El embajador de General Motors atraviesa la cuarentena desde su casa, el escenario que comparte junto a su hija, su pareja y su perro y que supo reinventar para todas sus presentaciones por streaming. Talento, carisma y buenas canciones: bienvenidos al mágico mundo de Soy Rada.


Baila, canta, salta, corre, arma, desarma, charla, infla, pincha, filma, pifia, putea. Agustín Aristarán es el hombre orquesta, el artista criado bajo el aura menemista de los noventa y el inminente apocalipsis del Y2K de principios de milenio. Oficio, convertibilidad e internet, de esas maderas está hecha la cuna de Soy Rada, el Jimmy Fallon criollo, el segundo bahiense con más seguidores en redes sociales detrás, claro, de un tal Manu Ginóbili.

Desde su casa, el mago y embajador de General Motors atraviesa la pandemia junto a su hija Bianca; su pareja, la artista Fernanda Metilli, y Honorio, la figura canina indiscutida de sus videos. Todos, además, forman parte del elenco de la novedosa versión de RadaHouse. Más en casa que nunca, la tercera temporada del particular ciclo de entrevistas a grandes figuras de la cultura nacional y de afuera. Grabada íntegramente en su casa, la nueva tirada de episodios de 40 minutos mutó en estética, y los livings, con morfi de por medio y banda en vivo, dieron paso al formato Zoom, con personalidades como Natalia Oreiro, Diego Torres, Nico Vázquez, Abel Pintos y Sofi Morandi.

Si de números se trata, el canal de YouTube de Soy Rada llegó a los 363 mil suscriptores, y desde allí, además de las charlas y los videos clásicos, dio inicio a esta nueva aventura homemade llamada #LaCarpinteríaDeRadi, donde todas las semanas sube tutoriales –con su touche– para armar diferentes piezas y muebles sencillos en madera. Ya hay más de 30 videos y lo vieron casi 250 mil personas.

“Disfruto mucho de estar en mi casa porque en la vida normal no estaba nunca. Siempre estaba de gira, llegando, volviendo, yéndome. Entonces esto me pareció espectacular.”

–A diferencia de casi todo el mundo, parece que la pandemia te agarró bastante preparado en lo profesional.

–Preparado no, pero sí con un poquito más de hándicap porque ya hace mucho que vengo laburando así. De todas formas, tuve que reinventarme en varias cosas, por ejemplo, el tema de Twitch, que lo descubrí en cuarentena. También hice crecer mi canal de YouTube; me puse a fabricar muebles y decidí grabarlo bastante pro. Le encontré la vuelta para que sea comercialmente copado, que le guste a la gente y lo puedan hacer en sus casas.

–¿Disfrutás trabajar desde tu casa?

–Disfruto mucho de estar en mi casa porque en la vida normal no estaba nunca. Siempre estaba de gira, llegando, volviendo, yéndome. Entonces esto me pareció espectacular. Soy afortunado, tengo una casa muy linda y trato de aprovechar al máximo los espacios. Paso mucho tiempo dentro del estudio, creando, jugando, inventado, diseñando cosas. Aunque, claro, extraño también subirme al bondi de las giras, a un avión, ensayar con los pibes, la banda y hacer shows con público. Es innegable.

–¿Pensás que este nuevo formato de entretenimiento por streaming va a perdurar cuando finalice la cuarentena?

–Ojalá que sea una alternativa pero no la principal. ¿Está bueno? Sí, por supuesto, y cada vez se realizan mejor y de manera más profesional. Pero al teatro vivencial no hay con qué darle. Aunque no sea en grandes estadios, el teatro no va a morir nunca. Siempre vamos a encontrar un cajón de cerveza para subirnos y hacer un espectáculo.

­–De todas las disciplinas que manejás, ¿cuál creés que es la más afectada por este feedback imaginario con la gente?

–Los espectáculos de comedia y los shows con la banda. Si bien los hacemos de otras maneras –ya tocamos en festivales pos streaming–, se siente mucho la falta del calor de la gente. Por más HD que tengas, por mejor equipo de audio que te compres, el ruido, el olor del teatro y el bardo que se arma antes de entrar en escena no existe en otro lado.

