Luego de viajar a la Argentina, el barítono alemán protagonizó un documental en el que intenta unir el tango y el lied. Cosmopolita y aventurero, ama el asado, sueña con cantar junto a Adele y busca llegar a los oídos de los millennials y centennials.


El choque cultural es estrepitoso al principio. Benjamin Appl pisa por primera vez América latina al aterrizar en Buenos Aires y se siente confundido. Un guía y un traductor lo van a acompañar durante su estadía, en la que espera conocer todo sobre el tango, y en su primer paseo por las calles porteñas en taxi no termina de entender si el desorden del tránsito, el atropello de las conversaciones y la confianza de beso y abrazo entre desconocidos son conceptos que deberían censurarse o celebrarse. Benjamin tiene 38 años y es alemán, de Ratisbona. Rubio, elegante y altísimo, encaja perfecto con los estándares de belleza que requieren las agencias de modelos más tradicionales, y aunque no rechaza la idea de ponerle su rostro a una marca, su oficio es bien diferente: es cantante de ópera. Y ahora también de tango.

Un mes después, Benjamin Appl está recitando con soltura un monólogo que repasa sus experiencias en la Argentina durante un espectáculo que tiene lugar en el Theater im Delphi, en el corazón de la movida cultural under de Berlín. El edificio era antiguamente un cine, el Delphi, y fue refaccionado para albergar una gran sala de conciertos, con mesas y sillas en lugar de butacas, atendidas por una cantina durante toda la función. Desde afuera parece un lugar abandonado. Dentro, el ambiente joven y cool, moderno y vintage, se percibe de inmediato en el tintineo de jarras de cerveza y las charlas en alemán, inglés y español. La Berlín cosmopolita y fascinante, en su máxima expresión. La cita es para unos pocos afortunados que conforman el público de la segunda etapa del rodaje del documental Breaking Music. La primera etapa fue aquel viaje iniciático a la Argentina. El documental, que pudo verse en Film & Arts el 25 de octubre (con repeticiones el 27 y 28 de noviembre), busca acercar el tango al lied alemán, un género nacido en el siglo XVIII, que se define como “la ópera en casa”: la orquesta se reduce a un cantante, un poema al que se le pone música lírica y un piano. Romántico, dramático y muy enfocado en la voz, el lied encontró en la investigación de Appl, un barítono que conquistó Europa y Asia con su voz, puntos de contacto con el tango. Hay historias que contar, hay un piano, hay un cantante prodigioso.

Sin embargo, las figuras del tanguero y del barítono que nos convoca parecen ubicarse en las antípodas. Appl fue consciente, desde que llegó a Buenos Aires y conoció las milongas, de lo lejos que estaba de nuestra cultura. Quizás por eso también se enamoró tanto que quiso llevarla al escenario.

“Espero que la gente en la Argentina esté al tanto del tesoro que tienen. ¡Qué herencia tienen, un pedazo de todo el mundo! Eso es lo increíble del tango.”

–¿Qué es lo que te atrapó del tango?

–Hay un poder increíble en el tango. Obviamente, está en la melodía, pero también en el ritmo, en la combinación con la danza, es asombroso cómo todo se junta.

–¿Por qué conectar el lied con el tango?

–Pienso que en tiempos en los que hay gente que tiene miedo de su identidad, en un momento de nacionalismos, de extremismos, un proyecto como este es especialmente interesante, porque muestra que hay mucho más en común que de dónde venimos, adónde pertenecemos, quiénes somos. Profundas emociones, pérdida, muerte, melancolía. Son cosas que en realidad están dentro de todos nosotros, seamos alemanes, europeos, africanos o argentinos.

–¿Seguís escuchando tango o después del documental descansaste?

–Fue muy interesante que después de mi viaje seguí escuchando muchos discos de tango. Compré muchos discos y de alguna manera me volví adicto al tango. Disfruto mucho interpretar esta música.

–¿Qué es lo que más te gustó de la Argentina?

–Me encantó la Ciudad de Buenos Aires. La arquitectura me pareció muy interesante. Hay partes que parecen Madrid, hay otras que parecen París. Amo que la ciudad sea tan verde, que haya tantos árboles en las calles, amo el asado, la música, la gente tan cálida. Me gusta la vida, la vibra. Es muy poderosa, deja una buena energía.

