Una de las particularidades de «Counterpart» es que se trata a la vez de una distopía -‘¿qué sucedería si…?’- y una ucronía  -‘¿qué hubiese sucedido si…?’-, y que ambos subgéneros del sci-fi coexisten si fisuras, en perfecta e inquietante armonía.

Pero eso no termina allí: «Counterpart» es una serie de ciencia ficción, o ficción científica como le hubiese gustado llamarla a Borges, metida dentro de una serie de espionaje. Una de las más clásicas series de espionaje de los últimos tiempos. Esas donde la precisión de los movimientos de las piezas en el vasto tablero es significativamente más importante que las persecuciones (que las hay).

Otro acierto de la trama es la invención de dos mundos paralelos y casi idénticos que coexisten en el Berlin postcaída del muro (la historia va y vuelve de 1996 a 1982), cuyos habitantes tienen su otro con rasgos prácticamente calcados… pero no tanto.

El guión se centra en un equipo de agentes de seguridad nacional enmascarados bajo el manto de trabajadores de las Naciones Unidas, cuya interacción con su otro, en el otro Berlín igual pero en las antípodas, es el centro de la trama. El muro entre Berlin Occidental y Berlin Oriental ha desaparecido, pero en su lugar una fractura literalmente subterránea ha duplicado a la ciudad como en un espejo invertido.

El héroe cansino y casi ignorante es el agente Howard Silk (encarnado por el nunca bastante elogiado J. K. Simmons) que por una mala jugada del destino descubre esta fisura y se ve obligado a transformarse de burócrata en hombre indispensable del servicio de inteligencia. Los personajes que giran a su alrededor, comenzando por el protagonizado por Olivia Williams (Emily Burton-Silk, su esposa) son riquísimos en contradicciones y complejidades. ¿Dónde termina el mal y comienza la grandeza? ¿Existe algo, o alguien, que pueda capitalizar alguna de las dos cosas?

Las dos temporadas están en OnDemand de Cablevisión y es una de las series que después de ver no podrás borrar de tu cabeza.