En uno de los estrenos de Netflix más importantes del año, el director de Pecados capitales, La red social y El club de la pelea ensaya su mirada sobre un hecho artístico definitivo en la historia del cine: la concepción de Citizen Kane, la obra maestra de Orson Welles.


Con un prestigioso pasado como director publicitario y una exitosa trayectoria como responsable de videos musicales para artistas del nivel de Justin Timberlake , Madonna, Sting, Michael Jackson, The Rolling Stones o Aerosmith, David Fincher supo conjurar los prejuicios que esas ocupaciones podían generar ante los paladares más exigentes y hoy se ha ganado un lugar que lo encumbra como uno de los principales cineastas estadounidenses de este siglo.

A los 58 años, David Andrew Leo Fincher ha producido dos series icónicas para Netflix, las inolvidables House Of Cards y Mindhunter. Cuenta con once largometrajes en su haber, en una filmografía que incluye adaptaciones de fenómenos literarios, como Perdida, El Club de la Pelea y La Chica del Dragón Tatuado; pesadillas urbanas desplegadas en Pecados capitales, La habitación del pánico y Al filo de la muerte; y el costado más obsesivo de su personalidad, retratado en la inabarcable búsqueda de Zodíaco, convertido bajo la cámara del realizador en el Moby Dick de los asesinos seriales.

Hombre que se encarga de poner relatos ajenos en imágenes, es un admirable director de actores. Intérpretes como Brad Pitt, Kevin Spacey, Rooney Mara, Rosamund Pike, Mark Ruffalo, Helena Bonham Carter y Jake Gyllenhaal, han logrado algunos de sus mejores trabajos de su mano. Él puso el ojo en Kristen Stewart antes de que fuera la estrella de Crepúsculo, supo convertir en buen actor a Ben Affleck y le demostró a Daniel Craig que había vida más allá de James Bond.

Auténtico orfebre de la imagen, Fincher concreta su propuesta más personal y ambiciosa hasta la fecha con Mank, estreno de Netflix de este viernes 4 de diciembre. La primera película que el realizador se anima a filmar enteramente en blanco y negro recrea la vida del guionista estadounidense Herman J. Mankiewicz, y en especial el mítico rodaje de El ciudadano, la obra maestra de Orson Welles.

Podríamos estar hablando de un caso de justicia poética. Orson Welles se inspiró en el magnate mediático William Randolph Hearst para construir a Charles Foster Kane, el imponente protagonista de El ciudadano, y a su vez, para definir una época. Fincher emuló esa construcción cuando le tocó el turno de diseccionar a Mark Zuckerberg  y a la controvertida creación de Facebook en La red social, en la que la genialidad de Zuckerberg se veía opacada por su egoísmo y su torpeza para relacionarse con otros seres humanos, un individuo carente de empatía al que Jesse Eisenberg encarnaba en forma brillante.

Para Fincher el Mank a cargo de Gary Oldman se transforma en una criatura cercana y entrañable, ya que nace de un guión escrito por su propio padre -el periodista Jack Fincher , fallecido en 2003 y que tardó treinta años en filmarse.

Con Mank convertida en la principal apuesta de la temporada para Netflix , aparece el desafío por el que ya transitaron Roma, El Irlandés e Historia de Un Matrimonio y por el que ya sucumbieran en el intento. En un año casi sin estrenos representativos en las salas, Netflix confía en que finalmente Mank logre el primer Oscar a la Mejor Película para la plataforma de streaming y que no aparezca en el camino ningún equivalente de Parasite o Green Book para arruinar un momento que ya empieza a saborear.

Mank se posiciona para lograr alrededor de una decena de nominaciones (Película, Director, Actor Protagónico, Fotografía, Diseño de Producción, Vestuario, Guión Original y Música Original, entre otras) mientras que Fincher se encuentra ante la posibilidad de ganar su primera estatuilla como Mejor Director, algo que se le negó las únicas dos veces que estuvo nominado por sus trabajos en La red social y El curioso caso de Benjamin Button.

Resultaría paradójico que Mank tuviese una noche triunfal en los Oscar que este año se entregarán el domingo 25 de abril al recrear el detrás de escena de un film antológico, considerado además como uno de los mejores de la historia pero con suerte esquiva para dichos premios.

Ubicada en un podio imaginario para los cinéfilos junto a Vértigo, de Alfred Hitchcock, y El Padrino, de Francis Ford Coppola, El ciudadano tuvo nueve nominaciones al Oscar y apenas obtuvo uno por el guión compartido entre Mankiewicz y Orson Welles.

Seguramente, mucha gente vuelva a ver Mank en 2021 cuando se cumplan ochenta años del estreno de El ciudadano. Será como completar un círculo perfecto entre un mundo que estaba en guerra y otro atravesado por una pandemia; y entre dos personalidades con altas dosis de megalomanía, poco proclives a los compromisos y a las concesiones, perfeccionistas e innovadores. Dos autores cinematográficos del calibre de David Fincher y Orson Welles, con Herman J.Mankiewicz, “Mank”, como el tercero en discordia.


RETRATO EN BLANCO Y NEGRO
Por Marcelo Pavazza

Mitad biografía de Herman “Mank” Mankiewicz, mitad registro (entre real y ficcional) de la génesis de El ciudadano, Mank es una película lustrosa que en perlado black & white aborda temas diversos narrándolos desde “adentro” del cine. El tema principal parece ser la escritura del guión del célebre filme a cargo de Mankiewicz (Gary Oldman), a quien un tiránico Orson Welles (Tom Burke) mantiene en una casa del desierto de Mojave, trabajando contra reloj hasta que le entregue el script, con una pierna escayolada y su adicción al alcohol controlada por su socio, John Houseman (Sam Troughton), una enfermera alemana y una joven asistente británica. Pero esa es sólo la excusa: Fincher va y viene en el tiempo para mostrar
dónde arranca la tirria de Mank no sólo hacia William Randolph Hearst, el magnate de los medios vilipendiado en su guion (en ese sentido, es fundamental el personaje de Marion Davies, la actriz y amante de Hearst, en notable composición de Amanda Seyfried), sino también hacia el sistema de estudios al que a regañadientes pertenece, con sus capos y su cadena de producción, factoría de algo más que películas (una candidatura a gobernador de California, por caso). Filme acaso de ambiciones más grandes que sus alcances, Mank encuentra en Oldman (“Su personaje evalúa el mundo que lo rodea como si fuera un espejismo cómico y él fuera lo único real en él”, apuntó con certeza la crítica Stephanie Zacharek) el intérprete ideal para ese hombre trágico y genial que finalmente solicitó (y tuvo) el crédito que creía no necesitar.