En una charla exclusiva con El Planeta Urbano, el director regala su mirada respecto de la situación actual y reconoce que en la Argentina hay una vulnerabilidad y una sensibilidad maravillosas para trabajar que no se encuentran en ningún otro lado.


Luis Romero, que desde las trincheras supo dirigir El amateur, con Mauricio Dayub, y pasar a hacer siete temporadas del multipremiado musical Casi normales en la Argentina, para luego dirigir también la versión española, analiza en una profunda charla de café el momento que estamos viviendo, y afirma: “Los actores, los directores, los dramaturgos y el teatro en sí mismo son enfermeros del alma y el espíritu, porque arrancan a la gente de la soledad, de la depresión, del miedo y de la angustia. El teatro hace que puedas observarte como sos y en la fantasía en que caés. Creo que lo que verdaderamente enferma es la ilusión, no la realidad”.

–¿Cómo ves este nuevo escenario que estamos transitando?

–Realmente es insólito e inesperado. Para los artistas y para la actuación, de repente todo se desplomó y apareció un abismo. Más allá de que te vaya bien o tengas una trayectoria, a veces vivís del arte, y otras, del negocio del arte. Todos somos una especie de material de consumo, estamos dentro de una economía, te guste más o menos, y no podemos salir de ese juego. El tema de la cuestión artística es raro, es algo bastante inútil, en el sentido de que simplemente es por el gusto de hacerlo. El arte siempre está detrás de las cuestiones “¿de dónde vengo?”, “¿quién soy?”, “¿adónde voy?”.

–Sirve para hacer preguntas en voz alta.

–Claro, y dentro de la actividad que tengas, requiere un trabajo de mucho tiempo, de desarrollar una técnica y una metodología. Luego se vuelve, en el mejor de los sentidos, algo que la gente consume y tenés que mostrarlo y vivir de eso. Yo he sido muy ecléctico, he pasado del teatro ultraindependiente a grandes producciones comerciales, porque mi vida ha sido así. Pasé por ciertas incoherencias, podríamos decir, a nivel profesional, me adapté a cosas que rompían mi lenguaje y jugué al juego. Ahí te desdibujás un poco para luego volver a dibujarte. Uno de mis lemas siempre fue “No existen las situaciones ideales”.

«Los actores, los directores, los dramaturgos y el teatro en sí mismo son enfermeros del alma y el espíritu, porque arrancan a la gente de la soledad, de la depresión, del miedo y de la angustia.»

–¿Cuál es tu visión de los artistas en todo esto?

–Creo que para las nuevas generaciones que estaban armándose un camino, experimentando, explorando, autofinanciándose, está todo muy bloqueado, sé que hay mucha sangre y todo va a volver de nuevo, pero es muy duro.Lo interesante es que los artistas en general, de alguna manera, están preparados para esto, porque si son verdaderos artistas rayan lo espiritual, entonces pueden, en el medio de la oscuridad, con una pequeña antorcha, iluminar y seguir.

–Vos pudiste rearmarte. ¿Estás dando clases por Zoom?

–Sí, me salvó mi hijo, que tiene 24 años. Es músico, productor y me armó un sistema virtual top que funciona perfecto, no se cuelga, y gracias a eso estoy dando varias clases online: Entrenamiento para el actor, Dirección teatral y Masterclass de Casi normales. Estoy trabajando muy duro y poniendo toda mi energía en descifrar hasta qué extremo se puede llevar, con excelencia, la cuestión de las clases y el teatro por internet.

–¿Cuál es tu metodología de trabajo?

–Yo me eduqué con un maestro, que fue Carlos Gandolfo, y quedé muy pegado a algo que él transmitía, que era el tema del ser. Me interesa ver que un actor sea fresco, espontáneo, inocente, no calculado. Hoy está todo diseñado en la cabeza de todo el mundo, incluso nuestro arte va más desde la forma que desde el fondo. A mí me parece que conviven, pero la forma que se expresa es en relación con una idea de lo que nosotros creemos que somos, es una máscara que nos creamos. No hay drama cuando sos consciente de eso; el tema es cuando no lo ves y empezás a tener un problema de percepción con vos mismo. Ahí tenés, básicamente, un actor que es una especie de persona que se actúa a sí misma, para después subir al escenario y crear otra realidad, por lo tanto, es una metaactuación. Es un delirio.

«Lo interesante es que los artistas en general, de alguna manera, están preparados para esto, porque si son verdaderos artistas rayan lo espiritual, entonces pueden, en el medio de la oscuridad, con una pequeña antorcha, iluminar y seguir.»

–¿Todos los actores pasan por ese proceso?

–Yo te diría que la mayoría. Hay un fenómeno muy peculiar, que lo podés observar en los ejercicios y en el trabajo, y es que nadie se conecta, es decir, todo el mundo se conecta con una idea virtual que tiene del otro. Y ahora, siendo conscientes y teniendo una virtualidad tan evidente, podemos romperla e ingresar en otra zona, es muy interesante. Es un gran descubrimiento para mí.

–¿Vas a hacer una obra por streaming?

Sí, voy a hacer un espectáculo con Abel Ayala. Habla de la problemática del actor consigo mismo antes de salir a escena. Es difícil escribir, me estoy volviendo loco, quiero ver si puedo romper el límite de lo convencional, no caer en el lugar común, es todo un desafío. Estrenamos en noviembre.

–¿Estás con algún proyecto con tu compañía?

–Estamos con una adaptación de la obra Advertencia para barcos pequeños, de Tennessee Williams. Ahí tengo la posibilidad de ir a fondo con un lenguaje propio de actuación. Es muy probable que nos volquemos a lo audiovisual. Son personajes extraordinarios que no pueden salir de cierta frustración, hay destellos de luz, pero no pueden con el entorno. Hace un poco de reflejo con lo que estamos viviendo. Los personajes conmueven porque son honestos, verdaderos y reales, pagan el precio de no andar en el circo ambulante.

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