Nació en Cahors, Francia, hace dos milenios. Si embargo fue aquí, en su segunda patria, donde se hizo grande. El romance entre Argentina y su cepa insignia se renueva cada 17 de abril. En esta nota, referentes de la industria cuentan por qué el Día Mundial del Malbec debe celebrarse siempre, sin importar que, como sucede este año, la cuarentena obligue al brindis íntimo y puertas adentro.


Lleva más de un siglo y medio creciendo en nuestro suelo como en ningún otro. Dotada de una historia local hecha de nombres ilustres (Domingo Faustino Sarmiento, Michel Aimé Pouget) y que continúa escribiéndose por los trabajadores de la industria vinícola criolla -del bodeguero estrella al último cosechador-, la más argentina de las uvas francesas festeja hoy el Día Mundial de su producto, el Malbec, en un contexto inédito. Reverenciado año a año, homenajeado cada 17 de abril con cientos, miles de copas alzándose al mismo tiempo en eventos exclusivos o multitudinarios, el embajador indiscutible del vino argentino en el mundo esta vez invita al brindis íntimo, a la celebración puertas adentro. “Este año decidimos volcar nuestra estrategia de promoción al plano digital a través de múltiples acciones en los principales países foco de exportación. El contexto global generado a partir del avance del COVID-19 exige actuar de manera responsable, evitando momentáneamente las reuniones”, explica Alberto Arizu (h), presidente de Wines of Argentina (WofA), mientras despliega algunas de las acciones programadas que se realizarán vía online, orientadas a los consumidores de China, Reino Unido, Estados Unidos y Latinoamérica, por dar unos pocos ejemplos. Completa: “A lo largo de estos 10 años, el Malbec World Day se ha posicionado como el acontecimiento más importante en la promoción mundial del vino argentino. Hoy Argentina está produciendo los mejores y más ricos Malbecs de su historia y es el mayor productor mundial de esta cepa. De ahí que este año hayamos elegido el concepto Malbec Argentino, ¡Me Gusta! para rendirle homenaje”.

Los que hacen, hablan
“Lo que más me gusta del Malbec es su capacidad de adaptación a nuestro terroir, entendido éste como la mezcla de suelo, clima y paisaje. Se da bien en diferentes lugares de Argentina y también en diferentes años. Pero te diría que lo que más me interesa es la plasticidad que tiene y la transparencia con la que refleja los lugares”, dice Sebastián Zuccardi, uno de los enólogos más importantes del país y con reconocimiento internacional por su trabajo en Familia Zuccardi, bodega de Mendoza donde se elaboran 17 etiquetas de Malbec, entre ellas Finca Piedra infinita Paraje Altamira 2016, que obtuvo a fines de 2019 los codiciados 100 Puntos Parker. También refiere a esa condición “plástica” Bernardo Bossi Bonilla, enólogo dela también mendocina Vinos de Potrero: “A la hora de elaborarlo admite 100 % imaginación y creatividad; y en un blend es siempre el mejor anfitrión y se convierte en protagonista”. Clarito. Héctor Durigutti, cabeza junto a su hermano Pablo de Durigutti Family Winemakers, en Mendoza, toma el mismo camino: “Es una cepa muy plástica, se da muy bien en la Argentina, desde Jujuy a la Patagonia. Se pueden hacer grandes vinos, desde el consumo diario a vinos de guarda. Me encantan sus taninos dulces y sedosos”, describe el hombre que elabora una veintena de versiones y es también referente en consultoría enológica. Gonzalo Carrasco, enólogo de Terrazas de los Andes, gran hacedor de Malbecs en tierras mendocinas, no se aleja demasiado del juicio de sus colegas: “Lo que más me seduce es su capacidad de adaptación a diferentes situaciones de cultivo, otorgando sensiblemente diferentes estilos de vinos. Es distinto un Malbec de la zona de Las Compuertas a uno de Gualtallary, Los Chacayes o Paraje Altamira. Esta es la base de nuestro éxito en el mundo: la expresión tan particular que se logra en Argentina.” Por su parte Alejandro Pepa, responsable de enología de la salteña El Esteco, elige partir de una descripción de las cualidades de la cepa ya hecha vino (“su color brillante, sus aromas frutados, sus taninos elegantes”) y cerrar el concepto con un diagnóstico certero:

“Considero que nunca defrauda a los consumidores porque existe un buen equilibrio entre calidad y precios. Es un varietal que gracias a su calidad logró ser reconocido y aprobado mundialmente, y sin dudas continuará haciéndolo”.

