Una nueva ola sacude al mundo del diseño: la moda de no estar de moda. Con prendas que se repiten hasta el cansancio, desfiles una o dos veces al año y marcas que prefieren producir menos ropa pero de mejor calidad, la industria pone el ojo en sus nuevos consumidores, los ecológicamente responsables.


“Si diseñamos prendas que no atiendan a temporadas, que se sientan clásicos; si controlamos las cantidades que se producen y ampliamos estos ciclos trimestrales tan frenéticos, estaremos promoviendo armarios atemporales.”

Este manifiesto es parte de una carta abierta que redactó un grupo de notables diseñadores y popes de la industria de la moda en Europa, donde se sientan las bases de la gran tendencia que marca el 2021: el fin de las tendencias. Allí, el diseñador Dries van Noten; el presidente de la plataforma de venta online Lane Crawford, Andrew Keith, y la consejera delegada de Altuzarra, Shira Sue Carmi, pronosticaron esto que sucede hoy en las pasarelas, vidrieras, e-commerce y cuentas de Instagram de las principales firmas de moda de todo el mundo. Los cuatro desfiles al año son parte del pasado; la renovación en tiendas de una colección tras otra, casi de manera compulsiva, pertenece a una historia de hiperconsumo y falta absoluta de conciencia medioambiental que ya no corre entre las nuevas generaciones, y el “pecado” de repetir un atuendo o un vestido, tan mentado en los últimos veinte años, se extingue de a poco para dar paso a una nueva costumbre: repitamos los looks, siempre y cuando sean de buena calidad.

“La industria de la moda va de usar la creatividad, no de acumular más ropa o de tener más dinero que gastar. La creatividad, la autenticidad y ser uno mismo es lo que hace que esta industria sea tan especial y emocionante. Seamos parte de la solución, no del problema.” Quien habla es Marina Testino, artista y activista de la moda sustentable que hizo famoso en todo el mundo el hashtag #onedresstoimpress (“un solo vestido para impresionar”), que busca postear en redes sociales un solo conjunto repetido por la misma persona en varias fotografías y eventos. Eso que parecía novedad en la década de 2010, y hasta era criticado por muchas revistas de sociedad y espectáculos (no olvidemos a la reina Máxima de los Países Bajos usando el mismo vestido una y otra vez y siendo señalada por los críticos de moda y especialistas en red carpets), hoy pretende ser moneda corriente, ante un mundo atravesado por la pandemia, con ventas que se desplomaron y una premisa sustentable que ninguna marca o diseñador puede eludir.

«Voy a abandonar el manido ritual de las temporadas y los desfiles para recuperar una nueva cadencia, más cercana a mi propia expresión.» (Alessandro Michele, director creativo de Gucci)

“El coronavirus ha acelerado algunos cambios clave en el estilo de vida que llevábamos varios años observando”, explica la vicepresidenta de contenido de la agencia WGSN, Francesca Muston, en un editorial de Vogue España. “Por supuesto, todos estos cambios impactan en el tipo de productos que nos resultan relevantes, por eso vemos un gran repunte en la ropa o las zapatillas de estar en casa”, señala.

Si bien la moda en su esencia es un sistema que valora la novedad por sí misma y resulta casi imposible cambiar esta definición en la mente de los consumidores, vale hacer el intento de al menos atenuar el impacto ecológico y la ola desmedida de consumo con, por ejemplo, dos colecciones al año en lugar de cuatro. Así lo hizo Gucci, siempre a la vanguardia en estos asuntos, que volvió a la bianualidad de sus desfiles no bien comenzada la pandemia. “Voy a abandonar el manido ritual de las temporadas y los desfiles para recuperar una nueva cadencia, más cercana a mi propia expresión”, posteaba Alessandro Michele, director creativo de la firma, a mediados del año pasado. Su palabra santa quedó impresa –digitalmente, claro está– en las biblias de la moda de todo el mundo y fue así como editoras, influencers y el resto de los diseñadores comenzaron a tomar nota del nuevo calendario astral.

Volviendo a Marina Testino y su “One Dress to Impress”, la activista inició su reto que luego se convertiría en hecho viral llevando el mismo vestido durante dos meses, a modo de protesta y performance. “Desde pequeños nos enseñan a comprar, vestir diferente todos los días, porque ‘repetir un look no da’. Es hora de despertar. Nuestros hábitos de consumo están destruyendo nuestro planeta, promoviendo indirectamente la explotación de los trabajadores de la confección y disminuyendo nuestros recursos. ¿Para qué? ¿Sólo para ir a la moda? ¿Llevar el color de la temporada? ¿Encajar? Es hora de acabar con el estigma de la repetición de looks. Compra cosas que te gusten. Dales un aire diferente. Siéntete a gusto. Repite todo lo que quieras”, dijo luego, en un reportaje con Vogue, cuando su movida empezó a calar hondo en redes y las revistas de moda la empezaron a tomar en serio.

«La industria de la moda va de usar la creatividad, no de acumular más ropa o de tener más dinero que gastar. La creatividad, la autenticidad y ser uno mismo es lo que hace que esta industria sea tan especial y emocionante.» (Marina Testino, activista)

Hoy, y a diferencia de lo que sucedía tan sólo cinco años atrás, comprar en exceso está mal visto, al punto de que existe un término destinado exclusivamente a este sentimiento: el köpskam –palabra sueca que expresa la vergüenza de comprar– es un movimiento que rechaza la tendencia instaurada en los últimos 20 años de consumo compulsivo de ropa, calzado y accesorios a bajo precio. En una industria donde se requieren 7.500 litros de agua para producir un solo jean y en la que se genera anualmente el ocho por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero –superando en emisiones de dióxido de carbono a las de todos los vuelos y barcos juntos– resulta urgente plantearse conceptos de fast fashion, de ofertas absurdas en tiendas departamentales y de remeras que se usan una o dos veces y cuestan lo mismo (o incluso menos) que un frappuccino. El término köpskam surgió en Suecia como respuesta a la ola de incendios forestales que sufrió el país nórdico hace unos cinco años a causa de los desbarajustes ambientales a los que fue sometida su tierra, y hoy se extiende en otras partes del mundo de la misma manera que estos incendios se replican en distintos puntos del mapa, incluyendo la Argentina.

En un escenario en el que las nuevas generaciones se sienten desconectadas de los hábitos actuales de consumo, los generadores de tendencias se ven obligados a poner un stop a sus calendarios de novedad constante planteando la generación de menos prendas más duraderas, de modas alejadas de lo efímero y de usuarios orgullosos de repetir su vestuario, todas las veces que quieran o crean necesario.