Dueña de una sensibilidad única, la supertalentosa cantautora acaba de presentar ANRMAL, su primer disco en vivo grabado íntegramente en un festival de México, y reflexiona sobre el presente de la música y la concepción de los artistas.


“Un día voy a hacer todo distinto/ voy a arreglar la ventana de atrás/ voy a cantar las canciones sin letra/ Y cada uno podrá imaginar/ si hablo de amor, desilusión/ banalidades, sobre Platón/ si hablo de vos o de tu olor/ si hablo de música, nuestra pasión”, dice Juana Molina en la canción “Un día punk”, que abre su primer disco en vivo, ANRMAL, grabado a principios de marzo –antes de que el mundo se detuviera por la pandemia que trajo el covid-19– en el marco del festival NRMAL en México y publicado a fines de octubre. “La gracia de este show es que no sabía que lo estaban grabando. Fue una decisión que se tomó y me enteré cuando terminó el concierto”, dice del otro lado del teléfono, y agradece que un poco se haya dado así, sin su conocimiento previo, porque fue una manera de combatir ese porcentaje de autoboicot que se le presenta cuando graba y hay testigos.

El inicio de Molina en la música no fue sencillo: recibió muchas críticas y la prensa de aquel momento, más que preguntarle por ese universo, insistía en saber por su destino como actriz. A mediados de los 90, la cantautora decidió detonar su meteórica fama en la televisión –atrás quedaron sus participaciones en La noticia rebelde, su trabajo con Antonio Gasalla, el apogeo de popularidad que alcanzó con Juana y sus hermanas y las nominaciones al Martín Fierro– y se dedicó a hacer canciones. “Un día voy a hacer todo distinto”, dijo ella, y así lo hizo. Debutó con Rara (1996), bajo la producción de Gustavo Santaolalla; se bancó las críticas, las omisiones en los diarios y en las radios (no querían pasar sus canciones), y cuatro años después sacó Segundo, obra bisagra en su carrera. “Es el único disco que hice sin ninguna presión, y de hecho es para mí el álbum más importante porque abre el camino a todo lo que hice después. En ese disco está todo”, dice.

En Segundo apostó a incorporar nuevos elementos sonoros y decidió grabar sin banda, sola en su casa, con sus máquinas, teclados y guitarras. A través de este disco alcanzó mayor popularidad y le fue mejor en las críticas. Incluso fue uno de los discos favoritos de David Byrne; el ex líder de Talking Heads la invitó como telonera durante una gira por los Estados Unidos. Las canciones de Molina son una especie de trinchera en la que todavía queda lugar para el juego y la experimentación. A lo largo de su carrera edificó un mundo de melodías nuevas e hipnóticas, un mundo paralelo, alejado de los bosques de pantallas y repleto de misterios artísticos, que más que buscar respuestas, persigue la pregunta de lo existencial. Al día de hoy cosecha siete discos de estudio (el último que se conoció fue Halo, en 2017) y este nuevo álbum en vivo por el cual atiende a El Planeta Urbano.

“Hago lo que me sale y necesito componer en un estado muy particular en el que me dejo llevar y siento que realmente no soy yo la que está haciendo las cosas. Paso a ser como una turista que lo mira.”

–Varias veces dijiste que te da miedo olvidarte las letras. ¿Te ayudó no saber que te estaban grabando para este disco en vivo?

–No tengo miedo de olvidarme las letras, me pasa que me las olvido porque, justamente, me copo con la música. Tener que decir algo me baja un poco a tierra, y los mejores momentos musicales vienen acompañados probablemente de un olvido de letra. Es un clásico. No sé si todos los shows que grabamos y no salieron bien fue porque supe con anticipación que se iban a grabar. Es probable que haya un factor de autoboicot.

–¿Grabar en un estudio, fuera de tu casa, te lleva a la misma sensación?

–Sí, porque hay testigos. Cuando grabo en mi casa no hay nadie, hago cualquier cosa, y si no me gusta, nadie se entera. Hago lo que me sale y necesito componer en un estado muy particular en el que me dejo llevar y siento que realmente no soy yo la que está haciendo las cosas. Paso a ser como una turista que lo mira. Cuando salgo de ese estado, al día siguiente o más tarde después de que grabé, lo escucho y decido. En general, las cosas que hago cuando entro en ese estado me gustan todas. Pero justamente cuando hay alguien no puedo ponerme así, es imposible. Necesito ese momento de soledad total para poder entrar en una profundidad más verdadera, más pura. Que no está afectada ni infectada de pensamientos, de ideas o de algo ajeno a la cosa en sí. Es eso en estado puro y me parece que de ahí sólo pueden salir verdades.

“Sé que es anticomercial que una canción no tenga letra porque no hay una gran cultura de escuchar música instrumental, pero eso es un tema que está más allá de lo que pueda hacer.”

–En algunas entrevistas has hecho notar tu particular relación con el silencio y la necesidad de encontrarte con esos momentos. ¿Para la composición también necesitás ingresar primero en ese estado?

–No lo relacionaría mucho con el silencio. Me parece que el silencio es un estado medio contemplativo en el que entro y estoy en paz. Pero la composición es un viaje y yo estoy como observadora de lo que está pasando. Siento que hay algo que se hace solo. Eso solamente pasa después de varios días de trabajo. De golpe entro en una: la de la música pura y un estado de abstracción total.

