La labor de este periodista cultural va mucho más allá del entusiasmo por hacer circular la palabra escrita. Lo plasmó primero en un podcast y luego en un club de lectura que es como un Tinder literario, donde se intercambian textos y las personas se encuentran. El poder de una pasión.


Las hojas secas de un libro viejo se yerguen firmes en una biblioteca. Antes, en algún momento, en otro momento, fue manoseado, anotado, consultado: leído. Mientras la vida sigue, ese libro también sigue ahí, como un amasijo de tinta y papel. “Si un libro no está siendo leído, no es nada”, apura Nacho Damiano, responsable de Pila de Libros, un proyecto de divulgación literaria que se posa en la recirculación.

“Posibilita una nueva vida para el libro”, sigue Damiano, que es periodista, académico y crítico. Su proyecto, una especie de Tinder entre libros y lectores, tiene su nudo en la pasión por la lectura. Y también en los intercambios que sostuvo durante años con la cantante y poeta mexicana Julieta Venegas, otra ávida lectora. “Nuestras charlas eran 90 por ciento de literatura. Hablábamos sobre qué leíamos y qué nos flasheaba. Tenemos lecturas muy diferentes”, continúa. Enseguida, después de “nerdearla” muchísimo y tras comentar fervorosamente los poetas ingleses y los grandes autores de la literatura argentina, surgió la idea de armar un podcast. “Ese fue el motor principal de todo esto”, reconoce. Así, la tensión entre la lectura ecléctica y feminista de Venegas y la formación académica de Damiano generó un sorprendente monstruo de dos cabezas. Dos miradas que, por distintas, se complementan al dedillo: la sensibilidad poética y el bagaje entomológico de la crítica.

Por estos días, Pila de Libros ya cosecha 18 mil usuarios. Allí se habla de traducciones y hay sorteos y reflexiones.

¿Cómo hacer que los invitados se entusiasmen? “Los escritores suelen estar acostumbrados a que les pregunten siempre lo mismo. Pero antes de ser escritores son buenos lectores. Porque suelen leer mucho y bien”, explica Damiano. Así, el formato de podcast se ajustó a su demanda: un autor invitado conversando sobre su obra favorita. Y, por ahí, una primera temporada de ocho episodios producida por la plataforma Congo.fm. Aquí, entonces, se destacan desde la lectura oscura de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, por parte de Mariana Enriquez, hasta la obsesión por las oraciones subordinadas de Glosa, de Juan José Saer, vía Martín Kohan.

Mientras tanto, las redes significaron un barco de apoyo para el proyecto. “Subía contenido complementario para apoyar al podcast.” Así las cosas, Damiano y Venegas tenían entre manos una segunda temporada (“con unos invitados que son una bomba”), pero llegó la pandemia. “‘¿Por qué no la hacemos por Zoom?’, pensamos. Pero la verdad es que el podcast tiene un clima de intimidad que sólo se logra en vivo. Entonces, como ninguno vive de esto, no nos apresuramos”, cuenta. Por caso, la edición de Martín Messutti le da a Pila de libros un plusvalor: los efectos, la posproducción, el acabado final. Un buen podcast es, también, una buena edición.

En simultáneo, y con la segunda temporada en stand-by, la comunidad fue creciendo. “Pasó de ser apoyo del podcast a ser la nave insignia. Le empecé a dar mucha manija a la comunidad.” Por estos días, Pila de Libros ya cosecha 18 mil usuarios. Allí se habla de traducciones, hay sorteos y reflexiones. “La comunidad me empezó a entusiasmar un montón.”

Y, entre tanta bulla, una idea superior: encontrar nuevos lectores para libros ya leídos. “Siempre canjeé libros. Iba al parque Rivadavia y si veía una edición barata de Ficciones, de Borges, la compraba. Es un buen libro para canjear. Siempre lo pensé como una manera muy precaria de cambio, como para mí. Se me ocurrió esto: pongo el posteo, los usuarios ponen dónde viven, qué ofrecen y qué buscan. De ese intercambio, los dos se llevan un libro nuevo.”

