Aunque los orígenes de esta vieja/nueva modalidad se remontan a los 80, el home office llegó a su punto más alto durante la pandemia, y por estos días continúa en la búsqueda de su mejor versión.


“El futuro llegó hace rato”, rezaba una popular canción de rock nacional, y nada puede definir mejor lo que está sucediendo actualmente con el teletrabajo. Como modalidad no es algo nuevo; de hecho, ya en la década de los 80 algunas compañías lo implementaban (fundamentalmente en el ámbito de la tecnología y el sector aeroespacial, donde se considera a Jack Nilles, de la NASA, como el impulsor del telework), y lo que la pandemia trajo fue la oportunidad de asimilar definitivamente este hábito.

“Durante los últimos meses vivimos una aceleración de la transformación digital con gran impacto en la manera de trabajar. Todo lo que pensábamos para el futuro del trabajo se adelantó, mientras acompañábamos a nuestros clientes a incorporar tecnología para continuar operando y apoyábamos a nuestro equipo estando más cerca que nunca en la virtualidad. En este contexto, Microsoft asume un rol crucial: el de proveer las herramientas y plataformas que permiten a cualquier tipo de organización desarrollar la capacidad digital necesaria para enfrentar los nuevos desafíos y seguir operando en un mundo donde todo es remoto”, sostiene Fernando López Iervasi, gerente general de Microsoft Argentina.

En este contexto, y ante un panorama incierto, un informe recientemente elaborado por la Universidad de San Andrés y Microsoft Argentina indaga sobre el impacto que tuvo el trabajo remoto en las diferentes generaciones, lo que mejoró, lo que empeoró, y plantea algunos interrogantes sobre el futuro de este formato. ¿Para qué ir a la oficina? ¿Cómo lograr que los equipos se conecten? ¿Qué piensan las distintas generaciones del impacto de esta modalidad?

En cuanto al trabajo, la gran mayoría (87%) desea a futuro tener un 50 por ciento o más de trabajo remoto; más de la mitad de las personas (55%) cree que va a ser más productiva que antes, y el 58% cree que mejorará su calidad de vida laboral.

No hay nada mejor que casa

Una de las primeras cosas que sorprende del informe es el optimismo con el que la gente parece haber enfrentado este desafío que obliga a redefinir la rutina, los roles y hasta el espacio laboral.

De cara al futuro, el estudio concluye que hay una creencia en que habrá una mejor calidad de vida laboral. Respecto de las herramientas de comunicación, se utilizará más tecnología que antes: más videoconferencia (84%), más chat (68%) y más plataformas colaborativas (61%).

En cuanto al trabajo: la gran mayoría (87%) desea a futuro tener un 50 por ciento o más de trabajo remoto; más de la mitad de las personas (55%) cree que va a ser más productiva que antes, y el 58% cree que mejorará su calidad de vida laboral.

Algunos de los motivos esbozados tienen que ver con que las reuniones se volvieron menos espontáneas; es decir, hay una agenda de trabajo clara, están más programadas que antes y, por tanto, se vuelven más focalizadas y productivas.

Asimismo, aunque la falta de vínculos y contacto personal surge como problema de la virtualidad, ya que las personas manifiestan una mayor sensación de desconexión con los compañeros (62%), la mayoría de las personas (70%) se siente cómoda y a gusto trabajando en forma virtual. El principal desafío para los líderes durante la cuarentena fue la contención emocional de sus equipos más que la productividad del trabajo, y en el futuro la pregunta que se harán será: ¿para qué ir a la oficina?

The office

Quizá sea un poco apresurado decir que no van a existir más las oficinas, pero es probable que muchas empresas, como ya sucedió con los principales players tecnológicos, cierren completamente gran parte de sus espacios físicos. En otros sectores, lo que más se espera ver, según especialistas, es un híbrido que irá planteando mayor tiempo de teletrabajo overall, articulando o alternando instancias presenciales con virtuales e incluso cambiando el esquema en el tiempo, estacionalmente o conforme a cómo evoluciona la crisis de salud en cada región. El objetivo no es sólo reducir costos, sino también proveer mejores condiciones para los empleados en la búsqueda del tan mentado balance entre vida personal y trabajo, que durante mucho tiempo pareció casi un espejismo.

“En muchas compañías, lo remoto llegó por primera vez mientras que en otras se profundizó, pero no tenemos dudas de que va a permanecer y que el espacio de trabajo será híbrido. El estudio es clave para entender cómo impactó la pandemia y cómo la tecnología puede contribuir a resolver las nuevas necesidades y los desafíos de las organizaciones. Hoy el foco está puesto en las personas, pero ya no en saber si son o no productivas, sino en su bienestar. La preocupación pasa por entender cómo ayudar a los equipos a lograr un equilibrio entre su vida personal y laboral”, comenta Silvina Uviz D’Agostino, directora de Recursos Humanos de Microsoft Argentina.

Burn out, el gran enemigo

Si bien algunos aspectos han mejorado, como el foco y la puntualidad, este nuevo paradigma laboral también dio por tierra con algunos mitos, como que baja la productividad. Muy por el contrario, lo más difícil para un gran porcentaje de empleados es parar de trabajar: una creciente preocupación es el burn out laboral. Según el informe, el 75 por ciento de las personas siente que trabaja más, y esto sumado a los desafíos per se que trabajar desde el hogar presenta (roles, espacios, materiales, vida doméstica, comunicación con los pares, etcétera), no es un tema menor.

Las experiencias varían generacionalmente y según las coyunturas de convivencia: quienes viven solos reportaron mayor productividad en las reuniones y mayor productividad general y son quienes proyectaron para el futuro una mejor calidad de vida laboral que el resto de las configuraciones familiares.

Por el contrario, quienes conviven con su pareja y/o hijos reportaron un 30 por ciento más que trabajan mucho más que antes. En comparación con los que viven solos, quienes conviven experimentaron durante la jornada laboral un 34 por ciento más interrupciones que antes.

De igual modo, el grupo compuesto por las personas de la generación X que conviven con su pareja y/o hijos reportó mayor productividad que el resto de los grupos y es el que ha soportado la mayor carga de trabajo. Los baby boomers fueron aquellos a quienes más les costó sostener la productividad. Los millennials y la generación X se sintieron un 40% y 38% más productivos que los baby boomers, respectivamente.

Los investigadores concluyeron que mientras hay una valorización del contacto informal, comunicacional y espontáneo y una mejora general en la productividad, el desafío pasará por trabajar sobre la empatía, el vínculo social y la distancia emocional en estos nuevos contextos híbridos.