La cuarentena volvió a encenderlo con la creación de tres kits pensados para afrontar nuestra nueva normalidad. Barbijos, delantales y colgantes que combinan el espíritu fashion y utilitario de uno de los diseñadores argentinos más vanguardistas de los últimos tiempos.


Efervescente. Así se lo escucha cuando hablamos. Almodóvar diría que a lo largo de su vida ese entusiasmo creativo le ha traído la gloria y también el dolor. Pero quizá bancarse la contradicción y usarla como motor haya sido su perpetua salvación. Curioso e inquieto, a veces reflexivo y otras impulsivo, vitoreado o incomprendido, pero siempre talentoso.

“Estoy acá con la gente de Tramando”, dice al otro lado del teléfono. “Combinando el tema de los Kits Cuarentena, ¡que están buenísimos!”, exclama, y su voz se recorta sobre el sonido del taller.

–Justo te iba a preguntar por eso.

–Me imaginé, por eso te lo cuento. En este momento somos diez personas en Tramando, y lo que nos pasó es que al principio cada uno estaba en su casa y las conversaciones giraban en torno a encontrar recursos impensados. Eso nos llevó a lugares que no imaginamos. Así creamos un tapaboca, que se incluyó como regalo en las compras online, porque salir a promover la venta online fue una oportunidad pero también una limitación, había que manejarse con lo que estaba a mano.

–Lo del tapaboca plantea una cuestión interesante en el mundo de la moda, porque desde que es obligatorio pasó a ser una prenda fundamental. Pero a la vez, ¿cómo se pelea contra la saturación del mercado?

–El tapaboca surgió como una gran oportunidad y una limitación a la vez, porque es de lo único de lo que se puede vivir hoy. El desafío consistió en hacer algo distinto. Esos primeros tapabocas gustaron muchísimo y decidimos hacerlos también para vender, así sacamos el Kit Cuarentena 1, que consiste en tres tapabocas realizados con telas de Tramando en colaboración con Romina Savastano, quien aportó la morfología del producto. El barbijo es el accesorio más universal y transgénero que existe, no se parece a ningún otro. Los nuestros tienen personalidad. Porque algo que se mete en tu cara debe decir algo.

–Un tapaboca que plantea algo diferente, desde la contradicción, por lo menos. ¿Qué concepto hay detrás de eso?

–El de la experimentación compartida. En mi cuenta @martinchurba se empezó a gestionar un espacio llamado #pasaleeltrapoalacuarentena. Comencé con trapos y todos los elementos que tenemos en casa: pomada para zapatos, la pastilla del Fuji que usaba con un fibrón cargándolo de tinta, estampando con tinturas naturales, como la de remolacha, cúrcuma, azafrán… Volví a la alacena con otros ojos. Empecé a crear con una servilleta, a experimentar cómo plastificarla, y la gente se prendió. Se puso a compartir sus producciones en las redes, a estimular el hacer. Eso derivó en el tapaboca, porque me di cuenta de que el material era superresistente y filtraba muy bien. Además, hay un trabajo social detrás. La ONG La Juanita, con la que trabajamos juntos desde hace quince años, le vendió a un banco diez mil tapabocas que confeccionó con termofusión, por ejemplo. Fue un descubrimiento sobre la marcha, una válvula de escape creativa, y terminó convirtiéndose en algo concreto. Hay de todo tipo y tamaño; compartí en IG el tutorial para hacerlo con dos servilletas y una bolsa de residuos, está al alcance de todos. Se hace con seis tajos calados a tijera que pueden adaptarse a distintos tamaños de cara.

–Tirémonos de cabeza en la saga del Kit Covid Tramando, entonces. Porque, aparte del Kit 1 con los tres tapabocas, están el 2 y el 3. ¿En qué consisten?

