Los juegos de mesa dejaron de ser una actividad dedicada solamente a los chicos y a las vacaciones y están adentrándose a fuerza de ingenio y profesionalismo en terrenos populares. El avance de las compañías locales, los bares temáticos, las tendencias europeas y la innovación como bandera.


Unos dados que vuelan, una tarjeta que marca una acción. “China ataca Kamchatka”. La frase que soltaba una madre sulfatada en una publicidad de los noventa quedó enquistada en algún rincón del imaginario pop. Allí, a altas horas de la madrugada, ella y su marido dirimían quién cambiaba a su bebé jugando al T.E.G., uno de los juegos de mesa más importantes en la historia contemporánea. Y, de forma inconsciente, esa publicidad también mostraba a dos adultos jugando, un concepto enemigo de la productividad. Durante mucho tiempo, el T.E.G. fue una de las pocas excepciones que permitía saltarse esa noción. Pero los juegos se modernizaron y los tiempos cambiaron: ahora hay una gran oferta y los juegos de mesa son tendencia.

“El T.E.G. tiene más de 40 años y los juegos han cambiado mucho”, advierte Pedro C., el creador de Conexión Berlín, un bar para jugar juegos de mesa. En nuestro país, como en el resto del mundo, hay una vuelta a los juegos de mesa. Una especie de redescubrimiento. “La situación actual de la cuarentena profundiza un poco todo esto, ya que las personas buscan en los juegos un escape de las pantallas, y estos proponen un encuentro familiar para distendernos”, explica Agustín Mantilla, socio de Maldón, empresa que se especializa en este rubro. Maldón ofrece El erudito, un juego de cultura general, como su máximo exponente y El camarero, un juego para ejercitar la memoria, como el más entretenido.

En los últimos cinco años, la industria de juegos de mesa no paró de crecer. Especialmente, en la oferta de títulos. A partir de este fleje, trepó muchísimo el desarrollo interno, es decir, los juegos creados y desarrollados por autores argentinos. “Todavía está faltando que algún juego nacional la rompa afuera”, asoma Emmanuel Rabell, socio de Bureau de Juegos, compañía desarrolladora de juegos de mesa que consiguió llegar a las tiendas masivas. Y remata: “Creo que si un día eso pasara, la industria nacional daría un salto enorme”.

Según Witty Wittner, responsable de Geek Out, una comunidad que se enfoca en la difusión de juegos de mesa nacionales e internacionales, hay aproximadamente unos cincuenta mil argentinos que juegan regularmente. Entretanto, Wittner se erige como uno de los grandes players del sector. Junto a su esposa, Laura Muollo, organizan un concurso de diseño de juegos (Innovando el Juego), un premio al mejor juego de mesa (Premios Alfonso X) y el evento de juegos de mesa más grande de Latinoamérica (Geek Out Fest). “Si lo comparamos con Alemania, que es potencia en juegos de mesa, en la Argentina se juega muy poco y la actividad está muy underrated, cuando, entre otras cosas, jugar nos hace mejores personas”, aporta Pedro C.

En términos de público existen, grosso modo, dos grandes nichos. Por un lado, los juegos de previa: juegos cortos, de pocas reglas, generalmente de cartas y orientados al humor. Y, por otro, los juegos tipo eurogames (algunos los llaman “modernos”), que son los sucesores de los juegos de mesa tradicionales, que comprimen estrategias y manejos de recursos, algunos más simples, otros más complejos. Rabell identifica que “los que juegan en las previas son jóvenes de entre 16 y 35 años, mientras que el otro es más universal y variado: básicamente toda la gente de 10 años en adelante a la que le gusten los juegos de mesa”. Y, por aquí, todos los especialistas coinciden en un punto: hay un juego para cada personalidad.

