Después de la sorprendente WandaVision, Estudios Marvel presenta en la plataforma Disney+ otra serie cuya acción se desarrolla tras los eventos de Avengers: End Game. Una apuesta por dos personajes emergentes que enfrentan sus destinos entre la incertidumbre y el sentido del deber.


Los primeros minutos de Falcon y el Soldado de Invierno regalan una batalla aérea. Hay patadas, explosiones y helicópteros. Hay secuestros, terroristas y alas que se despliegan. La estirpe ganadora de siempre. Sin embargo, detrás de ese caparazón tan duro como toda la factoría Marvel Comics, la gran mamá del entretenimiento moderno, se va desculando el lado humano de Falcon y del Soldado de Invierno: uno, con tensiones fraternales; otro, con una deriva permanente. Anunciada en la San Diego Comic-Con de 2019, la esperada serie Falcon y el Soldado de Invierno por fin llegó a las pantallas el pasado 19 de marzo vía Disney+.

Pero no le va a ser fácil estar a la altura. Y menos después de la primera experiencia de Marvel Studios en el mundo de las series, el megaéxito WandaVision. Aunque, tal vez, el secreto de Marvel radique en que siempre haya algo más. Un trasfondo que, aunque inflado de superhéroes, irradie un espíritu profundamente humano. De Tony Stark para acá, Marvel ha sabido cómo plegarse en dramas (o menesteres, o comedias, o reversos) con oscuridad y con luz. Con estrés postraumático, con dolor, con noticias familiares. Y por ahí anda Falcon y el Soldado de Invierno. O al menos eso asoma en sus primeros episodios.

Entretanto, con el box office de casi tres mil millones de dólares que cosechó Avengers: End Game, la presión recae en Kari Skogland, experta en el mundo de las series, cineasta con créditos en capítulos de The Walking Dead, The Punisher y El cuento de la criada. Acá, Skogland se alinea con la emoción de Avengers: Endgame, se aleja de la lyncheana WandaVision y entrega un producto mucho más cercano al canon marveliano: redondito, lleno de acción y con un buen manejo del CGI.

Lo vimos todos, flotaron los memes, internet se pobló de conjeturas. Y llegó el “blip” de Thanos, el instante en el que la mitad de la población del universo quedó desvanecida. Hubo ausencias y retornos. Desbarajustes y hiatos. Y, un poco, esto es el regreso a la línea argumental en la que los héroes desvanecidos retornan a sus vidas. En la historia, Sam Wilson siente no estar a la altura para portar el escudo del Capitán América, y Bucky Barnes sigue aturdido por su pasado bajo el mando de Hydra.

En resumen, ningún espectador quedará perdido, pero se agradece el conocimiento de la mitología previa. ¿Quiénes son Sam y Bucky? ¿Qué pasó con el Capitán América? ¿Quién debe ser el heredero de su poderoso escudo? ¿Da igual que lo use cualquiera? ¿Que Thanos hizo qué cosa? ¿Con quiénes? ¿Ah, con todo el universo? Okay, okay. ¿Qué tuvo que ver la mente criminal del barón Helmut J. Zemo en el enfrentamiento de las dos facciones de héroes liderados por Iron Man y el Capitán América? ¿Los héroes también pueden tener problemas socioeconómicos? Al no jugar a la introducción típica, saber todo eso suma, pero tampoco expulsa.

En la historia, Sam Wilson siente no estar a la altura para portar el escudo del Capitán América, y Bucky Barnes sigue aturdido por su pasado bajo el mando de Hydra.

“Siempre me sentí muy familiarizado con el tono de las películas”, introduce Sebastian Stan, el actor que encarna al Soldado de Invierno, en una conferencia exclusiva en la que participó El Planeta Urbano. “La evolución del personaje de Falcon hace que tenga que sumergirse en su historia y la de su familia a fondo. Estamos en un lugar donde queremos que la audiencia conozca y aprenda todo sobre estos nuevos personajes”, continúa Anthony Mackie, quien encarna a Falcon.

En rigor, Falcon y el Soldado de Invierno es una serie que estuvo construyéndose durante diez años y que contará con seis episodios. “Siempre es bueno aprender más y dar más sobre tu personaje. Se siente como una lección, como una buena experiencia cinematográfica”, continúa Mackie. “Todo el trastorno del estrés postraumático es algo que une a los personajes”, reconoce a propósito de la relación que guardan Falcon y el Soldado de Invierno. “Hay una especie de código de honor al respecto”, suma Stan.

Aunque al principio de la acción no hubo acercamientos al estilo “buddy cop”, subgénero en el que dos protagonistas deben trabajar juntos para resolver un crimen o vencer a un criminal, se sabe que la serie hará honores a 48 horas, Arma mortal y Rush Hour, películas que se convirtieron tanto en instituciones como en sagas. Entonces, ¿habrá una segunda temporada? “Es una pregunta divertida”, esquiva el bulto Kevin Feige, el máximo responsable de Marvel Studios.

Ahora bien, con la maquinaria aceitada, ¿por qué Marvel Studios decidió hacer una serie de seis horas en lugar de las siempre efectivas películas de dos horas? Skogland tiene la respuesta: “He estado llamando a las películas como ‘meriendas’ y esto es como la ‘cena’. Digo esto porque realmente podés involucrarte con los personajes de una manera que sería imposible con una película. Además, las películas a menudo son de alto octanaje. Y están inmersas en algún evento que salva al mundo. Entonces, es un poco ir por la tangente con un personaje, porque hay mucho en juego cuando vas en una dirección singular. Podés adentrarte en su vida, hacer giros y vueltas que, al final, son un poco menos aerodinámicos. Una serie permite meterte en las vidas de los personajes y, también, en la construcción de su mundo”.

De Tony Stark para acá, Marvel ha sabido cómo plegarse en dramas con oscuridad y con luz. Con estrés postraumático, con dolor, con noticias familiares.

A la sazón, los últimos años estuvieron signados casi únicamente por el calor de la propuesta del Marvel Cinematic Universe (MCU). Pero detrás de ese éxito hay un revolver constante de un factor, de un elemento que Kevin Feige distingue a la perfección: “Queremos averiguar cómo superar las expectativas, pero también queremos subvertir esas expectativas. Como todos somos fanáticos de Marvel, nos preguntamos: ‘¿Qué nos mantendría interesados?’. Es un equilibrio que hemos tratado de lograr durante diez años. Nunca lo he pensado en términos de lo que la gente quiere frente a lo que necesita. Es sólo preguntarte cómo se brinda el mejor y más comprometido nivel de narración de historias a la audiencia”.

Para cerrar, Mackie alivia el asunto bromeando un poco: “Nuestro trabajo consistía en tomar la antorcha y no hacer un mal show”. En la ficción, ya no está el Capitán América y aquí se yergue uno de los tantos nudos a resolver. “Los símbolos no son nada sin los hombres y mujeres que les dan significado”, sacude Sam Wilson en este primer episodio. Ya hay aviso de legado.