Con una agenda mundial marcada por la pandemia, este año las marchas y celebraciones del colectivo LGBTQI+ serán puertas adentro y a través de pantallas. Desafíos y logros de una causa que sigue teniendo asuntos pendientes.


No se hablaba de otra cosa.

Madonna lo besaba, Cristina Aguilera cantaba con él.

Nosotros conocíamos a Ricky desde que movía su melena larguísima, entendíamos que fuego de noche y nieve de día, pero ellos no. Cuando Ricky llegó a los charts estadounidenses, a los yanquis les explotó la cabeza.

Corría el 99 y la Matrix no sólo te obligaba a elegir el color de la pastilla sino también quién querías ser. Por aquel entonces, Ted Casablanca era columnista en la revista Premiere y conductor estrella en E! Entertainment, donde disparaba comentarios mordaces con su sonrisita torcida: “Me dicen que un sex symbol latino vive la vida loca en todos los sentidos. Así que, muchachos, ya saben”, dijo frente a una audiencia de millones.

En el mundo prerredes, la tele era Twitter, y Ted empujó a Ricky del closet. Eran momentos bravos, donde la caza de brujas empezaba por tu cama y te devoraba la carrera.

Al exitazo lo sucedieron años más sombríos, giras por países amigos y alguna falsa novia. Hasta que Ricky Martin dijo que era gay con orgullo y en sus términos. El resto es historia. La carrera de Casablanca en los medios terminó, ahora es dueño de una discreta galería de arte. Y Ricky Martin, activista, padre de cuatro niñxs, fundador de una ONG que lucha contra la trata y el abuso infantil, latino casado con un hombre de ascendencia árabe en plena era Trump, es la reina de la noche, la diosa del vudú. Puto, puertorriqueño, aguerrido, star.

Ricky le puso el cuerpo embanderado a la lucha y visibilizó todas las temáticas que se consideraban tan ásperas como poco convenientes para la vida de un ídolo pop. Desde el racismo y su exacerbación por parte de una sociedad cada vez más sectaria hasta la gestación subrogada o la discriminación laboral.

Días atrás celebró la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de los Estados Unidos de amparar al colectivo contra la discriminación laboral y pidió no bajar la guardia, pues se sigue buscando la forma de quitarle derechos ya ganados a la comunidad LGTBIQI+.

“Siempre agradeceré a aquellos grandes activistas que abrieron el camino para que hoy podamos dar pasos con menos tropiezos”, escribió Ricky en su Instagram, y es inevitable pensar que este año los cuerpos no tomarán las calles. La pandemia disciplinó a una Pride que será digital, zoomeada y viral. Me pregunto si el calor lleno de ansiedad podrá correr por las redes, abrazar a lxs que se monten en sus cuartos, acompañar a lxs que tienen la boca tapada desde niñxs. La Pride en casa es un enigma y un desafío, porque cuando los cuerpos no pueden rozarse, la palabra se erige con todo su valor simbólico.

Notificación de WhatsApp, me llega un textual de Ricky: “El odio que persiste hacia los gays y lesbianas, bisexuales y transgénero ha potenciado que se cometan actos violentos y degradantes contra los nuestros. En la lucha por nuestros derechos estoy y estaré presente, porque mi sueño es la equidad, el amor y la empatía”. El mensaje lo manda mi editor, y siento esa electricidad que se contagia en la calle, aunque sólo imagine su voz.

«El odio que persiste hacia los gays y lesbianas, bisexuales y transgénero ha potenciado que se cometan actos violentos y degradantes contra los nuestros. En la lucha por nuestros derechos estoy y estaré presente, porque mi sueño es la equidad, el amor y la empatía.» (Ricky Martin)

Virtualísima

Fiestas por Zoom. Shows digitales, perfos drag online a beneficio; todo eso ofrecerá la grilla Pride 2020 desde Boston hasta Nueva York y San Francisco. “Es la oportunidad para ser parte de una celebración que también es lucha y protesta para ciudadanos que quizás nunca formaron parte de las marchas”, dice Cathy Renna, directora de Comunicaciones de la National LGBTQ Task Force. Y sí, chiquxs, Ricky Martin formará parte de performances junto a Billy Porter, Laverne Cox, Melissa Etheridge y Carla Morrison, entre otras voces de cantantes y activistas.

A su vez, Spotify presentará Como Nadie Más, una campaña global de orgullo que celebra a los creadores LGBTQ+ brindando contenidos y experiencias nuevas para la comunidad. Allá vamos. Como si fuera poco, después nos clavamos algunos podcast. ¿Por qué? Porque podemos, queridx.

Puto paki torta

“Ricky Martin está buenísimo”, dice Marcos Moczulski, quien junto a Vicky “Sarita” Daniel y Bárbara Pavan son lxs Puto paki torta, un programa que va los viernes a las 19 por Radio Monk. Hablan de todo y no se la creen ni un poco. Tienen esa necesaria cuota de humor e irreverencia que a veces falta en la militancia y convocan a invitades que recorren temas tan disímiles como la escena drag nacional, las divas del pop, cosas de trolos o los feminismos. Le pregunto a Marcos si el orgullo virtual puede reemplazar a la movilización activa: “Nuestras cuerpas siempre estuvieron en la calle, y en gran parte nos dieron los derechos que tenemos ahora y por los que seguimos peleando, ya sea en este nuevo marketinizado mes del ‘Praid’ o en la Marcha del Orgullo argenta de noviembre. La verdad, no creo que lo virtual lo pueda suplantar”.

