En tiempos de pandemia, los llamados nodos (grupos de personas que se reúnen para hacer compras comunitarias) lograron gran protagonismo en la vida social de la población. Sobre todo, como distribuidores de bolsones de verduras agroecológicas. Los envíos cruzan todos los barrios de la ciudad con una premisa innegociable: que la gente coma más sano, más rico y a buen precio.


La pandemia encontró a Rocío Cáceres y a Ezequiel Muriel, docentes de danza y música, con algo de tiempo libre y muchas ganas de ayudar. Los planetas se alinearon una mañana de abril, cuando quisieron que las verduras agroecológicas que buscaban en Agronomía en la era precovid volvieran a poblar su casa de La Paternal. Cuando buscaron un nodo cercano de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), no lo encontraron. Rocío empezó a investigar los requerimientos para armar el suyo. Tenía que sumar al menos diez bolsones por semana, así que convocó a hermanas, amigos y conocidos que aportaran a la causa.

La predisposición para cocinar en casa y las ganas de tener noticias de un mundo mejor hicieron subir los pedidos, que a mediados de julio habían escalado a 45. “Sin duda hay un auge, con más nodos y muchísima más demanda de verdura agroecológica”, dice Rocío. “En este contexto, el comercio barrial facilitó la llegada de productos buenos, sanos y a buen precio a la zona.” Es un esquema que confirma el éxito de la UTT, que con una década de vida reúne a 250 familias que trabajan 300 hectáreas en quince provincias bajo tres principios innegociables: defensa de sus derechos, acceso a la tierra e igualdad de género. Además de estar a cargo nada menos que del Mercado Central, hoy suman más de 150 nodos entre la Ciudad y el Gran Buenos Aires.

Cada lunes, la administración de la UTT manda a sus nodos una lista de productos disponibles, a los que los coordinadores suman frutas y productos de otras cooperativas. Una vez armado el formulario, lo envían a sus contactos. Al cierre de esta edición, el bolsón de cinco kilos costaba $480, y el de siete, $550. Los repartos son el sábado: unos 20 camiones visitan de cinco a siete nodos, que se quedan con el diez por ciento de la venta. “Los descargamos nosotros mismos, los ordenamos para que estén a la vista y el fin de semana viene la gente: es la parte más divertida”, dice Rocío. “Nos agradecen el trabajo y nos cuentan lo mucho que les cambió el gusto y el sabor.” Docente al fin, también asume un rol didáctico. Los tomates de rojo lustroso y las bananas hipertrofiadas son una fantasía placentera, pero fantasía al fin. Rocío aclara que las imperfecciones son un sello de la agroecología: lo que importa es lo de adentro.

Cada lunes, la administración de la UTT manda a sus nodos una lista de productos disponibles, a los que los coordinadores suman frutas y productos de otras cooperativas.

Un mercado justo

“Mi marido prepara y come muchísima más verdura; ahora está más contento”, dice Marta Valle, orgullosa de pertenecer al Mercado Territorial (MT) desde hace cuatro años. Acá también se trata de valores: compra responsable, alimentación saludable y precio justo, que no sólo es comprar barato, sino recompensar a cada parte de la cadena según su aporte a procesos y productos. Todo se acuerda en las asambleas, donde participan productores y coordinadores. “Se trabaja sobre la modalidad de las tareas, lo que hay que cambiar y el precio del bolsón”, explica Marta. Las ocho variedades, unos ocho kilos de predominio verde, se venden a $420.

El MT nació en 2015 como un proyecto de la Universidad Nacional de Quilmes y la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria. Dos productoras distribuyen sus verduras de estación a más de 70 nodos: La 1610 (asociación de 17 familias de Florencio Varela) y La Guadalquivir (en las cercanías de La Plata). A cargo de uno de los dos locales de Temperley, que arañan los 150 pedidos semanales, Marta también recibe productos de la gestión cooperativa y de emprendimientos locales, como miel, dulces, legumbres, alfajores, arepas. La oferta es amplísima: incluye cosméticos y tapabocas.

La fuerza de la comunidad también es leitmotiv del MT. “En torno al nodo –dice Marta– se junta gente interesantísima y con distintas actividades”, como los talleres de recetas para verduras conocidas (repollo, lechuga) y rarezas que se tornan exquisiteces a descubrir, como el kale y el akusai. Hablamos de verduras del norte, hortalizas del centro y frutas del Alto Valle. Nada menos que un país abriéndose en cada plato.

“La pandemia nos encontró trabajando fuerte, pero ahora se desencadenó mucha más actividad. Crecimos en sincronía”, explica Ariel Wul, responsable del emprendimiento El Click.

Hacer el click

Uriel Wul suena relajado desde su casa de Parque Centenario pese a ser un hombre de muchas responsabilidades: logística, planificación y viajes federales para pasar un par de días con cada productor asociado a El Click, una iniciativa con 45 puntos de entrega en el AMBA. Llegó hasta acá después de un camino que incluyó un proyecto de tachos de reciclaje de sólidos orgánicos, la docencia en el programa estatal Fines, estudios de Sociología y, sobre todo, una estadía transformadora en Brasil, donde conoció el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra y distintas experiencias de cultivos agroecológicos.

“La pandemia nos encontró trabajando fuerte, pero ahora se desencadenó mucha más actividad”, explica. Los clientes que vivían en el sur o en el oeste, los que traían a los chicos al colegio o trabajaban en la ciudad, ya no podían acercarse pero seguían necesitando los bolsones de ocho kilos ($800), que prometen batatas cremosas de Mendoza, paltas silvestres tucumanas y tomates que abrigan desde Jujuy. El stock se complementa con frutas y verduras del cordón frutihortícola de La Plata y de una comercializadora mayorista que aporta frescura desde lugares como Salta y Río Colorado.

Mientras tanto, hubo que atender la emergencia. Como sus colegas de la UTT, El Click activó una campaña solidaria para llevar comida a los que la están pasando peor. “Crecimos en sincronía”, dice Uriel sobre el trabajo junto a esa organización. Cuando la UTT inauguró sus primeras dos parcelas en la zona de El Pato (Berazategui), El Click arrancó con la venta de sus verduras en la ciudad, demostrando que “a nivel económico y de cambio de vida, los resultados eran tajantes para los compañeros que estaban de sol a sol en las quintas”. El aprendizaje resultó evidente: en momentos de crisis, pero también en los de bonanza, la respuesta está en lo sustentable. En esa intersección entre lo eco-friendly y el cambio social como futuro deseable, “la agroecología genera lazos solidarios y comunitarios”, celebra Uriel. “Nuestra decisión es trabajar en ese sentido.”