La dupla más famosa del diseño local vuelve con una exhibición de arte textil, nuevas prendas tan icónicas como ellos y un proyecto audiovisual sin precedentes. Historia de un matrimonio para toda la vida.


Jessica y Martín. Trosman y Churba. Dos íconos de nuestra cultura pop. Creadores empedernidos, socios, ex socios, amigos, idas, venidas y la gran historia de amor de la moda argentina. Cuando en plena pandemia aparecieron en las redes para presentar Jaramillo, una cápsula hecha con ropa de trabajo abandonada en un depósito desde los años 80 que ellos rescataron, deconstruyeron e intervinieron, algo mutó y se puso en marcha. Con un nuevo proyecto de arte textil, una muestra que realizarán este año en el Museo de Arte Moderno, mucha obra vendida en tiempos de bolsillos difíciles y esa cuota experimental que los lleva a lugares impensados, Jessica y Martín están de vuelta. Una historia amorosa y textil con música de Montaner.

–Muchos volvieron con su ex en pandemia, ¿este también fue el caso? 

Jessica Trosman: –(Se ríe) ¡Y sí! Me pasó que lo empecé a extrañar y que, más allá de lo que fue Trosman Churba, Martín siempre fue la persona que mejor me llevó, ¡y yo no soy fácil de llevar! (risas compartidas con Churba). Durante años estuve sola y empecé a sentir: “Pará, qué boluda fui que me separé de Martín, ¡qué inmadura!”. En ese momento de la separación sentí que quería realizarme por mi lado y la verdad fue algo que quizás hubiéramos podido resolver juntos. Hoy, después de casi veinte años, te puedo decir, ¡no sabés lo que somos juntos!

–¿Cómo fue ese momento en el que dijeron “volvemos”?

J. T.: –¿Sigo yo, Martín? Es que estoy embalada (Martín asiente, risueño desde su escritorio, como esas parejas que entienden esa rara dinámica donde uno completa la frase del otro). Hubo un día en el que hablamos bastante, nos dijimos muchas cosas y, cuando nos juntamos, nos pusimos directamente a trabajar. Nos entendemos de una manera que con nadie nos pasa, todo fluyó de una manera única.

Martín Churba: –¡Mucha dinamita! Uno encendía al otro.

J. T.: –Sí, dijimos: “Hagamos un proyecto para el Moderno”, lo armamos, lo presentamos y enseguida lo logramos. Entonces nos miramos y pensamos “¿Qué pasa acá?”. Era como volver a vivir nuestra historia, que fue increíble.

M. C.: –Yo puedo contarte algo muy personal del reencuentro con Jessie y es que si me preguntás realmente cuándo fue que decidimos volver, no sabría decirte el instante exacto porque ella siempre estuvo ahí. Este momento de plenitud me hace sentir joven, despierto, esperanzado, me da la pila que –debo ser sincero– no tenía. Estaba muy copado con mi vida personal pero en lo laboral andaba con poca energía.

“Una escultura o una obra pictórica tienen la necesidad de un piso o una pared, en cambio una escultura textil puede flotar, pegarse o despegarse.” (Martín Churba)

–En esta historia ya tenemos quién, qué, cuándo, dónde… pero nos falta el por qué.

M. C.: –Me está pasando que este momento me golpea, me conmueve, porque durante años sentía que tenía algo muy pendiente con Jessica, y cuando empezamos esta nueva etapa veo toda esa eficiencia de tiempo, de la confianza, de la experiencia, una eficiencia muy creativa. Con ella somos una fuerza más grande que la suma de dos personas. Cuando nos juntamos, sentí la emoción de comprobar que mi intuición no había fallado, cuando la extrañaba, extrañaba también mi propia capacidad de sentirme así. ¡Estoy en llamas!

J. T.: –Es mutuo. ¿Sabés lo que me pasa? Que tengo ganas de llamarlo todo el día para boludeces, lo llamo ocho veces sólo para reírnos. Nos están pasando cosas tan lindas… Teníamos que estar juntos, yo creo mucho en eso.

–Fogwill creó el memorable eslogan “El sabor del encuentro”. Este reencuentro, ¿tiene el sabor original?

M. C.: –¿Sabés que cuando te reencontrás con alguien de tu juventud, volvés a sentirte joven, no?

–Ah bueno, no es poca cosa.

J. T.: –Estamos re manija.

–Entonces cuéntenme un poco de qué va el plan. Aparte de la muestra que se viene, ¿qué otras cosas tienen pensadas?

M. C.: –El plan es trasladar el trabajo a otros formatos, estamos ahondando dentro de un pozo llamado Lechuga, que es otra traza textil donde indagamos con telas en desuso, una especie de huerta hacia adentro, capa por capa. Estamos en esa serie. Y cuando miramos los canutillos aplastados que nos hicieron famosos hace 23 años, está buenísimo porque redescubrimos un campo fértil de ideas en el que vamos a meternos para explorar nuevos formatos, para vestir otros cuerpos y hacer cosas distintas.

–Y entre esas cosas distintas, ¿está el vestir arquitectura o hacer arte textil?