Por estos días, los juegos de mesa todavía no tienen la popularidad que merecen. Si bien crecieron en representación, producción y llegada, su industria se encuentra apenas un paso detrás de su democratización total. Esto se basa, entre otras cuestiones, en algunos prejuicios asociativos. “El juego de mesa entra dentro de la categoría ‘juguete’, cosa que hace que tenga demasiada asociación exclusiva a los chicos”, reconoce Wittner. Y suma Rabell: “Están un poco estigmatizados como algo de nerds y eso a veces es una barrera para la difusión, porque primero tenés que convencer a la gente de que jugar juegos no es de nerds, para recién convencerlo de jugar a tal o cual juego”.

Algo similar ocurre con el business, con el hecho maldito de estar constantemente ocupados. Vivimos en un sistema que empuja a ser productivos las 24 horas del día. Según el Instituto de Política Económica (EPI), mientras la productividad de los trabajadores aumentó un 69,6% entre 1979 y 2019, el salario por hora sólo subió un 11,6%. Entonces, ¿estamos delante de una trampa del sistema? ¿Por qué no nos permitimos simplemente “perder el tiempo” de vez en cuando? ¿O usarlo en favor del ocio y del entretenimiento personal? “Tener más tiempo libre nos permite ser individuos más lúdicos”, señala Pedro C.

En el mundo se publican anualmente unos diez mil nuevos juegos de mesa. Muchos de ellos aportan elementos novedosos y van superándose cada vez. Otros repiten características y le suman distintos componentes. Por eso, la innovación es muy valorada por la actividad. “Todos los años salen juegos que al jugarlos te preguntás: ¿¡Cómo puede ser que no existiera esto!?”, comenta Mantilla. Un ejemplo de esto es The Mind, una especie de experimento en el que se reparten cartas del 1 al 100, sin hablar y sin turnos, y hay que bajarlas en orden. “De alguna manera, las mentes se conectan y el juego funciona, es tan sencillo como genial”, sigue el dueño de Maldón.

En Europa, cuna de juegos, la industria va evolucionando constantemente. Van modificándose las mecánicas y las reglas y van apareciendo tendencias. “También se van viendo modas a nivel temático y en cuanto a los criterios estéticos y materiales de producción”, explica Rabell. En la industria argentina tenemos algunas dificultades, motivadas principalmente por las deficiencias económicas y la falta de un marketing sólido que acompañe al desarrollo de los juegos. “Hay pocas editoriales y menos aún editoriales que hayan sobrevivido a más de dos proyectos. Considero que es por una falta de proyección. Ocurre muy seguido que algún diseñador intenta salvar su economía vendiendo un único producto”, revuelve Wittner.

“Los juegos desarrollan la empatía, colaboran con el aprendizaje de las planificaciones, otorgan permisos para fallar sin consecuencias y ayudan a reírnos de nosotros, a interactuar, a participar en equipos, a manejar recursos, a desarrollar la intuición y a adivinar cuándo alguien engaña a alguien.” (Pedro C.)

Los precios de los juegos de mesa son muy variados y van de los 300 a los 7.000 pesos. “Para esta cuarentena estamos haciendo versiones gratuitas de algunos de nuestros juegos, que son PDF para descargar y jugar en casa o por videoconferencia con amigos. Son versiones adaptadas pero funcionan muy bien y se consiguen en maldon.com.ar”, aporta Mantilla, acompañando la consigna #QuedateEnCasa. En tanto, el espacio de Conexión Berlín (por el momento en stand by por la cuarentena) invita a personas a que jueguen solas o acompañadas. Y ofrecen dos modalidades: por hora cuesta $150 y la jornada completa unos $400. Y desde aquí, la gran pregunta: ¿por qué juego de mesa es conveniente comenzar? “Hay gente que empieza por los más simples y otros que arrancan directo por juegos de complejidad media o alta”, explica Rabell. Y recomienda fervientemente el King of Tokyo, en un nivel familiar (un best seller a nivel mundial), y para quienes estén en “modo fiesta”, el HDP, un juego de humor para mayores de 18 años. “Los juegos desarrollan la empatía, colaboran con el aprendizaje de las planificaciones, otorgan permisos para fallar sin consecuencias y ayudan a reírnos de nosotros, a interactuar, a participar en equipos, a manejar recursos, a desarrollar la intuición y a adivinar cuándo alguien engaña a alguien”, concluye Pedro C.