“Por más HD que tengas, por mejor equipo de audio que te compres, el ruido, el olor del teatro y el bardo que se arma antes de entrar en escena no existe en otro lado.”

–¿Cómo te llevás con esta nueva modalidad de RadaHouse. Más en casa que nunca?

–Supercontento. La temporada tres de RadaHouse estuvo un tiempo en Flow y hace poquito la subimos al canal de YouTube. La gente lo agradece mucho y yo agradezco mucho que me agradezcan mucho; es como una mamushka de gracias. Estoy feliz con este proyecto, le encontramos la vuelta de hacerlo desde casa y que resulte atractivo para toda la gente, para nosotros y también para el entrevistado. Lo hacemos íntegramente por Zoom y le agregamos un poco de ficción con mi hija Bianca; Fernanda, mi pareja, y la gran estrella del programa, que es mi perro Honorio.

–Da la sensación de que encontraste una nueva faceta en tu vida, la de entrevistador.

–Me cuesta mucho el título de entrevistador porque no estudié para ello. Me considero más un charlador. Me gusta mucho preguntar, y en cada capítulo aprendo cosas nuevas de este arte.

–¿Qué aprendiste?

–A escuchar, por ejemplo, que es lo más difícil de una entrevista. Escuchar para repreguntar bien y no estar pendiente de algún listado o armado previo de preguntas. Quizás el tipo o la tipa te contestó que tenía la cura del virus y vos, por seguir una guía, no reparaste en eso o no escuchaste y la próxima pregunta que hacés es por su comida favorita. ¡Error! Tengo el privilegio de poder estar de los dos lados del mostrador y utilizar las experiencias previas de las entrevistas que me hicieron para no caer en los mismos errores.

–¿A quién te hubiera gustado entrevistar?

–A Alberto Fernández. Estuvimos a punto de hacerlo pero en estos meses se le complicó un poquito (risas).

–¿Qué le preguntarías?

–Trataría de ser lo más natural posible. Iría por ahí, no sé, “Che, loco, ¿cómo es, un día te levantás y estás en la Quinta de Olivos? ¿Qué onda? ¿Hay un mayordomo? ¿Tu cepillo de dientes dice ‘Alberto Presidente’? ¿Dónde caga Dylan? (risas)”. No, fuera de joda, trataría de hacer algo distendido. No me metería en la parte política porque es un re bardo. Yo tengo mi postura, obvio, pero no me interesa hacer bandera de eso. No quiero estar en ninguna grieta, sólo quiero hablar con un tipo que labura de presidente.

–Haciendo un poco de revisionismo, ¿en qué momento de tu carrera sentís que estás?

–Arrancando, siempre me siento así. No es una pose o un esnobismo, para nada; trato de aprender cosas nuevas todo el tiempo, buscando siempre lugares de incomodidad donde sale lo mejor de mí. Me encanta tener la adrenalina de no saber para dónde va la cosa ni cómo hacerlo. Por eso tengo este equipo de gente hermosa que me cuida, me guía, me enseña y me respalda en cada una de estas boludeces que se me ocurren.

–Formás parte de una generación de comediantes/artistas que crecieron bajo el ala de internet y las redes sociales. ¿Qué creés que te aportaron?

­–La comunicación digital es el formato más democrático. Todos tenemos las mismas herramientas para hacer cosas. Quizás antes era diferente, los comediantes necesitaban de un productor o de un canal para pegarla. Acá todos arrancamos desde el mismo lugar, algunos con más o menos fierros, pero con lo que el mundo digital nos provee. Después es cuestión de ponerle el pecho, encontrar tu propio lenguaje y ser ingenioso para que la gente cliquee en alguno de tus contenidos. Donde hay tanta competencia, sobreviven los creativos. Me enojo mucho cuando se menosprecia a las redes.

–¿Hiciste cosas que no te convencían mucho profesionalmente?

