El nuevo Chevrolet Onix suma equipamiento de última tecnología para mejorar tu experiencia de manejo, y Nico Occhiato, embajador de marca, nos cuenta cómo es sumergirse en un vehículo preparado para superar las expectativas de los más exigentes.


“La verdad es que el auto es espectacular, tiene un andar hermoso. Yo no venía manejando con caja automática y ahora se me va a hacer difícil volver a la manual si tengo que hacerlo en algún momento. El último verano tuve que ir a la costa por laburo; en una semana habré tenido que viajar dos o tres veces y fue un placer manejarlo en la ruta con el turbo, es un 10 en todo sentido”, cuenta Nico Occhiato, y agrega: “Después llegó la pandemia y, por suerte, me seguí moviendo. El programa que tenemos en canal 9 los sábados a la noche se hacía desde el estudio, entonces, una vez por semana al menos salía de mi casa y agarraba el auto. Me vino bien poder salir a la calle, cruzarme con otras personas, me despejaba y me daba un respiro entre todo lo que se estaba viviendo, sobre todo en los primeros meses de pandemia. Por ahí lo que más sufrí fue no estar con mi familia, no poder ver a mis abuelos, pero, por otra parte, el encierro hizo que hablara diariamente con ellos porque sabía que eso los iba a ayudar a que estén mejor; antes por ahí no los llamaba tanto. Hacíamos videollamadas, les pedía que grabaran contenido para mis redes y los hacía, por un rato, olvidarse de toda esta locura. La verdad, creo que ellos la pasaron mal estando encerrados y no pudiendo tener la visita de sus nietos, por eso traté de estar presente de alguna manera desde la distancia”.

–Transitaste otras carreras antes de ser locutor y formar parte de la TV. ¿Cómo fueron esas experiencias hasta encontrar aquello que te gustaba?

–Antes de trabajar de lo que laburo ahora pasé por bastantes rubros. Primero, cuando terminé el colegio, como no me gustaba nada para estudiar, mis viejos me mandaron a trabajar. Mi primera experiencia fue en un reparto de pan con mi tío. Básicamente, era despertarme a las 3 de la mañana e ir con un camión a cargar a la fábrica y después repartir en varios supermercados. El horario era tremendo, estábamos así hasta las 2 de la tarde, y eso lo hice casi un año, diez meses, más o menos. Después de eso, y gracias a la ayuda de mi vieja que vio que no podía más con mi vida, pasé a trabajar con mi viejo, que tiene un corralón de materiales. Ahí fui fletero, me dio un camión chiquito para que hiciera entregas pequeñas. Ahí laburé casi un año más, y transitando todo eso me di cuenta de que necesitaba estudiar. En ese momento me gustaba mucho el derecho, así que arranqué la carrera de Abogacía y en el medio conseguí laburo en el Bingo de Adrogué, en la parte de legales, como para ir ganando experiencia como abogado. Estuve dos años ahí mientras estudiaba; de hecho, tengo pendiente para recibirme año y medio, porque abandoné cuando apareció el casting de Combate, y eso fue lo primero que me introdujo en la tele. En ese momento ni la pensaba, tenía la tele prendida de casualidad, no veía el programa. Me llamó la atención que hacían juegos que requerían entrenamiento físico, y yo estaba muy metido con el gimnasio, así que me anote en el casting, participé y a los tres días me avisaron que había quedado preseleccionado entre los primeros veinte; sólo diez quedaban en el programa. Me hice los estudios, aprobé todo y ahí arrancó toda esta locura.

–¿Considerás que estos trabajos fueron importantes para que hoy estés donde estás con los conocimientos que tenés?

–Sí, creo que todos fueron fundamentales. Todo lo que pasé me ayudó a adquirir experiencia y mamar la cultura del trabajo para convertirme en el profesional que soy, por más que los laburos anteriores no tengan nada que ver con mi trabajo actual.

–Con la popularidad comenzaron a llegar ciertos beneficios, entre ellos el de las marcas que se asocian a vos. ¿Cómo te encontrás representándolas?

