Las salas de espera virtuales de los espectáculos teatrales por streaming se convirtieron en el nuevo Tinder de la cuarentena. Un espacio vital que conecta personas y atrae a la cultura.


¿Cómo vincularse y conocer gente en esta pandemia? El apareamiento virtual de los tiempos que corren no conoce límites y tiene una inventiva digna de ser aplaudida de pie. Acá te explicamos cómo funciona: se compra una entrada vía web para vivir una experiencia de teatro online en cualquiera de las plataformas que ofrecen este servicio y, media hora antes de que arranque el evento, el espectador puede loguearse e ingresar en una especie de hall virtual de espera hasta que comience el show. Ahí se puede escuchar música y dialogar con usuarios en el chat general para romper el hielo. Hay quienes descubren una química instantánea y se trasladan a Instagram para mantener una conversación privada que deriva, posteriormente, en un encuentro en la góndola de los productos de limpieza de un supermercado o en un paseo por la plaza.

Andrea (35 años, abogada) nos cuenta: “Yo estaba aburrida del Tinder y otras aplicaciones similares y encontré en este formato algo divertido, con gente que le gusta el teatro o la cultura como a mí. Enganchás desde un lugar diferente, es bárbaro. Si todo sale bien, después te citás en los lugares permitidos”.

Eduardo (38 años, licenciado en Psicología) nos confiesa: “Para mí fue un hallazgo. La gente está distendida como en una salida y la charla fluye de otra manera. Pensá que vos estás tomando una copa de vino en tu casa y la otra persona, en la suya, también. Con una chica pegamos tanta onda que dejamos de ver el espectáculo que estaba buenísimo y nos fuimos directo a hacer un Zoom. Al día siguiente nos encontramos en un parque a mitad de camino de nuestras casas”.

Media hora antes de que arranque el evento, el espectador puede loguearse e ingresar en una especie de hall virtual de espera hasta que comience el show. Ahí se puede escuchar música y dialogar con usuarios en el chat general para romper el hielo.

Si hay algo indudable que le tenemos que agradecer a este aislamiento social, preventivo y obligatorio es que nos ha llevado a optimizar los recursos con una creatividad asombrosa. Nada parece amedrentar a las personas cuando de socializar se trata, ¿y quién puede decir cuál es el modo lícito de hacerlo si, en definitiva, lo que nos convoca siempre a los seres humanos es dar y recibir amor?

“Una amiga fanática del teatro me había comentado que había conocido a un chico así, en una sala de espera virtual. Yo no lo podía creer, me parecía un poco raro, pero me insistió tanto que lo probé ¡y me dio muy buen resultado! No voy a decir su nombre, pero ya tuvimos varias citas para cenar y hasta estamos viendo una serie juntos, cada uno desde su casa, ¡obvio! Ponemos un horario y nos conectamos con el celular”, nos cuenta Martina (27 años, diseñadora gráfica).

Los espectáculos por streaming vienen pisando fuerte y llegaron para quedarse, ya sea para conocer gente o para disfrutar un entretenimiento desde la comodidad del hogar e independientemente de que, más adelante, se vuelva a levantar el telón físico. No son competencia; el teatro es el último refugio ceremonial frente al público, y lo otro, simplemente, es algo distinto. Quizás habría que buscar una palabra nueva para definir a este tipo de eventos, que no entra en la categoría de teatro filmado, porque es en vivo, pero se vale de un soporte audiovisual y, por ende, es otra cosa, porque prescinde de la energía que circula entre los artistas y el público –condición sine qua non para que se produzca la alquimia y la mística teatral–. Renombrar, reconocer y reinventar parecen ser tres de los pilares de esta nueva era, que tal como su prefijo “re” lo indica, no es otra cosa más que volver a nombrar, volver a conocer y volver a inventar.