Detrás de la máscara del Llanero Solitario se esconde una de las voces más excéntricas del country, género atravesado por un machismo implícito, donde el canadiense sienta las bases de un futuro más diverso e integrador.


Desde los años 70 hasta la fecha no debería ser sorpresa para nadie la aparición de un músico que decide esconder su verdadera identidad con el simple recurso de tapar su cara. Ahí están los Residents, Daft Punk, Kiss y Burial para ejemplificarlo, más allá de que los dos últimos casos de este listado incompleto y caprichoso hayan, pasado un tiempo prudencial, descubierto su rostro. Tampoco, tras el mega suceso de la película Secreto en la montaña (dirigida por Ang Lee, estrenada en 2005 y nominada en ocho categorías a los Premios Oscar, incluida Mejor Película) y el antecedente del cómic Rocky & Hudson, del brasileño Adão Iturrusgarai, no correspondería tomar como un tabú una historia de amor entre dos vaqueros norteamericanos.

Bienvenidos, entonces, al inefable universo de Orville Peck: un cantante country canadiense que se esconde tras un antifaz del Llanero Solitario y un tapabocas con flecos, cuyo vestuario bien podría haber sido la envidia del gran Gram Parsons, y que no dudó en blanquear su sexualidad de entrada. Y que, para completar este panorama, asoma como una revelación ya confirmada dentro de un género que se destaca por un machismo muchas veces implícito.

“Todo el simbolismo icónico y la representación que lo acompaña, la iconografía del sombrero y las botas, hacen del country una especie de último género masivo que abrazó aspectos extraños y alternativos.”

Se puede ver desde hace unos años en la entrega anual de los Premios Grammy y se confirma hoy con sólo asomarse a la página web de la versión estadounidense de Rolling Stone en el ítem música. El mainstream musical de los Estados Unidos está dividido en tres grandes subconjuntos que excluyen al rock. Por un lado, el hip hop y todos sus derivados contemporáneos (trap, R&B) dispuestos a conquistar el mundo con una visión hacia adelante, como le corresponde a la tradición de la música negra. Pegada, la música latina, que tuvo a “Despacito” como punta de lanza de fenómenos globales como Bad Bunny y Rosalía, por citar sólo un par. Y por último, el country & western, en donde asoman desde algunos productos hiperrancios desde su mirada WASP para exclusivo consumo interno hasta otros que no dudan en innovar ya sea desde la música, las letras o, incluso, su postura.

Margo Price y Joshua Hedley (apadrinados por Jack White desde su sello Third Man Records); el East Nashville (ciudad cuna del género) como barrio hipster que le compite a Brooklyn, y cierta frescura, producto de una noción de autenticidad sonora puesta en duda por medio de la imagen, son las claves. Este es el contexto en donde Peck y Lil Nas X (el rapero sensación por su cruce de hip hop y country en “Old Town Road”, tema que alcanzó la friolera de 143 millones de reproducciones vía streaming en abril del año pasado) aparecen para sacudir un poco el avispero. “Todo el simbolismo icónico y la representación que lo acompaña, la iconografía del sombrero y las botas, hacen del country una especie de último género masivo que abrazó aspectos extraños y alternativos”, dijo Peck, quien suele aparecer en sus fotos y en sus shows engalanado con un vestuario de Dior que poco tiene para envidiarles a aquellos míticos e históricos diseños countries del genial Manuel Cuevas. “Soy un gran admirador de la moda antigua, y creo que he desarrollado una estética bastante fuerte”, afirmó, y vaya que es cierto.

Un nombre que no es tal, sino que es un seudónimo. Una edad indefinida entre veinte y cuarenta años. Un pasado contado sólo por él mismo, en el que señala haber sido parte de grupos de punk rock como también tener buenos recuerdos de su época de actor y bailarín. La elección del disfraz delLlanero Solitario, el justiciero enmascarado que iba acompañado en sus aventuras por un indio llamado Tonto (la corrección política del siglo XX lo rebautizó “Toro” en los países hispanoparlantes) y su caballo Silver, con la Obertura de Guillermo Tell, de Rossini, como banda de sonido inconfundible. Un barbijo con flecos para terminar de esconder su cara (“Me levanté y estaba ahí”) y los inevitables rumores sobre su verdadera identidad: así como se dice que uno de los Residents es el músico de culto Mayo Thompson, o como se especuló que el músico dubstep Kode 9 fuese Burial (hecho que se desmintió cuando William Bevan se asumió como Burial en su MySpace en 2007), muchos sostienen que Peck es en realidad Daniel Pitout, baterista de la banda de punk canadiense Nü Sensae, y se basan en los tatuajes que lucen ambos.

Muchos sostienen que Peck es en realidad Daniel Pitout, baterista de la banda de punk canadiense Nü Sensae, y se basan en los tatuajes que lucen ambos.

Estas son algunas partes del espejo interior que conforman el enigma de Peck, al que hay que sumarle un talento musical que hace que al escucharlo todo pase a un segundo plano. Pony, su disco debut, fue publicado por el sello Sub Pop, aquel que en los 90, gracias a Nirvana, fue sinónimo de grunge y que décadas después aún asegura un respaldo de prestigio y calidad. Lo primero que impresiona es la voz de Peck: grave y con autoridad, con Elvis, Roy Orbison y Richard Hawley como guías, como se aprecia en “Turn to Hate”, “Hope to Die” y “Nothing Fades Like the Light”. También la sobriedad de los arreglos, que pueden citar tanto a las ampulosas producciones de Phil Spector en los 60 (“Dead of Night”) como a orquestaciones donde se cruzan una guitarra surfabilly con un ukelele para dar como resultado un combo que mezcla tradición y modernidad (“Big Sky”). Una sobriedad que contrasta con lo llamativo de su look, pero que, al ser sumado, potencia una inolvidable fina estampa de caballero.

Una gira como telonero de Mac DeMarco y sendas presentaciones a lo largo de los Estados Unidos (con foco en Williamsburg) y Canadá fueron instalando el nombre de Peck dentro del circuito tanto country como indie. El peldaño siguiente para el ascenso tenía nombre y fecha: Show Pony, una colaboración con Shania Twain en forma de EP, que iba a ser lanzada el 12 de junio pasado. Pero el asesinato de George Floyd por parte de la policía de Mineápolis hizo que Peck decidiera postergar la salida de su miniálbum en solidaridad con el movimiento Black Lives Matter. Mientras tanto, el enigma de Orville Peck suma adeptos y promete continuar con la suma de capítulos de una historia fascinante y que está lejos de terminar.