Nacida en 2020 y puesta en circulación hace menos de seis meses, los argentinos que buscan financiación para sus proyectos ya la eligieron, gracias a su repercusión en redes sociales, como la aplicación del momento. Su ideólogo, Damián Catanzaro, detalla qué lo inspiró para crearla, explica su constante crecimiento y cuenta cuáles son los próximos pasos a dar.


Si la #passioneconomy, también llamada hustle economy (“economía del rebusque”), se ha vuelto casi una constante laboral de los tiempos que corren, además de un término cada vez más familiar cuando hablamos de las plataformas o sitios que le permiten a los creadores, artistas y emprendedores capitalizarse en base a sus comunidades, llama la atención el furor que protagoniza la aplicación local Cafecito.

Ideada para que las personas puedan dar y recibir micro-aportes (justamente al precio de un cafecito), comenzó como un fenómeno de nicho que hoy amenaza con convertirse en un fenómeno con todas las letras y quizás servir de inspiración para otros desarrollos. Sobre todo teniendo en cuenta que el panorama local en este sentido está bastante verde, a diferencia de los EEUU, donde la passion economy mueve muchísimo dinero al año y existen distintos sitios como Patreon para autofinanciarse y conseguir mecenas.

“Los números fueron increíbles desde el día uno: Cafecito se lanzó el 29 de mayo y ese día tuvo aproximadamente 1500 visitas, 200 usuarios creados y un montón de cafecitos mandados. Al día de la fecha ya hay más de 7500 cuentas creadas y pasaron más de 200 mil personas por la plataforma”, cuenta Damián Catanzaro, programador de tan solo 25 años e ideólogo de la app que se ha convertido en la favorita de todo emprendedor argento.

Para los que no saben cómo funciona, es simple: uno se registra, crea un perfil, establece metas de autofinanciamiento o goals y el precio del cafecito que otros pueden “invitarte”. En este sentido se busca que la propia comunidad o cualquier otro benefactor banque proyectos que son tan variados como una revista, un podcast, una plataforma de gastronomía o un newsletter, a personas que pueden ser artistas gráficos o digitales, profesores y hasta streamers.

En una economía golpeada y con una creciente informalización del mercado laboral –es decir, más gente trabajando por cuenta propia– Cafecito se vuelve una manera concreta de monetizarse. Otro fenómeno interesante asociado a la plataforma fue cómo el fenómeno se extendió vía redes sociales, fundamentalmente Twitter. De esto y más charlamos con Catanzaro.

–¿Cómo y por qué arrancaste Cafecito?

–La primera idea de Cafecito arrancó en febrero charlando entre amigos, diciéndoles que me gustaría poder vivir de crear contenido sobre programación o hacer proyectos de ese estilo, buscando diferentes herramientas para financiar esto; me encontré con varias de afuera pero todas cobraban en dólares y montos bastante altos para nosotros, así que se me dio la idea de crear una versión muy minimalista de alguna de estas. Pegó mucho en Twitter y la seguí expandiendo hasta que el 29 de mayo salió la plataforma que hoy en día se conoce como Cafecito.

¿Qué fue lo primero que observaste de la comunidad, algo que empezara a pasar y que en términos de comportamiento te sorprendiera?

–Algo que vi que generó todo esto fueron nuevas frases o términos, como «pasame tu cafecito» o «hacete un cafecito»; y creo que es algo sumamente importante que una comunidad empiece a adoptar estos conceptos en base a una plataforma. Después se me acercó un montón de personas para agradecerme, darme consejos y sugerencias de qué les serviría a ellos.

¿Cómo creció la “comu”?

–La comunidad empezó inicialmente a crecer vía Twitter y se expandió muy rápido a Instagram; al poder compartir un perfil se genera una bola de nieve en las redes sociales donde una cuenta comparte su perfil, otras lo ven y le donan o se crean una cuenta para ellos.

¿Qué features van a sumar?

–La feature que más me están pidiendo y que va a salir dentro de poco es poder tener planes y suscripciones dentro de Cafecito, poder dar contenido exclusivo a los aportantes y no solo el tip del Cafecito. Y expandir la app a más regiones de LATAM. Esos son los siguientes pasos.

En una economía golpeada y con una creciente informalización del mercado laboral –es decir, más gente trabajando por cuenta propia–Cafecito se vuelve una manera concreta de monetizarse.

–Es un proyecto que ofrece ayuda para hacer sustentable otros. Pero, para vos, ¿Cafecito es sustentable? ¿Cuántas horas por día le dedicás?

–Sí, actualmente estoy viviendo de las ganancias que deja Cafecito, le dedico casi todo el día, ya sea programando, pensando features nuevas o hablando con gente sobre el proyecto; es un trabajofull-time para mí, que casi no lo veo como trabajo porque me gusta mucho hacerlo y termina siendo un hobby-laburo que me deja ganancia para vivir.

¿Te parece que faltaban más iniciativas locales así?

–Sí, definitivamente, no me di cuenta hasta que hice Cafecito y se me acercaron creadores de contenido muy grandes a decirme que era por acá y necesitaban esto de manera urgente para poder financiarse y compartir en sus redes.

–¿Qué imaginás para el futuro de la plataforma o te gustaría que pase?

–Es difícil imaginarse el futuro porque el presente es una locura, jamás pensé que iba a llegar a algo así. El futuro es sí o sí expandirlo a más países de la región y que no quede solo en Argentina, que se siga distribuyendo y que cada vez más personas puedan hacer uso de la plataforma. No sé hasta dónde se podrá llegar sinceramente, pero le tengo fe a futuro.