Dejó el fútbol para dedicarse al freestyle y se convirtió en la mejor del país. Talento, entrenamiento y perseverancia: las tres claves para triunfar en esta disciplina que combina el arte y el deporte.


“Nunca fui una mujer convencional”, dice Bárbara Roskin del otro lado de la cámara, minutos antes de empezar su show de freestyle, aquella disciplina que combina artes casi circenses con el fútbol y que domina como ninguna. Y lo sabe: cada vez que la pelota está en sus pies, el mundo se detiene. Con la naturalidad de una chica de 26 años que hace lo que le gusta, Barbi sonríe y mira fijo la número 5. Aunque entiende que es un caso aislado en su familia. “A mis viejos no les gusta el fútbol, y yo desde que tengo dos años pateo la pelota. Me encariñé mucho con el deporte desde que soy muy chiquita. Fue así toda mi vida”, cuenta quien antes de convertirse en la mejor freestyler de la Argentina jugó tres años en la Primera de River, estudió periodismo y se recibió de entrenadora.

Más de una vez dijiste que cuando hacés freestyle vas encontrando otras versiones de vos misma. ¿Cuáles son esas versiones?

–Son muchas: aparecen la frustración, los enojos, el carácter, la felicidad, la satisfacción propia, el esfuerzo, la garra… Cuando yo me pongo a practicar un truco y no me sale, hago comentarios, me golpeo las piernas, me agarro la cabeza. Y una vez que lo consigo, repaso todo eso que pensé mientras me entrenaba y me voy conociendo. Es un lindo ejercicio. Tengo mucho carácter y eso se nota hasta cuando me entreno. Manejar la frustración es uno de los desafíos más importantes que tiene esta disciplina, y la vida en general.

¿Cuál fue el truco más difícil que pudiste hacer?

–Bueno, Lemmens Around the World, o LATW, es un truco que me costó mucho. En freestyle, los trucos llevan el nombre de quien los inventa combinado con una terminación. En este caso, ATW, que quiere decir “Vuelta al Mundo” en inglés. Lemmens es un truco de dos revoluciones, es una doble vuelta al mundo en la que tenés que pasar dos veces la pierna por arriba de la pelota antes de que se caiga. El tema es que te salga y después puedas seguir teniendo control. La idea es combinar varios trucos en un combo, así se dice.

¿Y cómo manejás la frustración cuando no sale?

–Está todo en la cabeza. El freestyle es un deporte muy frustrante y tenés que ser muy perseverante. El truco puede no salir un millón de veces, pero cuando sale, lo que sentís es muy superior a todo lo que pasaste antes. Yo, por suerte, tengo bastante facilidad. Si un día me pongo a practicar tres horas el mismo truco, es probable que lo saque.

¿Se puede vivir del freestyle en la Argentina?

–Creo que se puede, hay que meterle mucha garra, como a todo. Yo hago otras cosas, pero si querés vivir de esto, tenés que apuntar a competir y a tener buenos resultados, entrenarte todos los días varias horas.

Entiendo que los sponsors son una parte importante también.

–Sí, en mi caso trabajo con Nike. Los conocí en una agencia y arrancamos con la construcción de mi perfil. Fue lo que más esfuerzo y tiempo me llevó. Viví experiencias increíbles con ellos.

“El freestyle es un deporte muy frustrante y tenés que ser muy perseverante. El truco puede no salir un millón de veces, pero cuando sale, lo que sentís es muy superior a todo lo que pasaste antes.”

¿Te acordás cuál fue la mejor?

–Sin duda, la presentación de las camisetas del Mundial de Fútbol Femenino en París. Todavía no puedo explicar lo que sentí ese día. Fueron 15 minutos de un desfile de las mejores jugadoras de fútbol del mundo y mujeres muy destacadas en otras disciplinas, referentes. Todas con sus respectivos looks, uno más deslumbrante que el otro. No me lo voy a olvidar nunca. Fue una de las mejores noches de mi vida, y esa fue sólo una parte. También hubo tiempo para entrevistas, fotos, charlas sobre la indumentaria, la historia del fútbol femenino. Mis ojos vieron algo que no van a volver a ver nunca más.

Cuando eras más chica jugabas al hockey. ¿Les sorprendió a tus papás que quisieras jugar al fútbol?

–Mirá, soy un caso aislado en mi familia, porque no vengo de un ambiente futbolero. A mis viejos no les gusta, sólo miran los partidos de la Selección. Yo, desde que tengo dos años y camino, pateo la pelota. Me encariñé mucho con el deporte desde que soy muy chiquita, y no tuvieron otra opción que tomárselo bien. Fue así toda mi vida. Nunca fui una mujer convencional.

Llegaste a jugar en la Primera División de River. ¿Es verdad que peleabas puesto con Mariana Larroquette, actual goleadora de la Selección argentina?

–Es verdad, qué sufrimiento… (se ríe). Duré dos años, me empezaron a poner en otra posición, hasta que me cansé y me fui a hacer futsal. Ya está, no podía jugar más de 8 en River. Imaginate que siendo suplente de Mariana no tenía chances. Ahora lo hablo con ella y nos matamos de risa.

Y ahora que el fútbol femenino alcanzó la semiprofesionalización y tiene más visibilidad, ¿te dan ganas de volver?

–Sí, obvio, me muero de ganas. Diste en la tecla. Vengo jugando amateur en cancha de 5 desde que dejé River y ahora la idea es volver. El fútbol está en mis planes para la segunda mitad del año, si es que se reanuda, o el año que viene. Y es prioridad.

¿En qué club te gustaría jugar?

–Tengo muy cerca el predio de San Lorenzo. Otra posibilidad es volver a River, pero creo que el tema no es tanto la camiseta sino probar cuál es mi nivel hoy. Las mujeres, a diferencia de los varones, si dejamos de jugar en AFA no volvemos a jugar en cancha de 11, porque casi no hay torneos amateurs en cancha de 11. Así que tendría que ver en qué condiciones estoy para correr. Dejé de jugar a los 19, y hoy tengo 26 años. Estoy a tiempo, pero las pruebas son exigentes y hay muchas chicas con muy buen nivel probándose, así que no está nada dicho. Las ganas siempre están, a mí me soltás una pelota y soy feliz.

¿Pensás que podrías seguir con el freestyle en paralelo?

–Es un desgaste físico muy grande, porque el freestyle requiere de muchas horas de entrenamiento. Yo no conozco ningún caso, pero creo que si le ponés garra y priorizás bien, se puede.