Netflix estrenó la segunda temporada de esta exitosa serie basada en el comic de Gerard Way publicado por Dark Horse Comics.


The Umbrella Academy es una genialidad que bien podría ser una película de Wes Anderson llevada al formato de serie de diez capítulos con -por ahora- tres temporadas. Una genialidad por donde se la mire, nunca mejor dicho. La trama está basada en un cómic escrito por uno de los integrantes de la banda y My Chemical Romance y trasladada a la televisión por Steve Blackman. Gira en torno a la adopción de siete niños nacidos en la Rusia soviética en circunstancias bastante extrañas por parte de un billonario excéntrico, y sus consecuencias.

  Estos niños, con poderes más que particulares, son educados por una familia cuyo mayordomo, por ejemplo, es una orangután y tienen como madre a una robot. La ilusión de su padre es -ni más ni menos- que salven al mundo. Y encarnados por actores maravillosos con nombres como los de Mary J. Blidge, Elaine Page o Robert Sheehan, que ofrecen criaturas que inmediatamente promueven la identificación y cada vez más el fanatismo de los espectadores.

   Numerados de Uno a Siete, ellos son muchas veces más interesantes en sí mismos que la trama, y resultan una suerte de mezcla de The Adam’s Family, superhéroes de Marvel, xmen y los disfuncionlales hermanos de los Maravillosos Tennembaum. Tienen cada uno y más de una vez en cada capítulo, momentos gloriosos. Sus personalidades, modismos lingüísticos, looks de vestuario y maneras de encarar las situaciones, son absolutamente reconocibles y adictivos.

  El arte de la serie, impecable desde el vestuario hasta los efectos visuales, sigue una línea estética que se nutre del pop de los años 50 a los 80 del siglo XX con mucho de lisérgico en la composición de las imágenes, magníficamente fotografiadas.

  La genialidad del guión no reside ni en la coherencia narrativa (es muy disperso de a ratos), ni en sostener una lógica férrea, sino en crear personajes terriblemente adorables y hacer que las líneas más obvias parezcan brillantes. Todos ellos tienen lineas memorables y desbordantes de sabiduría humana, a pesar de su condición de freaks.

  Se ve por Netflix, y si algo debería pedirse es el agregado del cartelito Caution en el inicio de cada capítulo.