–Bien, la verdad es que es algo que me gusta. Trato de analizar cada propuesta que me llega, cada marca, que cada una de ellas tenga y quiera comunicar los valores que priorizo, que el producto sea bueno. En publicidad siempre ponés tu imagen, por lo que nunca es un buen negocio formar parte de algo que no te representa, porque poner tu cara ahí es pan para hoy y hambre para mañana. Es bueno recomendar productos o servicios con los que te sientas cómodo, porque eso construye relación a largo plazo con quien te contrata.

–¿Qué función cumple un embajador de marca?

–Un embajador viene a ser un representante de la marca. Uno tiene la responsabilidad no sólo con quien lo contrata sino también con la gente, y tiene el poder de ofrecer un feedback orgánico y real. Todas las marcas con las que yo laburo son etiquetas que les recomendaría a mi familia y amigos. Esa es la clave.

–Y puntualmente con Chevrolet, ¿cómo se generó el vínculo? ¿Hace cuánto?

–El vínculo con Chevrolet comenzó hace más de dos años. Cuando me llegó el ofrecimiento fue muy lindo porque es una marca que siempre me gustó, de hecho, tanto mi familia como yo, cuando era más chico, hemos tenido autos Chevrolet. Cuando te llega una propuesta de una marca que uno ya consumía previamente se te cumple el sueño, ¡no lo podés creer! Y después, cuando empezás a conectar con la mentalidad de la marca, la forma de comunicar, que te dan la libertad para tener una comunicación orgánica y encima completamente alineada con tus valores, te terminás de sentir supercómodo. Con Chevrolet siempre fue así, siempre están innovando, siempre escuchan mis ideas. Al ser productor, me gusta involucrarme desde cero con cada propuesta, sea para Chevrolet o cualquier marca, y desde este aspecto siempre me dieron una libertad hermosa para trabajar. Y ni hablar del placer de manejar el nuevo Onix, que es una bomba y se disfruta muchísimo.

–Encontraste la manera de continuar con tu programa desde tu casa, ¿notaste cambios en la audiencia durante la pandemia?

–Sí, el programa semanal, Tenemos wifi, que durante la pandemia lo tuve que hacer desde mi casa, fue totalmente distinto, nada que ver con lo que estábamos acostumbrados a hacer desde el estudio. Pero nos fuimos amoldando, y el público, por suerte, reaccionó y nos acompañó muy bien. De hecho, nos agradecían que siguiéramos activos en ese momento en el que la cuarentena era más estricta, cuando no había mucho para hacer o prendías la TV y todos estaban hablando de lo mismo y nada te sacaba de ese lugar. Nosotros, en el programa, nunca tratamos ese tema en sí, buscábamos que la gente conectara con otra cosa y se olvidara por un rato de lo que estábamos viviendo. Algo muy loco que nos pasó es que crecimos muchísimo en audiencia durante la pandemia.

–¿Y con respecto a la conducción?

–Y en la conducción es una forma distinta también. Es raro hacerlo sentado en tu escritorio, desde casa. Para mí era como estar haciendo radio por Zoom. Pero también, gracias a esto, tuve más tiempo libre para dedicarme a proyectos personales que por suerte pude concretar. Hace poco estrené LUZU TV, que es un canal propio junto con una agencia con la que vengo trabajando hace tiempo. Tenía muchas ganas de tener mi propia productora para tirar mis contenidos, mis propias ideas y poder ofrecer diversidad al público que me sigue y construir nuevos contenidos.

–¿Tuviste algún tipo de aprendizaje o experiencia puntual que te llevó a cambiar algunos aspectos de tu vida en los últimos meses?

–Aprendizaje no, pero sí cambios. De hecho, surgió este proyecto de LUZU TV, y debo reconocer que yo cambié mucho. Estar separado de la gente que quiero me ayudó a que pudiera expresar mis sentimientos, que es algo que antes me costaba mucho.