La plataforma de alquileres temporales que revolucionó la industria turística mundial, enfrenta un gran desafío con la aparición de la pandemia. Compartir casas bajo regulaciones adicionales y estrictos protocolos de limpieza, sesgos discriminatorios, garantías de transparencia y controles para evitar el overtourism y la concentración masiva son algunos de los obstáculos que deberá sortear.


Mientras en nuestro país la costa atlántica se prepara para reabrir de cara al verano y muchos nos preguntamos cómo serán exactamente las vacaciones en este contexto, el gigante de los alquileres temporales (con más de siete millones de anuncios en 220 países) empieza a instalar la idea de que alquilar una casa puede volverse una vacación en sí misma, un refugio en un mundo con distancia social. De hecho, según números de las firmas STR y AirDNA, el alquiler temporal de casas o departamentos ha superado el booking de hoteles en 27 mercados desde la aparición del covid-19, y en los EE.UU. los alquileres crecieron en montos ya que se alquilan casas más grandes si se compara julio de 2019 con julio de 2020.

Si bien Airbnb se prepara para salir con acciones en la bolsa (luego de despedir a un cuarto de su fuerza de trabajo hace unos meses), los obstáculos que enfrentará son varios. “La gente quiere viajar, es sólo que lo que no quiere (o no puede) es subirse a los aviones. No quiere salir a los negocios. No quiere quedarse en las grandes ciudades tanto como antes. No quiere estar en distritos con mucha gente. Pero lo que sí quieren es salir un poco de sus casas, por eso pensamos que la demanda va a seguir fuerte y de hecho soy optimista con respeto al futuro de la industria”, decía el CEO de Airbnb, Brian Chesky, en una entrevista reciente para el The New York Times.

Nuevos cuidados

Si todo avanza hacia un futuro donde debamos planear nuestras vacaciones en destinos locales, menos poblados y quizás invirtiendo más en alquileres de casas en countries o en espacios con jardines o terrazas al aire libre, una de las principales preocupaciones de la empresa son los protocolos de seguridad y limpieza. Por eso, una de las cosas que más está publicitando Airbnb es el control que los huéspedes pueden tener sobre su espacio y ambiente, incluyendo la cocina (nada de comer afuera en plena pandemia) e instituyendo nuevos guidelines de limpieza y otras medidas. El protocolo Enhanced Clean, que ya tienen al menos un millón de los anuncios del sitio, implica procesos detallados de limpieza y sanitización, como por ejemplo 45 minutos de aseo por cuarto y garantía de 72 horas de vacancia antes de ser ocupado por nuevos huéspedes. El problema con esto es que subió abismalmente el precio de los alquileres por los costos de los servicios de aseo, algo de lo que muchos usuarios ya se están quejando en las redes.

“Una de las cosas que estamos observando es el desdibujamiento entre viajar y vivir. Antes del coronavirus, quizá vivías 50 o 51 semanas al año en un lugar y si tenías suerte te ibas de vacaciones una o dos veces. Ahora la pandemia está cambiando cómo la gente quiere trabajar, viajar y vivir”, sigue Chesky. El CEO se refiere, justamente, a que la idea de trabajo y hasta la educación remota llevó a muchos a poder hacer cosas desde el hogar y, para bien o para mal, a revaluar su situación de vivienda, pensar en reubicarse en los suburbios o incluso cambiar de ciudad. Si muchos estaban cansados de vivir en los grandes centros urbanos, este contexto también presentó el empujón final para un cambio por escenarios más naturales y, por qué no, por otro tipo de vida. De igual manera, con esta situación, el estilo de vida nómade, aunque no para todos, se volvió todavía más atractivo para jóvenes y nativos digitales.

Una de las cosas que Airbnb más está publicitando es el control que los huéspedes pueden tener sobre su espacio y ambiente, incluyendo la cocina (nada de comer afuera en plena pandemia) e instituyendo nuevos guidelines de limpieza y otras medidas.

No a las fiestas

Aunque parezca increíble, una de las mayores quejas y problemas que enfrentan muchos de estos alquileres temporales que ofrece la empresa tiene que ver con el comportamiento de los inquilinos: las quejas por fiestas y ruidos molestos se triplicaron. Tampoco suena tan alocado si tenemos en cuenta que hoy se pasa más tiempo en las casas (vale para inquilinos vecinos) y que con los ánimos bajos y en plan vacacional, a medida que los distintos estadios lo fueron permitiendo, es normal que la gente quiera hacer reuniones sociales. Los lugares donde más se sintió fueron Europa o locaciones como Cancún, donde la cuarentena se comenzó a descomprimir antes.

Por eso se tomaron medidas, como anunciar en agosto una prohibición expresa de fiestas en casas, con un 73 por ciento de los anuncios en el sitio estableciendo medidas de este tipo; aunque, según la propiedad, algunos permiten reuniones reducidas en grupos de diez a quince personas. Lo más complejo en este caso es, claramente, el enforcement, ya que una cosa es decirlo y otra muy distinta es lograr que se cumpla.

Sesgo racial y cuestiones inmobiliarias

Sin embargo, precovid, Airbnb ya enfrentaba numerosas problemáticas que no sólo no desaparecieron, sino que se intensificaron. Es sabido que a mayor cantidad de alquileres temporales sube el precio de las propiedades en esas ciudades, motivo por el cual sitios como Barcelona o Vancouver buscan limitar el alcance de la empresa que, dicen, perjudica el mercado local, vacía vecindarios y además genera sobreconcentración de turistas (overtourism). Asimismo, barrios descentralizados y suburbios que no estaban acostumbrados a recibir gente vieron alterada su tranquilidad.

Finalmente, un tema no menor tiene que ver con un aumento de denuncias relacionadas con incidentes en los que el sesgo racial entra en juego cuando inquilinos son reportados por sus vecinos como criminales o por conductas supuestamente sospechosas. Los grupos que más sufren esta discriminación son los afroamericanos y musulmanes. Por ello, la plataforma comenzó a ocultar las fotos de perfil de los usuarios hasta que las reservas se confirmen, contrató especialistas para auditar el sitio y creó canales para denunciar los anuncios y alquileres que no respetaban las políticas de no discriminación, junto con la creación de programas como Open Doors, que le ofrece un lugar alternativo para quedarse al inquilino si se siente discriminado, y el ProjectLighthouse, una iniciativa para medir el sesgo en la plataforma.

¿Podrá Airbnb adaptarse a un mundo poscovid? ¿Cómo cambiará el turismo interno? ¿Podrá la plataforma seguir creciendo o habrá llegado a su techo? Sólo resta esperar y ver.

“Estamos observando el desdibujamiento entre viajar y vivir. Antes del coronavirus, quizá vivías 50 o 51 semanas al año en un lugar y si tenías suerte te ibas de vacaciones una o dos veces. Ahora la pandemia está cambiando cómo la gente quiere trabajar, viajar y vivir.” (Brian Chesky, CEO de Airbnb)