La mejor expresión de la música electrónica y el regreso de un entrañable dúo local hacen juego con un álbum que reivindica el talento compositivo y la permanencia. Tríada de nueva (y vieja) música para el año que empieza.


We Will Always Love You

The Avalanches

Modular / Astralwerks

Se podría pensar que sólo tres discos editados en veinte años es poco para disfrutar de Robbie Chater y Tony Di Blasi, este dúo de australianos enormes e imaginativos. Y sin embargo son suficientes porque concentran su sustancia. Con Since I Left You (2000) abrieron un camino de vanguardia y renovación en la escena de la música electrónica. Llegó Wildflower (2016) y demostró que de la galera podían salir aún más conejos. Y en este nuevo trabajo esa certeza no sólo se refuerza sino que se expande, con 25 tracks que van del pop al soul, del trip hop al dance y del funky al hip pop, enlazados por texturas, sampleos o música original que trascienden el mero collage. Una especie de sinfín multigénero que invita a la escucha de una sentada y ellos trazan, al modo de un mapa continuo, junto a los más variados y célebres invitados (Tricky, Perry Farrell, MGMT, Johnny Marr, Leon Bridges, Jamie xx y siguen las firmas). Así como nos dieron la bienvenida al siglo XXI, los Avalanches, generosos, cerraron sus dos primeras décadas con un álbum acorde con su leyenda.

La última montaña

Moris / Antonio Birabent

Edición independiente

“Señores, de pie”, vocea el gigante Moris en “Nieva en Buenos Aires”, una de las cumbres de este trabajo que, como en Familia canción (2010), vuelve a reunirlo con su hijo, Antonio Birabent. La frase puede tomarse como una orden (está a punto de hacer su entrada en el tema Litto Nebbia, ese otro padre fundador del rock argentino) aunque en realidad es el llamado de atención sobre un suceso extraordinario. Y eso es lo que pasa en La última montaña antes y después de este tema que evoca aquella tarde/noche de 2007, cuando efectivamente nevó en la ciudad: a lo largo de nueve canciones, padre e hijo traducen el hecho inusual de sintonizar la misma frecuencia. El sabor porteño, existencialista y crepuscular de las composiciones de Moris descansa en el calmo poder de observación de Antonio, y de la mezcla surgen grandes temas. La cosa arranca con la preciosa “Porque el sol” (una épica con todo y campanas) y no hace más que mejorar. La familia (el arte de tapa es de Inés González Fraga, madre de Antonio) lo hizo de nuevo.

Greenfields. The Gibb Brothers’ Songbook, Vol 1

Barry Gibb

Capitol / EMI

Lo fácil: caerles a los Bee Gees por sus vaivenes entre el pop meloso que cultivaron desde sus comienzos y el éxito global logrado en los 70 vía el OST de Fiebre de sábado por la noche, falsetes incluidos. Lo difícil (para algunos): reconocer lo grandísimos que fueron como compositores. Esos complejos no afectaron a Barry Gibb, único sobreviviente del trío de hermanos australianos, y mucho menos al productor Dave Cobb, que atendió con diligencia su pedido de asistirlo en este álbum, donde varias de esas inspiradas composiciones son abordadas por Gibb y un elenco de estrellas de la música country norteamericana. Cobb logró tres cosas notables: no hacer un álbum bajo los preceptos del género; que los artistas –Gibb antes que ninguno– estén al servicio de esas bellas canciones (“Run to Me”, “How Deep Is Your Love”, “How Can You Mend a Broken Heart”, “Too Much Heaven”, entre otras), y que el trillado modelo “disco de duetos” se diluya, imperceptible, entre la simpleza y el buen gusto.