–En la canción “Un día punk” decís que vas a cantar las canciones sin letra, e inevitablemente lo primero que surge es: ¿qué grado de importancia tienen los textos en tus canciones?

–A mí me transporta más lo musical sin la letra, aunque después me aparece la contradicción de que para cantar esas melodías me exigen letras. Sé que es anticomercial que una canción no tenga letra porque no hay una gran cultura de escuchar música instrumental, pero eso es un tema que está más allá de lo que pueda hacer. Yo escucho mucha música instrumental y cuando escucho música con letra no le presto atención, excepto que sea muy llamativa o muy fea y que sobresalga, que sea un espanto y que arruine la canción. Me empezó a pasar de grande con las letras en inglés. Ahora que entiendo, digo “qué lástima”. Me gustaba mucho más antes, cuando me parecía que era un mundo interesantísimo, y ahora resulta que era una pavada lo que estaba diciendo. Pero también hay letristas que me gustan y me emocionan. Es raro lo que me pasa con las letras. A veces siento que necesito una letra para determinada canción y a la vez siento que eso la ancla en un significado y que no es más una nube viajera.

–Cuando mencionás la palabra “anticomercial” se vislumbra un poco la clave de tu carrera. Siempre de espaldas al mercado, sin ninguna especulación de por medio.

–La música y el baile están muy arriba de todo lo demás, entonces si yo dejé una carrera exitosísima en televisión para hacer lo que me gusta, lo único que falta es que lo haga con fines de lucro. A mí lo que me gusta de la música es que me provoque ese viaje en el que todo desaparece y solamente está el resultado. Ni siquiera deberías poder identificar los instrumentos. Cuando empezaste a distinguirlos ya hay un poquito de fracaso. Para mí tenés que recibir la cosa esta que estas escuchando, la música, de una manera que te provoque algo que no tenga nada que ver con los instrumentos que la interpretan. Es como un cuadro. Cuando lo mirás, te impacta o no te impacta. Si te impacta es por la emoción, pero no tiene nada que ver la pincelada, ni los colores, ni la brocha que se usó. Después lo podés desmenuzar y hacer el análisis, pero esa debería ser una instancia posterior. En mi caso, no pienso o evito lo comercial, yo voy a la música y si eso es comercial o anticomercial es algo que me supera.

–¿Dentro de tu herramental compositivo existe lo premeditado?

–No me gusta cuando hay una intención teledirigida de decir “ahora voy hacer un firulete con la voz para que parezca que canto genial” (exagera un sonido agudo para ejemplificarlo). No haría eso jamás porque me sentiría una mamarracha. Siento que tiene que salir de un lugar que la verdad no sé cuál es, pero sí sé que no tiene nada que ver con el mental. El pensamiento es el enemigo de la creación.

–Pensando en esta actualidad asediada de imágenes y con lo visual conquistando todos los espacios, ¿cómo te relacionás con la realización de un video desde tu lugar de artista?

–Me deprime un poco el tema del video. A mí me gusta poner play y escuchar y que las imágenes me las proponga la música, no el video. Siempre es divertido hacerlo si tenés una buena idea, pero me deprime. Igual no es que soy completamente marginal, algunas concesiones hago. Pero no tengo tantos videos. Si la letra es un ancla de la canción, el video directamente es una celda. En vez de meterte en la música, lo asociás a una imagen completamente figurativa; aunque la imagen sea abstracta, igual estás poniendo algo fijo en el espectador y empieza a cobrar más importancia eso que la música. Pero esto pasó siempre, el tema es que ahora se volvió una cosa medio imparable que está llevando a la confusión de algunos que piensan que un buen y superincreíble video te hace mejor.

“Algo tiene que haberse movido todo este tiempo. Se fueron cayendo cosas superfluas, innecesarias. Para hacerlo más evidente: darnos cuenta de que no necesitamos consumir tanto.”

–¿Ocupa más lugar que la obra?

–Todo empieza a ocupar más lugar que la obra, hasta los músicos ocupan más lugar. Si vos hacés algo en ese estado, en el que las cosas se dan y es como una magia que ocurre, después queda el disco, y vos no sé, podés ser un gil. No importa. Como tampoco importa la destreza, que ahora también está de moda. Cuando escuchás Ravel o Beethoven, nadie sabe nada ellos. Ni siquiera se sabe cómo tocaban sus obras.

–¿A partir de esta “nueva normalidad”, donde se empezaron a permitir más cosas, estás planificando algún tipo de presentación en vivo o por streaming?

–Estoy pensando en hacer algo, pero distinto. Con otro clima y en un estado poscuarentenal. Algo tiene que haberse movido todo este tiempo. Se fueron cayendo cosas superfluas, innecesarias. Para hacerlo más evidente: darnos cuenta de que no necesitamos consumir tanto. Como primera medida, eso me parece genial. Sé que va en contra de todas las economías, pero como para mí las economías están todas equivocadas, quizás tengo una idea medio utópica de lo que debería ser, pero esto me parece que fue un cambio muy importante.