El peluquero Esteban Paz nos habla de sus comienzos en el rubro y nos revela cómo fue apostar por su sueño abriendo su local en un tiempo intrincado.


“Un guerrero no busca la perfección, ni la victoria, ni ser invulnerable, busca ser absolutamente vulnerable, ese es el auténtico coraje” dice Dan Millman en su bestseller ‘El guerrero pacífico’. En esa sabiduría radica la clave para animarse a hacer lo que se desea porque, sin importar los resultados, uno se está siendo fiel a sí mismo y eso es invaluable. En un mundo cambiante y en un país con una economía golpeada, creadores, artistas y emprendedores buscan reinventarse poniendo a la incertidumbre como su mejor aliada.

Este es el caso de Esteban, el peluquero oriundo de Lomas de Zamora que, con más de veinte años de experiencia en el rubro, en medio de la cuarentena del 2020 se quedó sin la posibilidad de renovar el alquiler del local en el que estaba desde hacía más de una década “Me agarró en plena pandemia mundial, una locura total, sostuve una estructura lo más que pude, en ese momento no se sabía cuándo se iba a reactivar todo, hasta que me encontré en una situación límite: avanzar en volver a abrir otro espacio, cambiar de oficio o incluso irme del país. Tomé la decisión de arriesgar e invertir a full acá” explica.

Suena Enrique Bunbury en el nuevo salón, cálido y minimalista, recientemente inaugurado en el barrio de Palermo mientras “El Pela”, como le dicen sus amigos, se acomoda en la silla para seguir con la entrevista. Confiesa que por más que hoy es un apasionado de su oficio, de chico jamás pensó en ser peluquero ni trabajar con algo relacionado con la estética “Me acuerdo que ya había terminado el secundario, habían pasado las vacaciones de verano y mi mamá se dio cuenta de que si seguía así no iba a llegar muy lejos, así que me dio un ultimátum y me dijo – Nene, no podés seguir tirado acá todo el día, tenés que hacer algo con tu vida, mañana te comprás el diario y buscás trabajo-, no me quedó alternativa, estaba medio perdido pero vi la luz al final del camino, así que estoy eternamente agradecido a mi madre Gladys” cuenta orgulloso.

–¿Cómo fueron tus primeros pasos en el mundo del estilismo?

–Antes el trabajo se buscaba en los clasificados y así conseguí mi primera entrevista en una peluquería. Un amigo del barrio que tenía un salón me había dado unos tips muy por encima, me tomé el colectivo y me fui hasta Las Heras y Callao. Era la primera entrevista que tenía en mi vida y me tomaron, la verdad es que todavía no entiendo cómo, pero se ve que tenía que ser así. Era la peluquería ‘Fernando Guido’, que en ese momento tenía tres sucursales, una en Quilmes, otra en Martínez y otra en Recoleta. Pegamos muy buena onda con Fer (el dueño) y me apadrinó en el camino, estuve ocho años ahí.

–¿Con él aprendiste el oficio?

Sí, él me formó, fue una de las personas más creativas que conocí en mi vida, un profesional muy virtuoso y talentoso. Le debo todo lo que sé, aparte de las capacitaciones con las grandes marcas y el trabajo de campo que hice con mis tres hermanas mujeres que fueron mis conejillos de indias durante mucho tiempo, ¡pobrecitas!

–¿Las utilizabas como modelos?

Sí, cuando estaba arrancando las llamaba siempre, la que más me aguantó fue Natalia, mi hermana mayor que me ama y es lo más. Me acuerdo que una vuelta teníamos una capacitación con un técnico de coloración y necesitábamos una modelo, Naty había estado en la semana haciéndose corte y color y la llamé por teléfono desesperado y le pregunté – Negra ¿dónde estás?- -Saliendo de Tribunales- me contestó, ella es abogada, y le dije -Venite ya para acá por favor- y pasó de ser morocha a platinada en tres días. ¡Imaginate en el Poder Judicial como la miraban! a todo se prestó, fue mi primera clienta fiel.

–Tuviste tu propia peluquería Bangs durante doce años hasta que cerraste en la cuarentena del 2020. ¿Cómo fue ese paso y cómo decidiste abrir en otro lugar con el mismo nombre?

Me quedé sin el alquiler del local, sin poder trabajar y teniendo que sostener una estructura. Fue una mezcla de todo, pensé en cambiar de profesión, hasta evalué la posibilidad de irme a vivir afuera, pero la verdad es que yo soy muy argentino, me gusta estar acá, soy muy de mi familia, los amigos, así que decidí jugármela e invertir en un nuevo espacio: si logro que me vaya bien a mí y al equipo, está buenísimo y si pierdo, por lo menos no me voy a arrepentir de no haberlo intentado.

–El lugar es muy lindo estéticamente, ¿en qué te basaste para armarlo?

–La premisa siempre fue que la gente que está sentada en el sillón esperando, ya sea un turno o su proceso de decoloración, se sienta cómoda y relajada en un lugar cálido. Venir a la peluquería es como una terapia, es una experiencia para sentirte bien y verte mejor. Empezó a venir clientela nueva, aparte de los fieles de siempre, y es un desafío para todos, porque es una nueva conquista. Por el momento, el trabajo está avanzando y evolucionando muy bien.

–¿Sentís que tu apuesta valió la pena?

Estoy satisfecho con mi elección, igual esto es un día a día constante, estamos aprendiendo y viendo las necesidades minuto a minuto, nos estamos esforzando al máximo poniendo toda nuestra creatividad en juego. Yo intento siempre estar al cien por cien con la persona que estoy atendiendo y eso creo que la gente lo nota y se ve traducido en el resultado final. Pero es importante destacar que sin un equipo de trabajo que te apoye, te acompañe y que confíe en vos, sería realmente imposible, estoy muy agradecido a la gente que labura conmigo.

CONTACTO IG: @bangshairboutique