El cine y las series han dado al público distopías maravillosas y aterradoras. En este caso, The Leftovers es mucho más dramática que aterradora. Y que no ha sido vista lo suficiente, quizá, como una suerte de ironía, por ese 2% de la población que, apenas iniciado el primer capítulo, desaparece sin más.

The Leftovers es una distopía cercana pero (casi) imposible, y que encara con coraje el dolor de perder súbita y aleatoriamente a algún ser querido. Y enseguida, rápida e inteligente, nos instala en una elipsis tres años después. Elige un puñado de los millones de personajes que podrían haber sido para contar una historia de desesperación, de falta absoluta de certezas, de duelo, pero más allá de todo, de amor. Y en ese sentido es una de las serie de su género que con más valentía habla del amor, de los amores.

La primera temporada (son tres en total, comenzó en 2014) es si se quiere más abarcativa en su ambición de mostrar los diversos tipos de reacciones de estas personas frente a la pérdida (ya vamos teniendo resonancias de algunas cosas), para luego en la segunda y la tercera mostrarnos, sin descuidar este mundo desolado y desconsolado del que sólo ha escapado un pequeño pueblecito en el desierto que llaman Milagro, la intensa, controvertida, difícil y hermosa historia de amor entre Kevin y Nora (encarnados respectivamente por Justin Theroux en el mejor de sus trabajos hasta el momento, y Carrie Coon, el verdadero milagro de la serie, casi desconocida al momento de este protagónico).

Todo tipo de eventos atraviesa la historia: la búsqueda y ¿encuentro? de un mesías, la revolución de aquellos que deciden renunciar a todos los hábitos conocidos (Los Residuales, entre las que juegan importantes roles la inmensa Ann Drowd -sí, la que luego nos maravillará con la Aunt Lydia de El cuento de la criada– y Liv Tyler) e incluso la espera de un segundo diluvio.

Y a pesar de todo, la serie es una historia de redención, de redención a través del amor.  Parece decirnos, bíblicamente: “porque sólo el amor los salvará”.

El capítulo final es magistral, entre más de una decena de capítulos magistrales. El guion explica lo necesario, el espectador y los personajes ven (saben) lo que va pasando en simultáneo, gran acierto de los autores. Y de manera brillante deja claro que no explicará aquello que, por humanos, nos resultaría inexplicable.

La producción y co-creación de The Leftovers es de Damon Lindelof, quien produjo y co-creó la para mí fallida Lost. Y que aprendiendo de los errores cometidos, nos regala esta vez una obra maestra; vista por mucha menos gente de lo que hubiese merecido, todos ellos fanáticos, con una banda de sonido de locos y una realización impecable: Leftovers es una serie para guardar en el corazón.

Las tres temporadas están en HBO, háganse un favor y véanlas.