J. T.: –Nuestra primera parada será vestir las zonas comunes. Estamos descubriéndonos, sin definir un área. Creo que esto es algo que vamos a hacer para siempre, porque forma parte de nuestra historia de vida. Tenemos tantos temas para abordar desde el arte textil que nos dan una ansiedad y unas ganas tremendas. Compartimos una historia textil muy fuerte y muy genuina. Quizás antes no nos dimos cuenta de lo que eso significaba.

M. C.: –Es que en ese primer momento no era tan power, lo fue después, ganó con la mirada desde hoy.

J. T.: –Es cierto, en ese momento lo desplegábamos en la moda, por eso le estoy agradecida a la moda. Sin ella no estaríamos haciendo lo que hacemos hoy: arte textil para la arquitectura, para interior y exterior.

–¿Cómo son sus obras? Si compro una, ¿dónde instalo mi Trosman Churba?

M. C.: –Tenemos una predilección por las escaleras. El hueco de las escaleras nos parece un espacio increíble para desplegar arte. Una escultura o una obra pictórica tienen la necesidad de un piso o una pared, en cambio una escultura textil puede flotar, pegarse o despegarse. Y todas esas posibilidades las estamos investigando, pensando, vinculándonos de lleno con la estructura central que tienen los lugares.

–Escaleras, huecos… esos espacios disparan varias referencias psicoanalíticas, diría Hitchcock.

J. T.: –Soy muy amiga de la psicoanalista Mariana Trocca, y el otro día me dijo: “Renovarse, transformarse, renacer, reciclarse, convertir el resto en causa, eso es el deseo”. ¡Se aplica tanto a todo lo que estamos haciendo!

–Y en esta exploración del deseo, ¿hay espacio para la moda?

M. C.: –Vamos a ir viendo en la medida que hagamos. Jaramillo tuvo que ver con este nuevo proyecto, esa ropa de trabajo de los 80 sobre la que intervenimos fue la primera serie. El hecho de venir desde la moda siempre está, no sabemos por qué lugares volveremos a pasar.

J. T.: –Necesitamos sentir que sea orgánico, que nos guste. Confiamos en nuestra intuición sin atarnos a nada, que sea todo muy flexible. Quizás en el camino habrá otras Jaramillo, no lo sabemos.

“¿Sabés lo que me pasa? Que tengo ganas de llamarlo todo el día para boludeces, lo llamo ocho veces sólo para reírnos. Nos están pasando cosas tan lindas… Teníamos que estar juntos, yo creo mucho en eso.” (Jessica Trosman)

–En la primera etapa de Trosman Churba, aunque parezca mentira, el mundo era otro porque no había redes. Si bien ustedes tienen sus cuentas personales y de marca, ¿qué pasó cuando abrieron la cuenta @jessicatrosmanymartinchurba?

J. T.: –Pasamos de 300 seguidores a mil en un minuto. Si lo lee una influencer se va a reír, pero nosotros estábamos re excitados, porque esos mil son personas que nos conocen desde siempre, gente que no veíamos hace un montón y que fue parte de nuestro camino. Es como que regeneramos nuestro pasado y lo convertimos en algo nuevo. Tenemos mucho para hacer con esas técnicas que realizamos en su momento… (empieza a mirar su celular).

M. C.: –Ahora te cuento algo… Jessie, ¿vos escuchás bien o se congeló el Zoom?

J. T.: –Seee… Lo que pasa es que le estoy contestando a Ricardo Montaner, me acaba de escribir, ¡no lo puedo creer! (nos reímos).

M. C.: –Entonces sigo yo. La cuenta la creó Jessie, y cuando la empezamos a usar fue como abrir un negocio y esperar, nos preguntábamos, ¿vendrá gente?  Empezó a crecer y me dio tanta emoción… (hace una pausa y mira intrigado a Jessica). Perdón, Jessie, ¿qué dice Ricardo? ¿Quiere que vayamos a cantar con él?

J. T.: –Amo a los Montaner, Ricardo me manda fotos de su mujer con ropa mía. Y yo le puse “¡Dios Santo!”, justo a ellos que son evangelistas (nos reímos todos). Los amo y lo saben. Adoro que el groso Ricardo me mande esto.

–Quizás esta nueva etapa viene con un karaoke… Iluminada y eterna?

J. T.: –Martín es genial cantando, yo… mejor soy su manager.

–Si su historia fuera una película, ¿cuál sería?

M. C.:Lo que el viento se llevó, ¡porque es una película grande! (se ríe). O Star Trek, ¡porque esta es una saga! No sabemos en cuáles escenarios se va a rodar.

 J. T.: –También tiene mucho de documental nuestra historia.

–Entonces hay que hacer uno.

M. C.: –Ya tenemos directora, se lo propusimos a Albertina Carri (N. de la R.: dato no tan conocido en el mundo de la moda: Churba fue uno de los protagonistas de No quiero volver a casa, la primera película que filmó Albertina).

J. T.: –Queremos todo, un documental, un libro, ¡hasta una novela! Y que sea romántica.