Es diseñadora de indumentaria y vestuarista publicitaria. Asistió a Noel Stewart, una eminencia inglesa en millinery, y participó del London Fashion Week. Hoy, como hace ya varios años, divide su tiempo entre sets de filmación, el atelier y la familia bajo el aura inspiracional y creativa de Marilyn Manson.


“Él es un artista que me ha inspirado a lo largo de toda mi vida, mi carrera, mi adolescencia, y los que me conocen desde hace mucho tiempo lo saben. Hasta me tatué su rayo. Lo admiro porque siempre ha usado sombreros increíbles y lo acompaña con su vestuario y una gran estética”, cuenta Flor Tellado refiriéndose al artista estadounidense Marilyn Manson, y sigue: “Mi inspiración también se apoya en diferentes épocas, me hubiera gustado estar en los 50 y 60, pero la clave es combinar todas las décadas de una manera moderna. Siempre que diseño un sombrero o un accesorio, lo primero que me pregunto es si es moderno; no puede dar vintage porque ahí es cuando pasa a ser el sombrero de la abuela que ya nadie quiere usar. Con esto quiero decir que hay que reformular un accesorio del pasado para transformarlo en un objeto de deseo del presente”.

–¿Con los sombreros se sigue una tendencia en particular, como ocurre con el diseño de prendas?

–En mi caso trato de no seguir ninguna. Al contrario, me gusta ir un poco en contra de la corriente. Incluso con el proceso creativo me pasa algo similar, empieza al revés de lo que uno creería: lo dibujo una vez realizado. Para mí es más cómodo improvisar con las cosas que ya tengo; dependo muchas veces del momento en el que me encuentro, de cómo me siento y cómo lo voy resolviendo. Cada sombrero que hago es un desafío frente a las dificultades que se me presentan. Muchas veces lo imagino y, una vez que está en mi mente, sé que necesito pensar y elaborar la manera de construirlo.

–¿Por qué elegiste volcarte al mundo de los sombreros? ¿Qué hay en ellos que lograron captar tu atención?

–No sé si hay una razón puntual por la cual los elegí, fue una búsqueda: quería poder hacer cosas con las manos y esto no me lo brindaba ni mi carrera ni mi trabajo. Empecé a investigar hasta que encontré un oficio que poca gente había desarrollado y me pareció muy apasionante poder traer un accesorio del pasado al presente y revestirlo de modernidad. Recuerdo siempre una sesión de terapia en la que me sentí muy angustiada porque tenía mucho tiempo libre entre filmaciones y la facultad. Mi analista, literalmente, me mandó a “inventar algo” y terminé creando algo buenísimo.

–¿Cuán importante es la libertad a la hora de crear?

–Es fundamental. Tanto es así que Libertad es el nombre que le puse a mi hija. En el diseño de un sombrero, al ser un objeto que de por sí no es muy usado por el común de la gente, yo trato de que no haya límites para la imaginación y nunca pienso si el destinatario que va a consumir mi producto se va a animar a usarlo, porque si lo pienso, estoy muerta. Es fundamental para mí hacer aquello que mi imaginación manda para sentirme totalmente libre.

–¿Y cuán importante es el amor y la dedicación para perpetuar en un trabajo?

–¡Eso es lo más importante! Se notan en mi trabajo las horas y la pasión con la que me sumerjo en cada pieza, y de hecho muchas veces, de madrugada, sigo. A veces me señalan que le pongo demasiada pasión, como si tuviera algún tipo de exceso, y yo, por el contrario, lo veo como un valor que se refleja en mis productos; tal vez por eso la gente se enamora de mis cosas. Los valores que más se acomodan a mi labor son el trabajo y el esfuerzo que hay detrás de cada pieza. Es más, todavía no he podido mandarlas a realizar por otros, me siento muy tranquila cuando una clienta recibe algo hecho solamente por mis manos porque eso me asegura que esté cien por ciento en las condiciones que yo espero que ella lo encuentre.