–¿Qué pudiste aprender de nosotros a través del tango?

–Creo que lo más increíble que aprendí del tango es que la gente llegó desde distintas partes del mundo a Buenos Aires. Cuando estaba allá fui a ver estos edificios coloridos en La Boca, las casas. De alguna manera, es como si hubieran puesto a distintas personas del mundo en una mezcla y eso se hubiera trasladado a las paredes. Creo que eso se ha vertido en el tango, es una parte de todos, de cada cultura. Luego, es increíble que puedan unirse y desarrollar esta forma de arte, estas canciones, estos bailes. Está en el sistema cultural de la gente, creo. Y espero que la gente en la Argentina esté al tanto del tesoro que tienen. ¡Qué herencia tienen, un pedazo de todo el mundo!

–Hay argentinos que consideran el tango como algo antiguo.

–No es algo antiguo, es algo que no tiene que ver con la edad. Creo que es tan fuerte que todos pueden relacionarse con ello. Con las emociones de cada uno.

–Con el lied debe de pasar algo parecido. ¿Cómo lo toman las audiencias más jóvenes?

–Es muy difícil presentar el lied alemán en la manera en que la gente escucha música ahora. Los jóvenes usan sus celulares para buscar emoción, acción, un montón de mensajes, de imágenes. Lo que busco en mis recitales es apuntar a las emociones dentro de nosotros. Esto no cambia, todos sentimos amor, enamoramiento, soledad, dolor, pérdida de una persona; eso no cambió. Es mi misión tratar, con esta música antigua, de comunicarme con una audiencia a través de las emociones. Esta noche, en Berlín, he visto a muchos jóvenes. Este teatro cool es muy inusual, la gente está tomando algo y es una atmósfera muy diferente de una típica sala de conciertos. Y eso es algo muy bueno, poder llevar esta música a lugares nuevos.

–¿Cómo te llevás con el marketing personal y las redes sociales?

–Es difícil porque hay que presentar una imagen. Muchos de mis colegas muestran una imagen de alguien que no son. Pero tratan de complacer a la gente. Es una situación engañosa, porque en el pasado los artistas atraían por su misterio. Hay un peligro de perder eso. Creo que, si somos demasiado públicos, perdemos la curiosidad de la gente de conocernos mejor, eso es poderoso. El desafío es encontrar el balance entre estar presentes en los medios pero guardar algo de intimidad.

“Amo que Buenos Aires sea tan verde, que haya tantos árboles en las calles, amo el asado, la música, la gente tan cálida. Me gusta la vida, la vibra. Es muy poderosa, deja una buena energía.”

–Muchos te catalogan como un barítono “fashion”. ¿Cómo te llevás con la moda? ¿Te animarías a posar para una firma?

–Es importante estar abierto a nuevos frentes y a vestirse bien. Los cantantes somos animadores, y para entretener está la voz pero también la apariencia. Incluso son cada vez más los directores de ópera que vienen del cine, porque no son solamente directores escénicos, sino que buscan que la ópera sea creíble, que Romeo y Julieta sea una historia de dos jóvenes enamorados. Eso ha cambiado en la ópera. Los artistas y cantantes tenemos que ser un todo. No es como antes, que solamente cantabas. Por eso es importante tener varios ángulos que presentar para atraer a diferentes personas. Quizás alguien que está más interesado en la moda o en el deporte pueda interesarse también por tu música.

–¿Te gustaría colaborar con algún artista pop?

–Sí, con muchos. Me gustan muchos artistas populares. Me encantaría trabajar con Adele. Ella tiene una personalidad muy especial, parece muy sincera. Me gustaría aunque sea conocerla.

–¿Cómo te llevaste “actuando” en el documental? ¿Te ves protagonizando una película?

–Me encantó hacer de actor. Estoy muy agradecido con todos los que fueron parte del documental, los camarógrafos, los músicos. Hay partes que son ficción y eso me pareció perfecto para hablar de música. Claro que me gustaría actuar en una película de Hollywood… ya vamos a ver (risas).