Me cuestiono si las redes podrán construir flamantes activismos virtuales. Dice Marcos: “Nuestras nuevas formas de socializar vienen siendo a través de redes, nos guste o no. Me parece que lo podemos aprovechar para visibilizar cuestiones que nos afectan como comunidad, cosas que en la tele no vamos a ver. También es importante no confundir activismo con una marca que aprovecha junio para ponerle el sticker de un arcoíris a su bebida. Es nuestra responsabilidad diferenciar estas cosas, y cuando hay un punto a criticar, hacerlo, con marcas y empresas que ganan dinero y se olvidan de nosotres el resto del año. Activismo también es bancar emprendimientos queer y votar con la billetera”, señala.

Si se nos complica el arcoíris, siempre tendremos las estrellas.

Gael Policano Rossi es dramaturgo y poeta, pero también es AstroMostra, y desde sus redes realiza una particular lectura astrológica que atraviesa la sociología, la literatura o el cine gore hasta la puerta de las estrellas. Para él, la astrología es poesía, por eso le pido una lectura astrológica de la primera Pride, la del 69, esa que cambió la historia con su estallido en Stonewall, y de la de este modelo 2020, que también implica un quiebre. Te propongo que alguien te lea en voz alta lo que respondió, vos cerrá los ojos y dejate transportar en un vuelo galáctico. “Es interesante esbozar una lectura astrológica del nacimiento de la Pride en Stonewall y enfrentarla a la que nos toca vivir este año porque el Sol está en Cáncer y en este tiempo el rasgo es otro. Las múltiples luchas que tenemos en nuestras espaldas más la cantidad de muertos y generaciones diezmadas que tiene nuestro colectivo dan para muchas interpretaciones. Stonewall culmina una semana de terrible acoso policial en la que Marte estuvo en Escorpio, creando una especie de olla a presión, hasta que la noche del estallido, Marte entra en Sagitario y es un ‘Dejame, rompo todo’. Este año todo está en Cáncer, que es la casa, la patria, la raíz. Y esta idea de trolos, tortas y travestis atrincherados en un lugar haciendo un fortín, una especie de resistencia y de barricada durante tanto tiempo, es como una forma de casa. Hoy la trinchera es un hogar. Ahí con quienes lucho por mi dignidad está mi familia, el sentimiento es una filiación muy profunda.”

Fiestas por Zoom. Shows digitales, perfos drag online a beneficio; todo eso ofrecerá la grilla Pride 2020 desde Boston hasta Nueva York y San Francisco.

Familias, la otra lucha

Gerardo Otero es uno de los actores más destacados de su generación. Fue antagonista de Julio Chávez en Red; un escritor perseguido por sus fantasmas en La ira de Narciso, y aquel parricida que se debatía entre la fragilidad y el espanto en Tebas Land, por nombrar sólo algunos de sus trabajos. Gerardo, además, comparte pasiones y vida con su pareja, el reconocido actor, director y dramaturgo Claudio Tolcachir. Juntos descubrieron una manera de paternar que empezó como una fantasía, pasó por dos gestaciones subrogadas en Chicago y sigue creciendo con base en el amor de todxs en la familia que formaron con sus hijxs Camila y Gaspar.

“Tiempo atrás, pensarme como padre de dos bebés me hubiera parecido imposible; ni siquiera lo veía como una opción”, dice Otero, y recuerda: “Te estoy hablando de cuando era adolescente; la idea de tener hijos fue muy grande para mí, pero esa postal era de una familia heterosexual. Poder crecer, comprender y ver que comenzaba a haber otras familias fue muy importante”, recuerda.

El mundo cambió velozmente, pero no puedo evitar preguntarme cuándo tendremos una ley que ampare la subrogación en la Argentina. Formar una familia es un derecho de todxs que está tardando en llegar. Otero y Tolcachir están viviendo lo que esperamos. “Gracias a la experiencia de varios exponentes que avanzaron y se la jugaron en el pasado, en el momento en que nos tocó pensar una familia fue más fácil. ¡Siempre recibimos tanto amor por todos lados! Con Claudio sabemos que no somos mayoría de familias con niños que nacieron a través de gestación subrogada, por eso decidimos contarlo siempre que podemos, creemos que relatar cómo fue construirla es una manera de visibilizar.” Es importante destacar que el tratamiento en el exterior es muy costoso, dejando a la mayoría de padres y madres del mismo sexo fuera de un método que en nuestro país no existe legalmente.

Por eso las marchas siguen vigentes, y aunque hayan pasado diez años de la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario en la Argentina, nuevos reclamos exigen más movilizaciones, aunque este año las circunstancias hacen que la lucha (y las celebraciones) sean puertas adentro.

Me tomo un recreo en Instagram y lo primero que veo es una foto de Ricky Martin con su marido Jwan Yosef y sus hijos: “Él y yo + 4”, dice el epígrafe. Al final todo se trata de eso; sólo el amor nos salvará.