Cada vez son más las personas que se alejan de la monogamia y consideran el poliamor como una forma de vida. En el medio, teorías que se desvanecen, religiones que pierden seguidores y comunidades y generaciones que alzan la voz y exhiben su orgullo. Amor de amores, en tiempos de libertad.


No es nuevo. Para nada. No es exclusivamente de millennials, centennials ni hippies. No nació en un capítulo de Sex and the City ni llegó a ser trending topic por Woody Allen y su Vicky Cristina Barcelona. “Los primeros datos sobre no monogamia vienen del Paleolítico. En los sesenta y setenta ya había artículos sobre la práctica de tener más de una relación sexual o romántica de forma consentida. En los ochenta estaban de moda ser swinger y el intercambio de parejas. Pero la primera vez que se usó la palabra ‘poliamor’ fue en 1990, en un artículo. En esa década también se habló mucho de placer femenino, y Ética promiscua, el libro de referencia de Dossie Easton y Janet Hardy, se publicó en 1997”, recuerda Giazú Enciso, doctora en Psicología Social especializada en afectos y feminismo.

Fue la activista y autora californiana Morning Glory Zell-Ravenheart (conocida ahora como Morning G’Zell) quien utilizó por primera vez la palabra “poliamor” en el artículo “A Bouquet of Lovers”, publicado en 1990. Lo que entonces trataba de definir no era algo tan radicalmente nuevo –el apareamiento y las relaciones románticas múltiples tienen una larga y diversa historia–, pero, desde aquellos orígenes neo-hippies y alternativos, se ha pasado a un escenario francamente distinto. El poliamor ha dejado los márgenes para ocupar el centro de un buen número de debates y estudios. El mundo académico, en particular la sociología, la psicología y la filosofía, vive un boom de publicaciones sobre alternativas a la monogamia desde hace diez años.

“El sistema en el que se afianza la monogamia es violento, pero no lo es porque la práctica sea violenta: ha necesitado generar esa violencia en su estructura para imponerse, para inocularse en nuestro interior como se ha inoculado el color rosa o las servidumbres de género.” (Brigitte Vasallo)

La academia del poliamor

En los medios de comunicación y, sobre todo, en debates entre jóvenes es muy común escuchar los términos “amor libre” o “relaciones abiertas”. Sin embargo, la reflexión sobre estos temas suele estar cargada de prejuicios o banalizaciones. El escritor y docente argentino Abelardo Barra Ruatta y la activista lesbiana y feminista española Brigitte Vasallo acaban de publicar sendos libros que buscan abrir el debate y reflexionar en torno de las raíces opresivas de la monogamia y de las características de las relaciones poliamorosas.

En Amores bárbaros. El asedio a la monogamia patriarcal (Prometeo Libros), Barra Ruatta se explaya respecto a cuestiones en torno del amor, los celos, la corporalidad y la belleza, entendiendo la monogamia como parte inescindible del sistema capitalista. En diálogo con El Planeta Urbano, el escritor afirma que el poliamor “alude a amores que escapan de la norma hegemónica y explora nuevas formas de sociabilidad amorosa sin pretensión de erigirse en modelos irrebasables”. Sostiene además que es posible optar por estructuras de relaciones ligadas con lo comunitario. Es por esto que un concepto clave en su pensamiento es el de “comunalismo amoroso”. Así lo explica: “Alude a la construcción de formas opuestas y superadoras a la privatización exclusivista e individualista amorosa que suponen las uniones monógamas patriarcales (sean heterosexuales u homosexuales)”.

En cambio, en su libro El desafío poliamoroso (Paidós), Vasallo realiza un análisis desde una óptica feminista, antirracista e interseccional, que vincula de manera integral las categorías de género, raza y clase, y sitúa la monogamia como un engranaje clave del sistema productor y reproductor capitalista. “La práctica monógama no es una práctica ‘mala’ de por sí. El sistema en el que se afianza es violento, pero no lo es porque la práctica sea violenta: ha necesitado generar esa violencia en su estructura para imponerse, para inocularse en nuestro interior como se ha inoculado el color rosa o las servidumbres de género. Para naturalizarse. Ese es el problema”, aclara, y define el poliamor como “una especie de paraguas para hablar de relaciones múltiples sexoafectivas consensuadas, con el conocimiento de todo el mundo y, además, con la legitimidad social de todas estas relaciones”. Agrega, además, que estas formas alternativas a la monogamia no son exclusivas de estos tiempos. “Si queremos buscar las genealogías, hay un montón, donde la cuestión no pasaba por la pareja o la reproducción sino por la comunidad y por otras formas de hacernos juntas. Mientras te digo esto, estoy recordando un librito que he leído recientemente que no apunta a esta cuestión pero recoge cantos populares de Galicia, de la Galicia de las aldeas de donde soy originaria, y esta persona recogió canciones en donde se decía que el matrimonio era una traición a la comunidad.”

