Con la liberación de contenidos XXX, muchas mujeres empezaron a buscar páginas alternativas, feministas e independientes que rompan con las normas tradicionales de la industria y logren identificar, ahora sí, con sus propios deseos.


Mientras los aeropuertos del mundo se cerraban y un anuncio presidencial nos prohibía salir de casa para amesetar la curva de contagios, las páginas porno abrían sus puertas de par en par y liberaban sus contenidos casi como pidiéndonos por favor que aprovecháramos este momento para tocarnos y descubrir nuestros cuerpos. Así fue cómo, una vez más, las mujeres tomamos la posta y pusimos manos a la obra para intentar acelerar el loop eterno en el que vivimos en cuarentena.

“¡Quedate en casa y ayudá a achatar la curva!”, publicó en Twitter Pornhub, el sitio pornográfico más visitado del mundo, cuando anunció el acceso gratuito a su contenido premium. En sólo 48 horas, la demanda de usuarios y usuarias aumentó a la par y la web registró un 24,4 por ciento más de visualizaciones en sus videos. Dato no menor: en Italia, México y Francia, las mujeres pasaron al frente.

“Las empresas capitalizaron rápidamente esta demanda para dirigir los intereses a sus propias plataformas –cuenta Laura Milano, becaria del Conicet y autora del libro Usina posporno–. Pero lo que identifico como algo muy novedoso es que las mujeres empezaron a buscar páginas alternativas, feministas e independientes, que rompieran con las normas tradicionales de la industria. Es decir, pornografía que interpelara sus deseos, con la que se sintieran identificadas.” Por esa razón, además de usar sus redes sociales para sugerir proyectos transfeministas, queer, éticos y autogestivos, los primeros días de aislamiento social, la investigadora le dio vida a “Porno, quiero revolcarme con vos”, un seminario online que combina pornografía, arte y feminismos. Todo un éxito.

“La información que uno recibe del porno es que el hombre debe ser una máquina fálica; construye un imaginario en el que el goce femenino está limitado a la responsabilidad exclusiva del varón.” (Agustina Kupsch)

La cuarentena habilitó la discusión sobre los contenidos sexuales que circulan en internet, y algo quedó bastante claro: el mainstream ya fue. Agustina Kupsch, antropóloga social y referente del acelerador cultural Panóptico de Género, explica el porqué: “Si miráramos al porno convencional desde un laboratorio, podríamos observar que se normalizan por completo prácticas sexuales de riesgo. El preservativo es prácticamente un mito, en el sentido antropológico. La información que uno recibe es que el hombre debe ser una máquina fálica; construye un imaginario en el que el goce femenino está limitado a la responsabilidad exclusiva del varón. Las grandes cadenas de porno mainstream tienen, por un lado, contenido premium al que se accede mediante el pago de una suscripción, y por otro, el contenido pirata y gratuito, que se compone por videos robados a grandes productoras y hasta de personas que no dieron su consentimiento. Así es cómo podés encontrar escenas de violaciones reales, pedofilia y gran cantidad de basura”.

La pornografía no nos representa a todos (ni todas), aunque el discurso sexual que corra con más fuerza sea el mismo que aparezca en las pantallas. Entonces, la pregunta que surge es: ¿quién gana en el universo XXX? Entre la masturbación y el cambio social, parece que por fin descubrimos el antídoto. Erika Lust es directora, guionista y productora de cine, pionera en el movimiento de la pornografía feminista. Su equipo de trabajo está formado, en su mayoría, por mujeres, y elige contar historias que tengan que ver con los deseos de sus espectadores. Desde que comenzó el aislamiento, las tres plataformas que dirige –XConfessions, Lust Cinema y Erotic Films– registraron un aumento del 30 por ciento en las horas de visualización. Claro, muchos de sus contenidos ahora están disponibles gratis.

“El porno feminista no es porno light o rosa, como quieren plantearlo sus objetores. Es contenido en el que se ven escenas de sexo explícito entre personas, cuerpos y realidades diversas. El porno feminista juega con las luces, las tomas y recrea escenarios de fantasías que no excluyen por género o sexo. No se centra únicamente en el coito y reconoce a la mujer como sujeto sexual pleno. Por eso creo que es una respuesta revolucionaria al porno mainstream”, opina Kupsch.

A la hora de hablar de recomendaciones, Tati Español, ideóloga de “Todo sobre tu vulva”, un curso sobre el placer sexual de las mujeres y personas trans, nos canta la posta: “Yo recomiendo mucho una página que se llama Four Chambers. Es un porno mucho más artístico, más abierto a diversidades corporales y sexuales: hay cuerpos gordos, pelos en las axilas, distintos tipos de vulvas. También hay cuerpos hegemónicos y depilados. Pero lo más importante es que cada uno/a haga su propia búsqueda y encuentre lo que le gusta. Siempre hay que tratar de googlear en inglés, porque hay mejores resultados”. Y agrega: “Obviamente que todo lo que recomiendo es pago. Me parece que el futuro es empezar a pagar por nuestros intereses y dejar de consumir lo que el mundo nos vende porque es gratis. Y es gratis porque vive de robar videos a otras productoras, por ejemplo. El porno feminista vive porque los consumidores pagamos por eso. Y eso es mucho más ético e interesante”.