–Soy muy privilegiado, siempre viví de lo que me gusta. Pero algunas veces hice cosas que no me gustaban… tanto. Los eventos sociales, por ejemplo. Mucho trajín, mucho viaje y muchos lugares donde la gente no me quería ver a mí; quería bailar, escabiarse y tratar de levantarse al compañero o compañera de laburo. Entonces, era medio bajón. Aparecía un mago con zapatos grandes, gritando, todo un quilombo. Y el desafío era tratar de que me miraran a mí y no al arrolladito de pollo que tenían en la mesa. Otras veces, también, acepté trabajos sólo por lo económico y después me arrepentía. Pero eso también fueron enseñanzas y hoy puedo hacer sólo lo que me divierte y me gusta.

–¿Cuál es el futuro de Soy Rada and the Colibriquis?

–Estamos componiendo y grabando lo que sería el tercer disco. Todavía no sabemos si va a ser LP o un EP, pero seguimos sacando cositas. Y ahora, a full con la escritura y la música, buscando la identidad de este nuevo trabajo. Si bien nos identificamos con el género “el que se nos canta los huevos”, intentamos que cada propuesta tengo una identidad en sí misma.

“Tengo la suerte de poder estar de los dos lados del mostrador y utilizar las experiencias previas de las entrevistas que me hicieron para no caer en los mismos errores.”


RENOVACIÓN TOTAL

Llega desde Brasil con un cambio profundo, tanto interior como externo. El nuevo SUV se ofrece en nuestro país en cuatro versiones.

La nueva Chevrolet Tracker ya se comercializa en la Argentina con un flamante motor turbo, opciones con caja manual y automática y tres niveles de equipamiento. Esta renovada generación, la segunda de la historia del SUV compacto, se fabrica en Brasil, en la planta de São Caetano do Sul, y presenta una profunda actualización en todos los aspectos, desarrollada sobre la nueva plataforma GEM (Global Emerging Markets).

En el aspecto exterior se destacan los grupos ópticos full led y un sistema de faros auxiliares laterales que amplía el área iluminada en las curvas. Las nuevas dimensiones determinan que el habitáculo sea más amplio, proporcionando más confort y espacio interior. La nueva Tracker ofrece más espacio para sus ocupantes y sus equipajes; el baúl creció 84 litros, alcanzando los 393 litros. Otra novedad es su techo panorámico, que permite una excelente luminosidad interior.

La pantalla MyLink de nueva generación es de 8” con tecnología Apple Car y Android Auto para reproducir música e información. Ahora se pueden conectar dos celulares por medio de Bluetooth, conversar por mensajes, elegir rutas y acceder a playlists usando sólo la voz. En la zona de mando aparecen también un cargador inalámbrico, los controles del aire acondicionado, la llave que permite desactivar el sistema stop-start y el asistente de estacionamiento.

En cuanto a la seguridad, la dotación es muy completa: seis airbags, ESP, asistente de arranque en pendiente, dirección eléctrica, control de tracción y estabilidad, alerta de colisión con sistema de frenado de emergencia en la versión Premier. El paquete de seguridad también ofrece alertas de punto ciego, sensores de estacionamiento delanteros, traseros y laterales con indicación gráfica en la computadora de a bordo, cámara de marcha atrás con guías, acceso y arranque sin llave, asistente de estacionamiento semiautónomo, sensores de lluvia y crepuscular.

Otra novedad importante es el wifi nativo, con una señal hasta doce veces más estable que permite conectar hasta siete dispositivos y sistema de asistencia OnStar.

Con la aplicación MyChevrolet se puede acceder a la información necesaria para lograr un manejo más inteligente, con tips para mejorar la conducción ahorrando combustible. Gracias a esta app, se logra, por ejemplo, encender el vehículo, trabar y destrabar las puertas, consultar información de la computadora de abordo y hasta climatizar el habitáculo a distancia.

Debajo del capó aparece otro de los cambios notorios: el motor 1.2 Turbo de 132 CV de potencia y un torque de 190 Nm desde las 2.000 RPM. Esto, sin duda, favorece la aceleración y le permite alcanzar unos consumos de combustible reducidos. El motor de la nueva SUV de Chevrolet forma parte de la nueva familia de motores 100% Turbo, que brindan lo último en tecnología y eficiencia energética, asociado con una caja manual de quinta o automática de seis marchas y tracción delantera.

Sin lugar a dudas, la nueva Chevrolet Tracker llegó para ser líder de su segmento gracias a su diseño, tecnología, equipamiento y relación precio/producto.