Una colección de Gucci confeccionada enteramente con este material reciclado, con Jane Fonda como imagen de campaña, bastó para que todos hablen de la tela del futuro.


Los datos son contundentes: cada tonelada de nylon requiere de siete barriles de petróleo para su producción. Y ciertas prendas, como los trajes de baño, las medias y un alto porcentaje de ropa y accesorios que forman parte de cualquier colección internacional, llevan nylon en su composición. Porque el nylon, en la industria de la moda, es un material indispensable. ¿Acaso alguien confía en la eficacia de un bikini 100 por ciento de algodón? ¿Las famosas panties podrían ser reemplazadas por algún otro material ecológico que no sea nylon? La respuesta, de momento, es no. Y la única alternativa es el reciclaje.

“La semana pasada se anunció la firma de un pacto global para comenzar a transitar un sendero menos contaminante. Un acuerdo firmado por gigantes como Inditex, H&M, Chanel y Kering, por el que estas y otras entidades se comprometen a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero o a rechazar los plásticos de un solo uso.” El encabezado de nota pertenece a un artículo publicado a mediados de 2019 en Vogue España, siendo Europa el epicentro de un movimiento que hoy involucra al mundo entero: la sustentabilidad en la industria de la moda no es una moda, sino la necesidad y exigencia de un planeta que ahora mismo grita “¡basta!”.

El flujo de basura que contamina los océanos y altera el equilibrio natural del ecosistema acuático sólo puede ser reemplazado por cantidades industriales de petróleo para la fabricación de nylon.

En este marco, el grupo italiano fabricador de textiles Aquafil cobró importancia al ser el primer desarrollador de Econyl, un tipo de nylon regenerado que surge de los desechos de redes de pesca, alfombras y plástico industrial que puede reutilizarse de manera infinita sin alterar la calidad final del producto. El flujo de basura que contamina los océanos y altera el equilibrio natural del ecosistema acuático sólo puede ser reemplazado por cantidades industriales de petróleo para la fabricación de un material esencial en la industria, pero mediante esta tecnología se cumplen dos objetivos: retirar los desechos de las aguas y evitar la creación de basura nueva dependiente del petróleo.

En términos ambientales, la ecuación era perfecta.

Pero en los aspectos relacionados con el marketing y la comunicación de moda todavía faltaba transmitir estas ideas de manera adecuada para que las grandes marcas invirtieran en este cambio de paradigma, que no sólo incluye la utilización de materiales reciclados y la sustentabilidad como eje primordial de su cadena de producción, sino también la concepción de un cambio radical en la manera de presentar las colecciones y de consumir la moda que habitamos. Gucci, el gigante del lujo global que marca pautas mundiales en una industria regida por el seguimiento casi estricto de tendencias, cumplió de una sola vez con los dos ejes de este movimiento: al comunicado de reducción de salida o presentación de sus colecciones a sólo dos shows por año, añadió un lanzamiento de prendas y accesorios enteramente sustentables, siendo la icónica actriz y activista Jane Fonda la cara principal de esta campaña.

Bajo el lema “Gucci Off The Grid”, la gráfica que explotó en redes presentó la colección Gucci Circular Lines, una manera de producción circular que marca el nuevo rumbo de la casa italiana hacia un modelo responsable. La moda circular, un concepto que viene haciendo ruido en los últimos años, implica que todo debe volver a usarse, que nada se tira, que la basura en este universo de ropas preciosas directamente no existe. La moda circular puede significar el cambio de manos de una determinada prenda dejándola intacta, su reacondicionamiento para adaptarla a nuevas tendencias y consumidores o, directamente, el “destruirla” para aprovechar su materia prima y generar algo completamente nuevo, aunque sin dañar el medioambiente. También es considerada moda circular aquella que se produce con desechos de otros productos, como es el caso del nylon Econyl.

Jane Fonda es una de las grandes activistas en este género, llegando al punto de afirmar, en una de sus últimas protestas frente al Capitolio, que el abrigo rojo que acababa de comprar “en oferta” sería la última prenda que compraría en los años que le quedan por vivir. Como una amazona anti fast fashion, Fonda aceptó modelar los últimos diseños de Gucci asegurándose ella misma de que todo el proceso de fabricación fuera cien por ciento con telas reutilizadas y con cero impacto ambiental. La colección incluye equipaje de género neutro, accesorios, calzado y prendas prêt-à-porter fabricadas con nylon cien por ciento regenerado a partir de hilo reciclado o Econyl.

¿Cómo es el proceso de producción, desde los desechos hasta la obtención de la nueva tela? En Vogue España lo explican con exactitud milimétrica: “El sistema de regeneración de Econyl comienza con el rescate de materiales sacados de vertederos y océanos de todo el mundo. Luego, esa basura se clasifica para recuperar todo el nylon posible. A través de un proceso de regeneración y purificación radical, el nylon que antes era basura es reciclado hasta alcanzar su pureza original. El objetivo es que todos los productos que contengan este material puedan volver a ser reciclados una vez pierdan su utilidad para dar lugar a una cadena de suministro circular”.

El sistema de regeneración de Econyl es un proceso que involucra la recuperación de nylon residual de productos verificados al final de su vida útil, como redes de pesca, en todo el mundo. Giulio Bonazzi, CEO de la firma, dijo que los materiales utilizados para fabricar el nylon y otros plásticos tienen un suministro limitado, y como consecuencia “los precios eventualmente crecerán, por lo que alguien tendrá que hacer un recuento de las materias primas que estamos utilizando”. Agregó que la solución a esta crisis a largo plazo para el nylon es doble: crear las materias primas a partir de fuentes sustentables y garantizar que el nuevo nylon fabricado sea totalmente reciclable.

La moda circular, un concepto que viene haciendo ruido en los últimos años, implica que todo debe volver a usarse, que nada se tira, que la
basura en este universo de ropas preciosas directamente no existe.

En la Argentina hay un caso de éxito en el mercado del nylon reciclado. Se trata de la marca de trajes de baño Isla de Lobos, que además de buen diseño ofrece sustentabilidad. “Más del 60 por ciento de los materiales que utilizamos provienen de redes y botellas de plástico recolectadas de nuestras costas y océanos”, se detalla en el website de la firma. Su fundadora, Sofía Curi, es una diseñadora argentina que trabaja en Europa desde hace trece años abasteciendo a cadenas líderes como la inglesa Topshop, que también hizo un giro de 180 grados en su política de sustentabilidad. “Sentía que faltaba esto en el mercado. Cualquier marca sustentable me parece una buena idea, son cosas que están faltando en la Argentina. Pero en particular, no hay una marca de trajes de baño con un poco más de diseño y al mismo tiempo sustentable”, contó Curi en FashionNetwork.com.

“Hoy el lujo y la sustentabilidad vienen cada vez más y más de la mano. La conciencia de una manera de vivir sustentable es mucho más fuerte en Europa. Ahí lo respirás, es constante, desde el reciclaje y desde la conciencia de lo que vos producís en tu paso por esta tierra”, explicó, dejando en claro que no se trata de una moda o tendencia pasajera, sino de un estilo de vida y una manera de ver el mundo que llegaron para quedarse.