«El sombrero fue y será siempre un accesorio temido por la mayoría. He conocido diseñadores de otros países que también afirman que no es fácil imponer el uso del sombrero»

–¿Cómo fue cambiando y evolucionando el uso de sombreros y accesorios en las mujeres?

–Entiendo que fue cambiando y evolucionando a partir de la libertad de la mujer en el vestir, y hoy por hoy, la moda es mucho más desprendida y funcional. Muchas veces un sombrero puede resultar hasta incómodo de transportar, por lo tanto su diseño evolucionó con base en la comodidad de la mujer, que hoy está mucho más despojada de todo.

–¿Cuál es tu percepción respecto de la moda en nuestro país en este momento?

–Creo que no se diferencia con respecto a la de algunos años atrás. Sí siento que quizá faltan muchos recursos como para que los diseñadores se expresen en su máxima potencialidad, como si muchas veces no hubiera un presupuesto, por decirlo de alguna manera.

–¿Considerás que la mujer argentina se anima a looks con toques imponentes o creés que muchos de tus diseños funcionarían mejor en otros lugares, como por ejemplo Europa?

–La mujer argentina no tiene nada que envidiarle a la europea, y no es que en Europa se animen más a grandes looks. Específicamente, el sombrero fue y será siempre un accesorio temido por la mayoría. He conocido diseñadores de otros países que también afirman que no es fácil imponer el uso del sombrero, por lo que deberíamos desterrar el mito de que en Europa se visten más extravagantes que acá. De hecho, mi marca apunta a una clientela con mucha personalidad. Por suerte, tiene alcance y la consume mucha gente en nuestro país.

«El cambio que se va a producir una vez que esto termine será que el hecho de cubrirse la cara y la cabeza pasará a ser un hábito, ya que no vamos a querer quedar expuestos ante nadie»

–¿De todas las experiencias que viviste, cuál es la que tenés más presente?

–La experiencia más importante y que recordaré para siempre es haber participado en el London Fashion Week. Haber estado al lado de Stephen Jones como si fuera una diseñadora más de Inglaterra y, sobre todo, haber compartido todo esto con mi hermana, que me ayudó en la producción y la prensa.

–¿Cómo estás viviendo este proceso de aislamiento en función de la marca?

–Estoy viviendo un proceso creativo diferente al que tenía en mi estudio: estoy más concentrada, más relajada y más contenida. En el estudio, en general, entra y sale mucha gente, recibo muchos llamados y no logro esta concentración que me sirvió muchísimo para acomodarme, organizarme y pensar qué vuelta darles a mis accesorios. Creo que el cambio que se va a producir una vez que esto termine será que el hecho de cubrirse la cara y la cabeza pasará a ser un hábito, ya que no vamos a querer quedar expuestos ante nadie, con lo cual es un buen momento para protegernos con la indumentaria adecuada. Estoy de acuerdo con que las grandes marcas puedan crear algo útil en esta pandemia pensando en que “hoy” no es “siempre” y generen de manera creativa lo que la gente está necesitando. No hay mucha alternativa, ¡es esto o pijamas!

–¿De todas las piezas que has creado, cuál es hoy tu favorita y por qué?

–Me encantaría mentirte y decirte que tengo una favorita, pero la realidad es que al tiempo de terminar una pieza pasa a ser vieja, me aburre y ya quiero generar algo nuevo, por lo que lo favorito siempre es lo último que hago. Amo renovar y renovarme.

–¿Hace cuánto tenés tu wardrobe rental en Palermo?

–Mi rental de Palermo lo tengo desde hace doce años, fui cambiando de locaciones y lo conservo porque hace dieciséis años que soy vestuarista de publicidad y ese espacio es mi gran maletín de herramientas con las que trabajo a diario. Tengo prendas que fui guardando, coleccionando por algún valor sentimental, por algún trabajo o, simplemente, por algún recuerdo.

–¿Tenés un vínculo especial con lo vintage?

–Sí, es muy fuerte porque para mí toda la inspiración está en el pasado pero siempre resignificándola en la modernidad.