Sin grandes exposiciones, ferias internacionales ni recomendaciones de libreros, la industria editorial se reinventa y apuesta todo su capital a un viejo conocido: los libros electrónicos. Un formato que en sus comienzos generó mucha controversia pero que hoy se posiciona como el recurso más valioso.


No es noticia: la cuarentena dejó en jaque, en términos económicos, a varios sectores de la producción, no sólo en la Argentina sino en cualquier parte del mundo. Entre ellos, la industria editorial, que ya venía de capa caída. Según la Cámara Argentina del Libro (CAL), la cantidad de ejemplares publicados en abril disminuyó un 90 por ciento en relación a 2019. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, evento estrella del circuito, debió suspenderse. Gran parte de los sellos editoriales eligieron volcarse a lo digital: el e-book, que parecía una suerte de negocio marginal, las ventas a domicilio y las “compras futuro” terminaron convirtiéndose en una válvula de escape de la crisis para muchos.

El escritor y periodista Oche Califa es director institucional y cultural de la Fundación El Libro. Afirma que la Fundación “comenzó a delinear estrategias para el corto, mediano y largo plazo” al verse imposibilitados de organizar la Feria. Agrega: “Debíamos desarrollar acciones para el campo profesional y cultural. Para el primero acordamos una cesión de derechos entre editores brasileños y argentinos, participamos de la coordinación para la compra online de los bibliotecarios de Conabip (Programa Libro %) y de la gestión con el Gobierno para que se permitiera a las librerías realizar envíos: pusimos en nuestra web un mapa de las mismas (esto permanecerá y se actualizará siempre)”.

“Nuestras descargas aumentaron un 400 por ciento respecto al período anterior a la cuarentena y nuestro sitio fue visitado por dos millones de personas.” (Octavio Görg)

Esto último también fue aplicado por Ediciones Godot en su sitio web. Ellos también son los organizadores de la principal feria editorial independiente: la Feria de Editores. Víctor Malumián, uno de sus editores, ratifica que la FED no podrá realizarse en agosto y que tuvieron que reconvertir su trabajo: tenían algunas novedades planeadas para la Feria del Libro y debieron “empezar a evaluar cuándo estarían disponibles y a partir de ahí empezar a trabajar mucho en lo digital”.

La apuesta por lo digital parecería ser un común denominador. Califa cuenta: “Pusimos en valor nuestro canal de YouTube, con más de 650 videos, y el canal pedagógico que compartimos con la Fundación Lúminis (Entre Comillas). Ahora estamos con una programación cultural virtual diaria en la que ofrecemos videos y podcasts con material de archivo y producido especialmente”. Desde Godot también apuestan por lo digital: “Rediseñamos el sitio web, pensamos nuestro canal de YouTube, que no lo veníamos usando mucho, y pusimos nuestro catálogo digital con descuento”.

La cuarentena fue, también, una oportunidad para reagrupar esfuerzos. Juan Crasci, editor de años luz editora e integrante de La Coop (cooperativa de editoriales independientes que gestiona su propia distribuidora y librería), cuenta: “Aprovechamos el tiempo para trabajar sobre aspectos que necesitaban mejorías. En cierto sentido (no en el económico, por supuesto), la cuarentena nos sirvió. Apostamos de forma fuerte por la lectura digital (si bien tenemos e-books desde 2014, no lo habíamos explotado de buena forma), generamos canales de venta futura, con descuentos y promociones, y en las últimas semanas pudimos dinamizar los envíos de esas ventas futuras y generar nuevas ventas con delivery en todo el país”.

Las ventas a domicilio, una vez autorizadas, fueron un alivio significativo. Tal como describe Agustín Arzac, de la librería Malisia de La Plata (también editor de Eme Ediciones): “La situación mejoró bastante aunque se modificó la forma de trabajo. Uno está acostumbrado a la recomendación, a charlar sobre los libros, y en este caso se redujo todo casi a una transacción virtual. Pero por suerte estamos vendiendo a un ritmo similar”. Su testimonio aporta un dato clave: el valor del encuentro. “Para nosotros son muy importantes los eventos relacionados con la salida del libro: presentaciones, prensa, entrevistas a autores. Todo ese trabajo ayuda a cubrir los gastos.”

Para algunos, el giro hacia el e-book no fue una sorpresa. Tal es el caso de BajaLibros, primera tienda de libros digitales en español de Latinoamérica. Octavio Görg, su product owner, revela un dato abrumador: “Nuestras descargas aumentaron un 400 por ciento respecto al período anterior a la cuarentena y nuestro sitio fue visitado por dos millones de personas”. Agrega: “Esto se da gracias a todo el ecosistema editorial, que está muy comprometido para que la lectura digital siga creciendo”. Por su parte, Mariana Kozodij, responsable del canal editorial de Vi-Da Tec(empresa dueña de BajaLibros), opina que “la cuarentena marcó un pequeño punto de inflexión para muchas editoriales que redescubrieron lo digital; si bien algunas ya trabajaban con e-books, marcó una diferencia para igualar novedades –no siempre salen al mismo tiempo en papel y digital–, mejorar catálogos e interiorizarse más en los diversos modelos de negocios, como el e-commerce, la suscripción y las bibliotecas online”.

Pese al entusiasmo por el comercio 2.0, para muchos los números siguen en rojo. “No conozco ayudas estatales para el sector en particular –afirma Malumián–. Otros países las han tenido. Nos sumamos a la ayuda que podía acogerse nuestra distribuidora (Carbono), una baja en las cargas laborales, pero es casi una curita en medio de algo que se está desangrando.” Crasci destaca el Programa Libro % y sugiere que “desde el Estado se podría generar una alternativa de compra de papel para la producción de libros o la quita del IVA a su compra”.

Entre las crisis y las oportunidades, con las plataformas digitales dispuestas a coparlo todo, los libros, sin embargo, siguen circulando más allá de cualquier virus.

“La cuarentena marcó un pequeño punto de inflexión para muchas editoriales que redescubrieron lo digital; si bien algunas ya trabajaban con e-books, marcó una diferencia para igualar novedades, mejorar catálogos e interiorizarse más en los diversos modelos de negocios, como el e-commerce, la suscripción y las bibliotecas online.” (Mariana Kozodij)