Otro aspecto interesante en relación con el poliamor y la pareja monógama radica en torno de la hipocresía, los celos y la posesión. Vasallo señala que en aquellas parejas que se pretenden monógamas pero esconden amantes por debajo de la alfombra “solamente una de las relaciones sexoafectivas es legítima, y esa relación sexoafectiva va a tener derechos jurídicos, derechos sobre la reproducción y derechos económicos. Esa es la diferencia entre eso y, luego, otras formas poliamorosas, en donde se estáis diciendo todas las cosas sobre la mesa y todo acordado”. Así las cosas, entonces, para la autora que lleva más de 20 años transitando relaciones que intentan no ser exclusivas, “el poliamor no viene definido por el número de relaciones, sino por el tipo de relación que tienen los metaamores entre sí: si de cooperación y cuidados mutuos o de confrontación y batalla por la cumbre”.

Redes de libertad

En territorio de millennials y centennials, las redes sociales son clave para que las comunidades que rechazan la monogamia se encuentren y se apoyen, especialmente fuera de la heteronormatividad. La trascendencia de estos canales radica también en la libre expresión y en que representa uno de los lugares más cómodos y reconfortantes para expresar ideas, inquietudes y maneras de pensar. Muchos jóvenes han crecido en ambientes más liberales e informados y ven el poliamor como una opción más a la hora de llevar una relación. Ni hablar de la inabarcable contribución de la comunidad LGBTQI+, que ha abierto la puerta a cuestionar lo establecido y a alzar la bandera de la libertad lo más alto posible.

“No hay amor sin libertad. La cesión de la libertad en cualquier tipo de relación amorosa supone la emergencia de una fusión patológica. Por eso, el romanticismo que marca la relación como una unión pura que rechaza toda renuncia, toda hibridez, debe ser impugnado por su nociva influencia”, refuerza Barra Ruatta.

Pero, ojo. “También hay que pensar que el neoliberalismo la ha ocupado. Este nos hace unas propuestas de libertad que tienen que ver con la atención sólo a tus necesidades, a tus instintos siempre cuando no vayan en contra del capital”, advierte Vasallo. “Esa idea del poliamor como buffet libre nace directamente del neoliberalismo. El consumo os hará libres. Es la reformulación de la frase escrita en la entrada de Auschwitz: ‘El trabajo os hará libres’. Lo llevamos inserto en nuestro subconsciente; miramos a los países con más acceso al consumo como si fuesen más libres, más felices. Miramos a los países empobrecidos como si fuesen menos libres por el hecho mismo de haber sufrido expolio.”

Pantalla chica, corazón grande

Cada vez son más las producciones de cine y del entretenimiento on demand que plantean el poliamor y se alejan de las estructuras matrimoniales típicas. En 2016, Netflix lanzó You Me Her, la serie de John Scott Shepherd que se desarrolla en torno a una pareja enamorada de una tercera persona. También podemos mencionar la genial Wanderlust y la debacle de un matrimonio (Toni Collette y Steven Mackintosh) que quiere salir adelante con nuevas aventuras, o Euphoria, la joyita de HBO que se volvió un must para las nuevas generaciones que lograron identificarse con la diversidad de la serie y su falta de prejuicios.

Los actores de Hollywood también alzaron la voz, y las portadas de las revistas más importantes del mundo no tardaron en replicar el comentario de Scarlett Johansson sobre la exclusividad sexual: “No es natural”. ¡Pum! O Bella Thorne, la ex chica Disney que ¿sorprendió? a la prensa cuando confirmó a través de sus redes que mantenía una relación poliamorosa con el cantante Benjamin Mascolo y la joven Alex Martini.

El poliamor excede la cuestión sexual, reproductiva o la cantidad de personas que integren una relación sexoafectiva. Tal como escribe Vasallo en su libro: “La posibilidad de alternativa al sistema monógamo no va de ligues y noviazgos, sino de colectivización de los afectos, de los cuidados, de los deseos y de los dolores”.