Intempestivamente, con esta modalidad se hicieron unos 300 cambios. Lograron matchear lectores de latitudes como Montevideo, Barcelona, Madrid, Berlín, Buenos Aires y de casi todas las provincias argentinas. Se va un libro, viene otro. “La gente se copó, cada semana era más grande.” ¿Qué día subían ejemplares para “tinderear”? “Los viernes, para tener el fin de semana para cambiarlo.” El primero que intercambió Damiano bajo esta modalidad fue Los hermanos Karamazov, de Fiódor Dostoyevski; lo hizo por Si esto es un hombre, de Primo Levi.

Con este envión, el crítico cultural advirtió que la comunidad podía crecer si se le daba un marco más grande aún. Por eso, se juntó con un equipo de desarrolladores (Codify) y montaron una especie de web. “La lanzamos el 15 de octubre y la tuvimos que bajar porque se subieron 700 libros, de siete países, en seis horas. Nos empujaron al límite de la excelencia. Tuvimos que mejorar el sistema y hoy se banca unos 40 mil libros.”

Después de un 2019 con números delicados y con un 2020 sacudido por la pandemia (“para las editoriales, el macrismo fue peor que el coronavirus”), muchos lectores quedaron diezmados. “Es un tópico muy gorila ese de ‘la gente no lee’. Tal vez no tenía la moneda para comprarse un libro. Quiero que esto aporte al incentivo de la lectura, para que sea un derecho y no un privilegio. Yo no soy el Estado, pero hicimos esto para aportar y para revitalizar a los libros”, embiste.

Además, Damiano reconoce en el intercambio –donde nunca media el dinero y esa es su única condición– una ganancia ecológica. De su boca: “Ya talamos el árbol, usamos el horno, consumimos gasoil, rompimos el planeta para hacer este libro. Bueno, usémoslo una vez más. Igual, entiendo el dilema ético, porque también ‘es un libro menos’”.

“Es como un club. Te encontrás con alguien que vive cerca de tu casa y que tiene un libro que querés leer. Por ahí no va a ser tu amigo, pero es posible que vuelvas a hablar.”

¿Por qué alguien canjearía un libro? “Muchísimas gente consume literatura como yo consumo cine. Si ya vi varias veces Forrest Gump, no sé si la voy a volver a ver unas 50 veces más. Por ahí alguien ya leyó una obra y no la va a leer de nuevo. Eso permite el intercambio”. Asimismo, el desarrollo, el avance y la popularización de la comunidad subrayó un efecto colateral: encontrarse con gente más allá del intercambio de libros. “Para personas muy lectoras es difícil encontrar un partner. Suele ser una pasión secreta y solitaria”, comenta.

Entonces, ¿es una especie de red social? “Un poco sí”. En breve, Pila de Libros sumará un chat interno, notificaciones y algunos nuevos skills. “Lo que tiene de superador es que todo empieza en la compu y trascendés la web. Es como un club. Te encontrás con alguien que vive cerca de tu casa y que tiene un libro que querés leer. Por ahí no va a ser tu amigo, pero es posible que vuelvas a hablar. Se arma otro mambo”, Damiano dixit. De esta manera, los intercambios suelen ir acompañados por alguna golosina, lápiz, separador o atención. “Estás armando una relación.”

Entre los títulos más hiteros de Pila de Libros, Damiano menciona a los canónicos (García Márquez, por ejemplo) y asume otro diferencial: la literatura contemporánea de editoriales independientes. “Acompañamos el fenómeno de las suscripciones literarias. El libro se lee y se lo pone a girar. Entendimos que hay que bancar a las editoriales independientes argentinas. Si una cierra, los diez libros que no se publican, no los va a publicar nadie. Editorial que desaparece, libros que no se publican.”

Por caso, Pila de Libros también acompaña la labor de editoriales independientes (Eterna Cadencia, Godot, La Bestia Equilátera, Sigilo, Entropía e Interzona, entre otras) y fomenta al sistema literario argentino. “Con Pila de Libros se junta la calidad de la lectura más un apoyo ético y político, que hace que la literatura esté circulando muchísimo”, concluye Damiano. Y en su gesto, las hojas secas de un libro viejo se mueven entre los dedos para, una vez más, volver a su auténtico fin: ser leído.