La nueva normalidad

Flamantes aeropuertos, aviones con cabinas individuales, hoteles para pocos, restaurantes a mesas cerradas y trajes supersónicos para movernos entre la gente. Cómo es el mundo que se viene en el universo del lifestyle.


La noticia dice así: “Micrashell, el traje anticoronavirus para ir a conciertos, festivales y eventos de todo tipo. Una solución socialmente responsable para permitir que las personas interactúen de manera segura en las proximidades. Micrashell es un equipo protegido contra virus, fácil de controlar, divertido de usar, desinfectable y de rápido despliegue que permite socializar sin distanciarse. Cuenta con un traje superior hermético con una escafandra de protección que funciona como un respirador normal a través de un filtro basado en el estándar N95, unida a unos guantes. Se puede llevar sobre cualquier vestimenta porque sólo ocupa la parte superior del cuerpo, y permite ir al baño sin dificultad. Tiene, además, sistema de audio, cámara, posibilidad de integrar el smartphone y un posa-bebidas que permite ingerir líquidos sin necesidad de retirarse el equipo”. 

En la foto que ilustra nuestra portada se ve a un hombre virtual cubierto con plásticos y siliconas que parecen más un disfraz de extraterrestre que un accesorio sanitario que podría ser la única manera de ir seguros, en un futuro muy cercano, a fiestas, recitales, boliches y cualquier evento que implique la aglomeración de personas. El Micrashell es caro y sólo se comercializará, de momento, en países desarrollados. Pero acá no estamos hablando de las vicisitudes locales, sino de nuevas costumbres tan mundiales como la pandemia del coronavirus. 

Sentirnos seguros es la base de esta nueva normalidad. La definición de “normal” encuentra varias acepciones, pero curiosamente todas confluyen en una misma premisa, muy relacionada con los tiempos que vivimos: es aquello que nos da seguridad, lo que nos resulta familiar. “La norma, además, genera estándares que, si son seguidos, permiten al usuario reproducir un patrón específico”, dice el ensayista Brandon Ambrosino en su columna de la BBC titulada “Por qué será tan difícil volver a la normalidad”. 

¿Cómo recuperará el mundo sus hábitos de viajar, vacacionar, ir a conciertos o al cine, comer en restaurantes o simplemente sentarse en un café a leer un libro y ver a la gente pasar?

La definición de “normal” encuentra varias acepciones, pero curiosamente todas confluyen en una misma premisa, muy relacionada con los tiempos que vivimos: es aquello que nos da seguridad, lo que nos resulta familiar.

La Asociación de Viajes de los Estados Unidos (U.S. Travel Association) presentó una guía detallada para ayudar a mantener a sus clientes y empleados “seguros” en medio de la pandemia. La guía se llama “Travel in the New Normal” (“Viajar en la nueva normalidad”) y su objetivo es permitir que se reanude el turismo, algo que por el momento nos parece, cuanto menos, insólito. En Hong Kong, la seguridad aeroportuaria fue al extremo con una tecnología que podría implementarse en el resto del mundo desarrollado. Se trata de CLeanTech, una cabina de desinfección de cuerpo entero que lleva a cabo su labor en tan sólo 40 segundos. El interior del cubículo está equipado con un revestimiento antimicrobiano que puede eliminar a distancia los virus y las bacterias en el cuerpo y la ropa de las personas mediante el uso de las tecnologías de fotocatálisis y nanoagujas. Además, se está aplicando un revestimiento invisible que consigue destruir gérmenes, bacterias y virus en las superficies de alto contacto de la terminal, y un ejército de robots de limpieza, operativos durante las 24 horas, asegura una total desinfección de las áreas públicas gracias a un esterilizador de luz ultravioleta y otro de aire. No es una novela de ciencia ficción, aunque sólo pasa en Hong Kong. 

Para los aviones, la firma italiana Aviointeriors presentó sus asientos de posición inversa en las filas triples y la instalación de mamparas acrílicas traslúcidas para aislar a sus pasajeros y reducir contagios. La gran incógnita es si las aerolíneas que sobrevivan a la crisis estarán en condiciones de invertir en estos nuevos protocolos de seguridad, cuánto más nos costará a los viajeros cada ticket y quiénes estarán dispuestos a trasladarse a países lejanos con sistemas sanitarios poco preparados. Y el pánico implícito de que haya un rebrote y quedemos varados al otro lado del mundo de manera indefinida. Habrá que estar dispuestos a la aventura, o simplemente viajar por tierra dentro del país. 

