Aunque su nombre no resuene lo suficiente en los oídos del gran público, Phoebe Waller-Bridge es la chica dorada del momento, en lo que a series se refiere. Ella ha escrito y protagonizado, además de la que hoy nos ocupa, Crashing, un show casi de culto como es Flebag, y es la guionista de la multipremidada Killing Eve. Medallas no le faltan, y sentido del humor tampoco.

Sin su presencia como creadora y actriz, quizá Crashing pudiera pasar como una sitcom más de treintañeros devorados por el sistema, luchando por mantenerse en un lugar cool dentro de la sociedad. Ella y su humor cáustico, irreverente, doloroso a veces, hacen toda la diferencia.

La serie va de un grupo de gente alocada, disímil, excéntrica y, finalmente, marginal en algún sentido, que conviven de la manera que pueden y gracias a un permiso municipal, en un viejo y derruído Hospital en las afueras de Londres que está a punto de ser demolido por el gobierno.

Lulu, el personaje de Phoebe, es una vieja conocida de Anthony (Damien Molony); que viene desde algún pueblo cercano a vivir la loca vida londinense, y a instalarse en este condominio tan particular, más o menos sin invitación. Ambos han sido a lo largo de sus vidas mejores amigos, y el sexo siempre estuvo sobrevolando la relación, aunque la impostada dureza a la que juegan puede más que la atracción.

Sam está enredado con otro de los personajes, Kate (una excelente Louise Ford), que es la contracara exacta de Lulu. Lulu es ágil, ocurrente, levemente maliciosa, desprejuiciada. Kate es una especie de joven dama inglesa en desgracia.

El resto de los personajes recorre todas las escalas sociales, culturales y sexuales (incluso la indefinición). En este sentido, es graciosísima y a veces cruel la relación que mantienen Fred (Amit Shah, otro gran comediante) un tímido inglés de origen indio y explícitamente gay y su roommate Sam (Jonathan Bailey).

Los diálogos y las situaciones de la serie son desopilantes, y revelan en el fondo la profunda soledad e incomunicación de los personajes en esta metrópoli que fagocita y desecha.

Y la dificultad por establecer un vínculo honesto sin avergonzarse de ello. No es la variedad de sus compañeros sexuales lo que intimida a esta comunidad: más bien los espanta la posibilidad de sostener una relación sólida.

Los caracteres son notoriamente británicos, como el mood de la comedia. Todos los rubros técnicos, incluyendo la banda sonora son impecables, y las actuaciones, aún la de aquellos personajes circunstanciales, notables.

Por el momento hay una sola temporada en Netflix, es de 2016, con lo cual se ve como difícil la continuación, pero la brillantez y profundidad con que estos personajes de nuestro tiempo son diseccionados, ameritan verla.