–Se me ocurrió la idea de un guardapolvo pensado como un sobretodo que puedas ponerte para salir y que junto con el cubreboca sea algo útil. Así surgió el Kit Cuarentena 2. El guardapolvo industrial, de trabajo, está intervenido con nuestras técnicas. Se le incorporó un acabado gráfico y otro de textura. El estampado es alucinante porque va formando un dibujo particular sobre la tela, resaltando sus pliegues, y la textura tiene nuestro engomado, que además es resistente al agua.

–Nos falta uno, el Kit 3. Adelantanos el final de esta trilogía.

–A todos los elementos del 1 y del 2 les agregamos un collar que consta de un cordón con varias terminales a las que les podés atar las llaves de tu casa, un pañuelo, una bolsa. Es un modo de organizar tu salida con todos los objetos que debés gestionar a mano. Detrás de los kits hay una curaduría de Ana Torrejón.

–Hace unos años presentaste una colección llamada Rota, que hablaba sobre volver a empezar en una moda argentina quebrada. El año pasado fue el turno de Stock Divino Tesoro, donde recurriste a materiales guardados en tu taller. ¿La viste venir o sos adivino?

–A veces vislumbrar algunas cosas que se están gestando pero que no son tan evidentes es algo difícil, esa virtud puede convertirse en un quilombo porque a la gente le cuesta un montón ver algunas cosas. Mi último desfile en el Moderno fue una performance en vivo con una cámara que la proyectaba sobre la pared para verla de manera remota. Ahora todo será así, las maneras de mostrar moda ya son otras. Escucho a gente hablar se sacar pasajes… ¿para ir adónde?

“La moda es muy copiona y hemos copiado modelos que ahora están absolutamente defaulteados. Yo veo un lindo momento para habitar la moda, porque es un proyecto nuevo que, como tal, te revitaliza.”

–El único pasaje será hacia el interior de uno mismo, pero ese no lo quiere sacar nadie.

–(Se ríe) ¡Ese es el viaje! Y llegar antes es como llegar tarde, porque estás fuera de tiempo. A veces tomé decisiones y me las tuve que bancar en muchos sentidos, como cuando salí del mundo shopping. Imaginate lo que sería hoy. Tener un socio que no es compasivo con vos es una cagada, porque te va a pedir imposibles.

–Veníamos con una moda argentina megadesfinanciada y una presión constante por sacar parches y colecciones nuevas. ¿Qué nos quedó de esa misión imposible?

–Creo que todo se volverá más sensato. Uno muchas veces se preguntaba: “¿Por qué hay que hacer esto?”, y te respondían: “Porque la moda es así, hay que tener un buen pretexto para vender algo nuevo”. Bueno, pero pará un poco, ¿no será todo lo contrario? Si vos hacés algo muy bien, cada vez mejor, y planteás variantes, te van a buscar por la excelencia de lo que ofrecés. No hace falta hacer siempre algo distinto.

–¿Esa maquinaria de la moda ya dejó de ser viable?

–No es sostenible hacer todo nuevo todo el tiempo. Después te enterás de que tal casa de moda vivía de la venta de los perfumes. Algunas grandes marcas financian así su búsqueda estética, que es muy cara. Acá queremos imitar, y cuando uno imita lo hace sólo con la forma, no con el fondo. La moda es muy copiona y hemos copiado modelos que ahora están absolutamente defaulteados. Yo veo un lindo momento para habitar la moda, porque es un proyecto nuevo que, como tal, te revitaliza. Las preguntas ahora son otras.

–¿Cuáles son esas preguntas?

–Cómo va a percibir una textura el cliente, cómo reemplazamos esa experiencia de tocar por la de atender online, mostrarte cómo yo toco la prenda y ver qué pasa con eso. Es un momento con nuevas posibilidades. Cuando logramos transformar la realidad en un estímulo que nos satisface, encontramos otras cosas. Mi mensaje es: “Vistámonos con ropa hecha en la Argentina”. Si consumimos lo nuestro, nos autosustentamos; si no, nos fundimos.