La actriz y cantante se luce en la obra Te quiero, sos perfecto, cambiá, en el teatro Astral. En una conversación exclusiva con El Planeta Urbano, nos cuenta cómo fue el retorno a los escenarios porteños y nos habla de sus próximos proyectos.


“El mundo pasó epidemias más graves en épocas en las que la medicina era muchísimo más precaria, y el teatro sobrevivió igual a sí mismo. Cada vez que alguna circunstancia alteró la rutina teatral, aparecieron nuevas convenciones. Creo que lo más interesante no es el momento en sí, sino lo que dejará”, dijo el reconocido dramaturgo y director Mauricio Kartun, refiriéndose al tránsito de las artes escénicas en este momento. La cultura también es salud. En una suerte de buscar los espacios de expresión, nos prometemos a nosotros mismos que, de formas insospechadas, algún lugar encontraremos para la tan ansiada comunión del reencuentro con el otro. Florencia Otero, una de las referentes del género de comedia musical de nuestro país, afirma que está feliz con la vuelta a los escenarios, no sólo porque es su pasión y su trabajo, sino también porque el arte es necesario para todos.

«No estamos del todo libres y eso se siente, pero la gente le pone muchísima onda y sabe también que los que estamos arriba del escenario estamos haciendo el doble de esfuerzo para sostener una obra en estos momentos.»

–¿Cómo estás viviendo la vuelta al teatro?

–Es toda una gran aventura. Para nosotros es precioso y realmente necesario, no sólo porque es nuestro trabajo, sino porque nuestra vida y nuestra pasión se basa en esto. Por otra parte, también estamos poniéndole el cuerpo, porque si bien el teatro es seguro para el espectador, los actores armamos una especie de burbuja, porque arriba del escenario no tenemos barbijos, por lo cual nos cuidamos entre los cuatro. Nos testean todas las semanas, pero un poco es estar en el frente de batalla. De alguna manera es seguir siendo la resistencia, no en el sentido de resistirse a nada, sino desde el lado de decir “acá estamos, seguimos pase lo que pase”. El arte para nosotros es esencial, la cultura lo es.

–Cuando fuimos a ver la obra, si bien la sala estaba llena de acuerdo al aforo permitido, no dejaba de estar al 50 por ciento ¿Cómo se vive eso desde arriba del escenario? ¿Hace alguna diferencia para vos?

–Mirá, la verdad es que nosotros hemos trabajado en otras ocasiones para poca gente, nadie puede decir que ha hecho una obra siempre a sala llena, lo que sí es extraño es que mirás al público y todo te recuerda permanentemente al contexto. Están con distancia entre butacas, con barbijos puestos que te impiden ver sus sonrisas o sus emociones, por más que percibas que la están pasando bien; es raro. Algo particular que tiene la comedia es que el público empieza a contagiarse la risa, y acá los ves dudando de qué es lo que se puede hacer y qué no. No estamos del todo libres y eso se siente, pero la gente le pone muchísima onda y sabe también que los que estamos arriba del escenario estamos haciendo el doble de esfuerzo para sostener una obra en estos momentos.

–Todos los intérpretes hacen varios personajes, ¿cómo fue tu experiencia en cuanto a ese desafío y el trabajo en conjunto con el director?

–Con Ricky ya había trabajado una vez en un infantil en el Teatro San Martín y fue una experiencia totalmente distinta, yo era más chica, acababa de quedar embarazada de mi hija Nina, era otro plan. Ahora nos encontramos con otra madurez, él desde su rol de director y con su mirada tan particular sobre el mundo. Ricky es una persona muy especial, muy amorosa, que te encuentra la ficha en un segundo. Es de esos directores que no quieren imponerte cosas previas para lograr un personaje, sino todo lo contrario: te allana el camino a la hora de la composición y te acompaña, así que fue un placer, yo lo adoro. Disfruto mucho la obra, tengo unos compañeros hermosos: con Laura Oliva una aprende todas las funciones, en los camarines tenemos unas charlas preciosas. Con Roberto Peloni es para enamorarse cada vez que lo ves, porque es increíble el laburo que hace siempre. Es una de las primeras experiencias teatrales de Agustín Sullivan y es hermoso ver esa frescura y ese afán de conocer el género; estamos todos muy contentos.

–Tenés una banda llamada FlowerTrip con tu compañero Germán Tripel. ¿Están haciendo shows en vivo o por streaming?

–Ese proyecto es un poco nuestra pyme, es lo que nos mantuvo cerca de la música todo el año pasado y lo sigue haciendo ahora también. Hicimos presentaciones vía streaming por distintas plataformas y seguimos, porque creo que eso llegó para quedarse, pero también empezamos los shows presenciales. Y, bueno, no hay con qué darle a la presencialidad, valga la redundancia, tiene otra magia, otra impronta… está vivo, por eso se llama “en vivo”.

–¿Estás próxima a estrenar otra obra?

–Sí, se llama Libre cautiverio, es una obra que se hizo anteriormente en el under. Estoy muy contenta, es con un grupo de artistas hermosos y vamos a hacer una única función vía streaming el 26 de marzo. Las entradas están disponibles por la web de Trampolín y espero que todos puedan acompañarnos.

Te quiero, sos perfecto, cambiá, con dirección de Ricky Pashkus.

Miércoles, jueves y sábados, en el teatro Astral.