Santiago “Pancho” Monti visibilizó la pasión de la mujer por el fútbol y los colores de Boca a través de un proyecto fotográfico que cobró vida en 2014 y hoy sigue rompiendo moldes.


Como buen fanático del fútbol y del club de sus amores, Pancho Monti guardaba una colección de camisetas xeneizes en su ropero: no le faltaba el buzo retro que usaba el Mono Navarro Montoya en la época del 90, ni tampoco una de esos años firmada por todos los jugadores. Pero hace un tiempo atrás, después de una mudanza, muchas de esas reliquias quedaron en el camino. Y aunque eso lo entristeció, Pancho pensó que debía resignificar el hecho de alguna manera. Fue entonces que en 2014 sacó del encierro una camiseta Parmalat que aún conservaba, convocó a un grupo de mujeres fanáticas de Boca y se propuso retratar la pasión femenina por el fútbol y los colores azul y oro. “Pude unir mis dos pasiones: Boca y la fotografía. Pero Bomboneras nace del impulso de querer mostrar el fanatismo de las mujeres por el fútbol. Cada vez que iba a la cancha me encontraba con una realidad que no se mostraba en ningún lado, ni en los medios, ni en Internet, y eso me indignaba. Hice el clic y dije: lo tengo que empezar a mostrar”. Pancho conoció las historias de casi 90 mujeres e inmortalizó su proyecto en las páginas de un libro: un álbum puramente visual de 128 páginas en el que quedaron plasmadas las producciones y fotografías más disruptivas de la pasión xeneize. 

¿Qué tenía de especial la camiseta Parmalat?

—Era mi preferida. La usaba de chiquito y la conservé más que a ninguna. La tenía guardada en el cajón con mi ropa, la miraba y no podía creer que alguna vez había entrado ahí. Y a su vez, ya tenía los colores desgastados, algo que me pareció muy fotografiable.

—Te inclinaste por la idea de usar una sola camiseta. ¿Por qué?

—Porque me parecía que tenía más fuerza esto de la unidad que hay por Boca, que la camiseta fuera un símbolo y que todas las mujeres usaran la misma sin importar cómo le quedaba a cada una. Es el amor por una camiseta que, más allá de los distintos modelos, no deja de ser una sola.

—¿En qué te basás y te basaste para elegir a las Bomboneras?

—Al principio, sólo trataba de que fueran hinchas de Boca. Fue difícil en 2014, cuando no tenía cuenta de Instagram ni tantos contactos. Trabajaba con el boca en boca: “Mi tía es hincha de Boca”, “Tengo una amiga que va siempre a la cancha”. Ahora estoy más puntilloso con las historias, me puedo dar el lujo de elegir cuál me gusta más. Y lo que hago es generar un encuentro para conocer a la persona. He hecho grandes amistades así. Una de las Bomboneras, Yolanda, tiene 80 años y es la socia más antigua de Boca. Con ella hablamos casi a diario.

—¿Tenés una historia preferida?

—Hay una que me contaron hace poco, de una chica que tenía una cábala con su abuela, que era ver los partidos de Boca juntas. La abuela empezó a perder la visión, entonces lo que hizo ella fue empezar a relatarle los partidos. Se acostaban juntas y le iba contando las jugadas. También hay historias de chicas que se escapaban de las casas para ir a la cancha, travesuras de cuando eran chicas. Hay muchas y cada vez tengo más para contar. Es infinito esto.

—Antes de publicar el libro, no tenías relación con Boca a nivel institucional. ¿En qué momento te llamaron?

—Sí, antes de publicar el libro yo tenía miedo porque no le había pedido permiso a nadie. Dije: soy de Boca y quiero hacer esto, pero no sabía qué iba a pasar, pensaba que si se hacía conocido podía tener problemas. Al final, ocurrió todo lo contrario, porque a los tres meses del lanzamiento, Evelina Cabrera (presidenta de AFFAR), que es una referente del fútbol femenino, se reunió conmigo para contarme que Boca quería trabajar en conjunto. Lo primero que hicieron fue convocarme para una muestra en el club por el Día de la Mujer. Fue inolvidable para mí porque estaban todas las mujeres del club con la camiseta que decía “Bomboneras”, en las pantallas había fotos mías, me invitaron a fotear a todas las empleadas, desde la masajista hasta la recepcionista.

—Y el año pasado Nike te convocó para hacer la campaña oficial del equipo.

Sí, y estuvo buenísimo porque no sólo participó el plantel masculino. También estuvieron presentes jugadoras como Camila Gómez Ares, Cecilia Ghigo y Florencia Quiñones. Antes, ni en los medios ni en Internet se mostraba el fanatismo de las mujeres por el fútbol. Pero ahora, por suerte, eso está cambiando: las marcas de ropa y los clubes lo están empezando a mostrar.

—Hoy Bomboneras ya lleva seis años. ¿Cómo fue mutando el proyecto?

—Bueno, la camiseta que usé en el libro ya cumplió un ciclo. Es hermosa, pero iba a saturar si la seguía usando. Así que empecé a hacer fotos con camisetas distintas porque siento que eso enriquece visualmente al proyecto. Pensé que estaba bueno que cada mujer tuviera su propia camiseta. La Parmalat la inmortalicé, porque ahora la tengo hecha un cuadro arriba de mi cama. Cuando estaba en mi cajón, hice que renaciera. Ahora la volví a guardar porque está marcada otra vez.

—¿Pensás que va a volver a salir para una segunda edición?

Sí, ya me veo agarrando un martillo y rompiendo ese vidrio para darle vida otra vez. No creo que aguante mucho ahí colgada (se ríe).