La actriz, modelo y bailarina contemporánea analiza los nuevos paradigmas de trato a la mujer que crecen en los medios y plantea desafíos de cara al cumplimiento de la flamante ley de IVE.


Es sábado a la noche y los estudios de IP, la nueva señal de noticias de Grupo Octubre, se preparan para ser el escenario de una nueva emisión de El Planeta Urbano en su formato televisivo. Emilia llega pocos minutos antes de la entrevista en vivo, algo nerviosa por el reencuentro con ese edificio emblemático donde funciona el 9, canal en el que durante cuatro años fue una de las protagonistas del exitoso ciclo Duro de Domar.

Está inquieta, rara, asimilando las sensaciones que le dejan volver a un espacio donde por momentos la pasó muy mal.

“Hoy pudimos contar nuestras experiencias y ya no se premian ni se celebran ese tipo de conductas”, dice, en referencia a los episodios de público conocimiento que allí vivió con Roberto Pettinato. “A mí me daba miedo salir a hablar al poco tiempo de terminado el programa porque me daba miedo de que se frivolice y se analice este tema. Me sigue dando miedo. Yo cuando decidí hablar de mi experiencia de Pettinato no fue en pleno auge del feminismo, de hecho todavía no estábamos con Actrices Argentinas”, recuerda.

-¿Qué podes rescatar de tu carrera de modelo habiendo comenzado en una época en la que ni siquiera se hablaba de deconstrucción?

-Ha sido un camino largo, divertido y lleno de peripecias y cuestiones para aprender. Yo soy muy curiosa y siempre tuve ganas de trabajar, y encontré en el modelaje una posibilidad de trabajo desde muy chica. Me dio trabajo, experiencia, viajes. Para mí era eso, una aventura.

-¿Cómo te afectaba la mirada ajena sobre tu cuerpo?

-Más allá de la mirada del hombre hacia la mujer en ese entonces, era la mirada propia sobre nuestro cuerpo, la mirada de los dueños o dueñas de las marcas, de los productores y productoras de moda. Era una mirada muy tirada sobre chicas que estábamos empezando con 16 años y que apenas nos estábamos desarrollando. Había una mirada muy hostil de todo el contexto, que hoy creo que se trata con más cuidado, aunque igual está.

-¿Qué secuelas dejó esa experiencia en tu psiquis?

-Muchas. Yo estoy construida básicamente para agradar a la mirada hegemónica, está en mi esencia, es parte de mi ADN, de mi esqueleto. Entiendo como entrar a un lugar y qué hacer para gustar inmediatamente a hombres y mujeres. Como que hay algo de eso que es como si fuese un entrenamiento que ya lo tengo adquirido, que no es un valor pero tampoco algo malo, simplemente se dio por todo lo que viví. Hoy me pesan menos esas miradas (al margen de que se digan menos, siguen estando), y no me hago cargo ni de las buenas ni de las malas, porque las buenas son igual de peligrosas que las críticas. Hoy no hacen tanta mella como cuando era más chica, pero están. Estamos en la redes, estamos expuestos, subimos una imagen y esperamos un comentario, y cuantos más comentarios tengas, mejor. Estoy podrida de las redes.

-Hace tiempo sos parte de Actrices Argentinas. ¿Cuál fue el origen de este movimiento?

-La primera carta que mandamos desde actrices pidiendo el tratamiento de la ley de Ive fue lo que generó el nacimiento de la agrupación. El motor fue la exigencia no solo de la aprobación de la ley, sino del tratamiento urgente, que queríamos que esté a la altura de la militancia que este tema venía teniendo. Así que Actrices se creó de esta manera. Y yo me uní porque creo fervientemente en el derecho al aborto como un derecho fundamental.

«¡Cómo molesta que la mujer goce! El hartazgo de tener que explicar y explicar por qué abortamos, por qué tenemos relaciones, con quién, cuándo, cómo y dónde»

-¿Dónde estabas cuando se sancionó la ley de IVE?

-Estuve en San Juan, por primera vez no estuve en la calle, ni con mis compañeras de la Colectiva Actrices Argentinas de manera presencial. Pero sí estuve con mis hermanas, con mi mamá, con mi papá, en la casa de mi infancia. Fue distinto y fue fuerte vivirlo en ese contexto. Me enteré, medio dormida, a las 5 am entre llamadas perdidas y chats interminables. Me invadió primero una profunda sensación de alegría y calma que me mandó un rato más a la cama. Después, por la mañana, el sentimiento de toda la potencia vulnerable que mezcla el llorar y el festejar. Mucha lucha, muchos años, mucho aprendizaje. Todo colectivo. Juntas y organizadas lo conseguimos. La victoria es de este enorme movimiento. Se abrió una etapa y no se cierra más.

-¿Cómo fue vivirlo en San Juan y no en Capital?

-En San Juan me encontré pensando sobre cuál era la forma amorosa de ganar la batalla discursiva ahí. El enfoque y la vehemencia en mi discurso, dentro en una sociedad conservadora, con sus cuestiones feudales cristianas blancas, me llevaban a hacer hincapié en la mujer y el goce. ¡Mierda! ¡Cómo molesta que la mujer goce! El hartazgo de tener que explicar y explicar por qué abortamos, por qué tenemos relaciones, con quién, cuándo, cómo y dónde, explicar por qué vivimos como vivimos, explicar por qué a esta edad tal cosa y a otra edad tal otra, explicaciones que nos piden sólo por ser mujeres.

-¿Cuál es la tarea ahora para hacer que se cumpla la ley?

-Con la ley aprobada ahora vamos por su pronta reglamentación: que se establezca presupuesto oportuno para la producción de Misoprostol para que lo puedan obtener de manera libre y gratuita todas las personas que necesiten acceder a su derecho al aborto legal. La lucha continúa. El mayor riesgo que tenemos es que dentro de los comités de ética de los hospitales están metidos todos estos sectores clericales que son los que, en general, traban todo tipo de derecho hacia las mujeres en el sistema de salud. Ya viene pasando hace muchos años con la ESI, ni hablar que la vemos venir, van a intentar trabar cualquier tipo de interrupción voluntaria del embarazo. La lucha re contra continúa, está el 8 de marzo pronto y sabemos que la movilización en la calle va a ser la que garantice que se cumpla el derecho de la mejor manera posible.

Agradecimientos: @belenamigo