Es locutora, actriz, monologuista y escritora. Hizo del humor su estilo de vida y actualmente brilla en los escenarios con su espectáculo unipersonal. Verdades y reflexiones de la reina de la comedia.


“Para mí hay que defender la risa a lo loco. Sobre todo en épocas como la que estamos viviendo, que son un bajón absoluto. Hay que hacer cosas para reírse, obligarse, agendarse ‘reírse’ como si fuera una obligación más.”

La agenda de Dalia Gutmann incluye cuatro funciones semanales de su nuevo unipersonal de stand up con toques de comedia musical, Tengo cosas para hacer, en el Maipo, la crianza de dos hijos, un matrimonio con Sebastián Wainraich y la escritura permanente de situaciones cotidianas que a fuerza de disciplina e insistencia se convierten en pasos de comedia perfectamente ejecutados arriba del escenario.

Tengo cosas para hacer se llama tu nuevo espectáculo. ¿Por qué ahora siempre tenemos cosas para hacer?

–Bueno, es un mal de la época y a la vez un bien de la época. Cuando nosotros éramos chicos la vida era otra: si te querías comprar un jean tenías que ir a verlo a un negocio en un horario determinado, si querías ver un programa de televisión tenías que esperar a que empezara a las cinco de la tarde… Todo era un acontecimiento y tenía cierto orden establecido. Ahora parece que pudieras hacer lo que quisieras durante las 24 horas del día, entonces uno tiene que desarrollar mucho la inteligencia para autorregular la cantidad de cosas que hace por día. Pero esa sensación de lista interminable está, porque podemos hacer lo que queramos; es la vida on demand.

«Hay gente re feliz soltera, y lo bueno de estos tiempos que corren es que no hay una sola forma de vivir. Antes, si no te casabas y no tenías hijos o lo que sea era como que estabas fallado, y ahora me parece que cada uno elige.»

–El teatro requiere presencia, es uno de los pocos bastiones en contra del on demand hogareño.

–Cuando hacés teatro le estás pidiendo mucho a la gente: que se mueva de su casa, que vaya al horario que vos la citaste, que pague la entrada, que esté atenta y sentada unos 90 minutos… Pero también es hermoso.

–¿Por qué arriesgarse a hacer stand up?

–El stand up te pone en un lugar de exposición tremendo, donde si la gente no se ríe en el momento, inmediatamente fracasás. Es un género que tiene cosas muy crueles que tenés que bancarte y atravesarlas para después sí lograr pasarla bomba. Es como todo en la vida: lo que vale la pena realmente requiere de un momento previo en el que la pasás pésimo.

–Igual uno puede querer hacer stand up y simplemente no ser gracioso, no servir para eso.

–¿Cómo no vas a servir? Yo estoy convencida de que en la vida cada vez más se trata de quién tira la toalla más tarde. Ese es el que sirve, porque hay alguno que la tira muy rápido, otro que no se banca el momento de frustración, porque estamos re mal preparados para frustrarnos. Yo hace más de quince años que hago stand up y todo el tiempo paso por momentos incómodos, pero tenemos que autoenseñarnos a que no pasa nada si en el camino a hacer lo que querés la pifiás o te pasan cosas que no están buenas.

–O sea que se gana por insistencia.

–Creo que hay que saber perder en la vida. Uno quiere todo el tiempo ganar y a veces todo te puede salir mal. Cuando me recibí de locutora empecé a trabajar en Canal 9, con la noticia más dura, y empecé stand up como diciendo “me quiero reír un rato porque no doy más”, hasta que en un momento la comediante le ganó a la locutora.

–¿Se puede ser graciosa en cualquier momento?

–El stand up es un género muy raro, porque es el arte de hacerle creer a la gente que sos re espontáneo, que todo lo que decís se te está ocurriendo en ese momento, cuando en realidad lo escribiste, lo ensayaste, lo dijiste mil veces. Pero sí, tenés que hacerle sentir a la gente que sos re gracioso y que se te ocurrió todo en ese mismo momento. Y no basta con divertir al público, hay que hacerlo reír, porque si la gente no larga la carcajada, tampoco sirve; encima se tienen que reír para afuera. Es difícil, pero es tan lindo que vale la pena.

–¿Existen fórmulas para la carcajada?

–En mí hay algo que funcionó siempre, que es no escatimar en nada, entregarme cien por ciento. Cuando uno no está pensando en lo que queda mal, hay mucha más facilidad para que la gente se relaje y se ría que si estás tratando de calcular lo que decís.

–El miedo al ridículo claramente no va.

–A mí me juega a favor que de muy chica fui ridícula (risas). Entonces, me da más vergüenza ser ignorante sobre algún tema, que a veces me pasa, que hacer el ridículo o estar mal vestida. Esa es una cuestión que nunca me importó, y nunca me importó el qué dirán de mí. Si te vas a estar fijando en todas tus imperfecciones, es imposible entregarte a la comedia. No esperar la perfección en nada, para mí, es la que va. Si sos perfeccionista, estás todo el tiempo con un freno de mano puesto.

«El stand up te pone en un lugar de exposición tremendo, donde si la gente no se ríe en el momento, inmediatamente fracasás. Es un género que tiene cosas muy crueles que tenés que bancarte y atravesarlas para después sí lograr pasarla bomba.»

–¿Estás contenta con tu marido?

–(Risas) Es re difícil sostener… Yo hace veinte años que estoy con Seba, creo que ya no se usa más estar tanto tiempo con una misma persona. En la cuarentena nos quisimos separar, como todas las parejas del planeta, pero nos pareció muy obvio separarnos ahí. Hay algo muy sano de nuestro vínculo, y es que a los dos nos copa ver al otro contento, y ahí hay algo que hace que todo funcione.

–¿Creés que cambiaron los parámetros de felicidad en cuanto a la pareja?

–Yo veo que hay gente re feliz soltera, y lo bueno de estos tiempos que corren es que no hay una sola forma de vivir. Antes, si no te casabas y no tenías hijos o lo que sea era como que estabas fallado, y ahora me parece que cada uno elige. El otro día, por ejemplo, fui a lo de unos amigos, dos hombres y una mujer, que viven juntos los tres en una casa pero no son pareja ni nada entre sí. Por eso, me parece que hay otras formas de vivir la vida que también están buenísimas.

–Hace poco dijiste que ya no te interesaba el sexo.

–Es verdad, ¡quiero que me vuelva la libido! Siento que en el afuera todos están garchando menos yo. Ojo, cuando lo hacés te das cuenta de que está buenísimo y es necesario y todo eso, pero cuando uno tiene la libido puesta en tantas cosas, es muy difícil encontrar el momento.

–Siempre te relacionaste con tu público desde lo cotidiano. ¿Es un estilo de vida?

–Viste que el mundo celebrity parece muy diferente al mundo real. Y a mí me gusta el mundo real, a mí me gusta ir a un cumpleaños y que la torta me la haya hecho mi prima, que los invitados sean mis amigos reales. Yo prefiero el mundo real. No me gusta lo posado, lo aspiracional. Porque aparte lo aspiracional te lleva a la frustración, a la angustia, a que tu vida nunca va a ser como eso que estás viendo en las redes. Y así no está bueno vivir.