La nueva normalidad también llegó a bares, cafés y restaurantes, otros de los rubros más afectados por la pandemia. En algunas ciudades de China, desde hace un par de meses, las reglas para ir a comer afuera implicaban hasta cuatro personas por mesa, un distanciamiento de dos metros, el uso de barbijo interrumpido sólo para llevarse comida a la boca y la toma de temperatura y el escaneo del celular al momento de ingresar en el local. Este escaneo también vale en el gigante asiático para entrar a cualquier comercio del rubro que sea, e implica el famoso cruzamiento de big data para seguirnos los pasos en caso de haber entrado en contacto con el virus. Así es el operativo para hacer “vida normal” en el país más avanzado en materia de coronavirus. 

En Europa, por otra parte, los emprendimientos gastronómicos comenzaron a abrir con medidas muy particulares. El dueño de un restaurante de Ámsterdam tuvo la idea de utilizar pequeñas cabinas de cristal con forma de invernaderos para comer sin riesgos. “Estar juntos en grandes grupos probablemente no será posible por un tiempo, pero estar en una situación social de esta manera sí puede darse”, expresó Willem Velthoven, encargado del recinto. Con el fin de evitar inesperados accidentes, los empleados del restaurante llevan máscaras de plexiglás y guantes y sirven la comida colocada sobre tablas que deslizan hasta los clientes. El menú es fijo y se elige previamente mediante una aplicación, para evitar el diálogo entre cliente y camarero. 

Salir a tomar un café estaba entre las cosas que más extrañaban los croatas durante la cuarentena. Esto surgió de una encuesta realizada por el gobierno de su país, que la semana pasada dispuso la reapertura de las cafeterías a nivel nacional. La noticia fue recabada por el periodista y especialista en café Nicolás Artusi, que en su página sommelierdecafe.com escribió: “Las cafeterías croatas podrán abrir desde las 6 hasta las 23, pero los clientes deberán hacer fila en la calle, los cubiertos tendrán que llegar a la mesa recién cuando se sienten y desaparecerán las cartas: el menú deberá estar exhibido en una pizarra. Además, la distancia entre los parroquianos deberá ser superior al metro y medio, deberán desinfectarse las manos al ingresar y se propondrá que consuman en terrazas y veredas o que lleven las bebidas a su casa (aunque habrá mesas disponibles)”. 

Siguiendo en la línea gastronómica, muchos restaurantes del Viejo Continente pusieron a trabajar a sus camareros de repartidores como única forma de salvar el negocio. “A mí una ostra me cuesta dos euros, la vendo a cuatro euros y tengo que pagar un 30 o 40 por ciento a la app de delivery, más 100 euros mensuales de mantenimiento del servicio. ¿Qué gano yo con todo esto?”, se pregunta Adelf Morales, dueño de un restaurante español. 

En el sector hotelero también se preparan para una reactivación adecuada a la nueva normalidad, con pulverizadores electrostáticos con desinfectantes hospitalarios para sanitizar superficies en todo el establecimiento. “La tecnología de pulverización electrostática utiliza la clasificación más alta de desinfectantes recomendada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) para tratar los patógenos conocidos. Los pulverizadores limpian y desinfectan rápidamente áreas completas y se pueden usar en los hoteles para limpiar y desinfectar habitaciones, vestíbulos, gimnasios y otras áreas públicas”, explican desde la cadena Marriott. Además, los hoteles prevén check in online, el uso parcial de áreas comunes, la reducción drástica de huéspedes con el consecuente aumento de tarifas (como en las aerolíneas) y controles sanitarios a todo el personal. 

El espacio en sí mismo se convertirá en el mayor de nuestros lujos, dicen los especialistas. La capacidad de mantener el “personal space” y aun así querer imitar el estilo de vida de antes tendrá un precio muy alto, pero todo indica que en el mundo habrá un mercado para atender esta demanda y crear una especie de nueva normalidad.

En Hong Kong, la seguridad aeroportuaria fue al extremo con una tecnología que podría implementarse en el resto del mundo desarrollado. Se trata de CLeanTech, una cabina de desinfección de cuerpo entero que lleva a cabo su labor en tan sólo 40 segundos.

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