabiendo que primero tenía que buscar la meta de mi vida y que ellos lo iban a entender más adelante. De hecho, una de mis frases era “Que lo miren por TV”, cuando nada de todo esto había pasado. Hoy no hay ningún remordimiento de parte de mi madre, al contrario, la otra vez ella le comentó a Viole, mi pareja: “Yo recién ahora estoy conociendo a mi hijo, cómo trabaja, cómo piensa”. Eso a mí me llena mucho.

–¿Sentís que a partir de tu victoria en El gran premio de la cocina alguna gente empezó a creer más?

–Hace mucho tiempo me planteé realizar cosas personales muy grandes e inexplicables, en algún punto, para que el que no cree en la teoría pueda entenderlo viéndolo en la práctica. Di una conferencia el primer día que quedé en el casting y conté cómo materialicé estar entre los 16 seleccionados, pero eso no fue todo, le dije a la gente que iba a ganar el concurso, cuando todavía no habíamos empezado a grabar. Dije que iba a mantener un tipo de conversación interna y que eso iba a hacer que las cosas se dieran de una manera perfecta para mí. Esa es la caña de pescar que les ofrezco a los individuos.

–¿Qué creés que va a pasar a partir de esto?

–Sinceramente, creo que Netflix va a hacer una película o un documental, porque está todo el material grabado con fechas y está el documento de El gran premio de la cocina. Tarde o temprano va a llegar esa propuesta o algo similar, lo sé, no paro de pensar en eso.

–¿Buscás que las personas despierten y se empoderen?

–Sí, y que dejen de sentirse humanos. La Biblia dice que el propósito por el que estamos acá, entre otras cosas, es el despertar de la humanidad, que el hombre, desde su estado de hombre, se dé cuenta de que es Dios; cuando tome conciencia de eso, va a despertar. Si yo tengo la posibilidad de contribuir a esa tarea, lo voy a hacer, creo que es mi misión. Soy como un puente de este conocimiento, ese es el real fruto para mí.