De la copa a la boca
Pero, ¿Cómo es el Malbec? ¿Cuándo una copa refleja fielmente el vino más consumido y reverenciado de la Argentina? “El Malbec no se guarda nada y te tira todo desde el vamos” –dice el sommelier y comunicador del vino Fabricio Portelli-, “La cuestión es, más allá de eso, cuán complejo puede llegar a ser. Pero no hay duda de que ese carácter frutal, con especias, es algo que todos podemos percibir tanto desde los aromas como en boca, con su paso tan amable, voluptuoso pero también fresco cuando está bien logrado”. La clase continúa: “Es un vino muy directo y de texturas envolventes, redondas y más suaves que tensas o firmes. En Argentina, que es bastante diversa y grande y hay distintos terruños, realmente adquiere carácter distintivo”. Portelli ofrece también su visión del por qué en la ultima década surgió un nuevo paradigma: “Hasta hace 10 años no era así, pero hoy podemos decir que la añada influye mucho en el carácter del vino y que también los suelos son totalmente determinantes, sin olvidar que el factor más importante es el hombre y sus decisiones desde el punto de vista enológico. Lo interesante, la gran evolución (que se nota también en los vinos económicos, porque hoy se encuentran vinos de $200 con frescura, limpios, agradables de tomar y sobre todo con ese carácter natural, sin ese maderizado ni eso goloso que antes se exageraba un poco) se nota en los grandes Malbecs, en sus sutilezas,en la textura que puedan otorgar los taninos, que en su profundidad revelan distintas capas de sabores, como lo hacen los grandes vinos del mundo.“

Con la 10 en la espalda

La evolución del Malbec se refleja claramente en los números entregados recientemente por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Con más de 44 mil hectáreas, representa el 38 % del total de uvas tintas plantadas en el país (que en lo global ascienden a 114.995 ha). En los últimos 20 años la superficie plantada de Malbec creció un 171%. Presente en buena parte de los suelos vinícolas del país, tiene su vortex en Mendoza, provincia que se lleva el 85 % de la producción total con sus más de 37.700 hectáreas cultivadas (la siguen San Juan y Salta muy de atrás, con casi 2.800 y 1.400,respectivamente).
En cuanto a las cifras de exportación, 124 países recibieron al menos un envío de Malbec proveniente de Argentina en 2019, año en que fueron exportados 79, 3 millones de litros, lo que significó ingresos por 327 millones de dólares. El principal importador es Estados Unidos, seguido por el Reino Unido y Canadá.

Tu Malbec, mi Malbec
Lo enólogos consultados por EPU elaboran vinos distintos entre sí. Por estilo, por capacidad de bodega, por visión personal. Todos, sin embargo, muestran un vector común:la pasión por el Malbec. “Nos gusta cultivar en suelos con carbonato de calcio porque sentimos que eso le aporta textura al vino; evitar la sobre madurez pero no cosechar verde: buscar ese punto clave para que no solo haya fruta roja y un poco negra sino para que también aparezcan las hierbas, las flores que tiene el Malbec. Me gusta hacer un trabajo en la bodega suave, donde la extracción tiene que venir naturalmente de la viticultura que hacemos en el viñedo. Y luego una guarda donde evitemos que la bodega se note más que el lugar, por eso hemos reducido el uso de madera”, es la receta de Seba Zuccardi para hacer Malbecs salvajes y modernos.  A su turno, Bossi Bonilla revela: “los Malbecs que elaboramos en Vinos de Potrero son muy genuinos. Pero el análisis requiere de una mirada segmentada. No soñamos el mismo estilo para nuestro Malbec de Potrero, donde la fruta y la frescura se destacan sobre todo, que para el Potrero Gran Malbec, donde la estructura y todo lo que hace a la capacidad de guarda sean lo que prime”. Durigutti reparte explicaciones alrededor de los Malbecs pertenecientes al trío de terroirs que alimentan la bodega: “Valle de Uco tiene un gran potencial, con regiones por descubrir. Buena amplitud térmica, Cordillera frontal, diversidad en suelos, vinos ricos en taninos. Lujan de Cuyo: vides antiguos, buena altitud, suelos más diversos, taninos más sedosos.Patagonia: distinta latitud, suelos al borde del Rio Negro, mas vientos, taninos mas intensos, fruta roja fresca.” Terrazas de los Andes, por su parte, cuenta con 280 hectáreas de Malbec en terruños “ubicados en zonas de reconocida calidad”, arguye Carrasco, quien lleva 12 años en la bodega y dice sentirse “identificado con los que hacemos hoy: vinos con carácter, frescura y amabilidad. A finales de 2015, empezamos con la búsqueda de una nueva elegancia y frescura para Terrazas con la llegada de Philippe Moureau al frente del equipo enológico”. Alejandro Pepa trabaja un perfil definido por una condición: la altura extrema de las sierras salteñas. “Este punto sin dudas marca una característica especial, diferencial y esencial. Puedo decir que en Bodega El Esteco elaboramos Malbecs que logran expresar las mejores cualidades de nuestra región: colores rojos violáceos, negros y profundos; aromas frutados y de frutos rojos, leves notas de hierbas frescas y albahaca. El carácter en boca es distintivo, con gran volumen, sensación mineral, taninos de textura fina pero presente”, describe con orgullo.

Mañana es mejor
A esta altura queda claro que el Malbec expresa, sin rivales a la vista, lo que el terroir argentino, de norte a sur y de este a oeste (según el INV está plantado en 18 provincias) puede dar, más allá de las condiciones del lugar donde crezca. ¿Cuál es, entonces, su futuro? Arizu, que además de presidente de WofA es director de la prestigiosa Bodega Luigi Bosca, asegura que “lejos de estar agotado, el Malbec se reinventa de la mano de los productores argentinos, que a su vez siguen sorprendiendo, cultivándolo en las más extremas condiciones de altura y latitud. Siguiendo este camino, no le espera más que un próspero futuro”. Carrasco es aún más expansivo en el concepto: “El futuro del Malbec está en continuar desarrollando consistentemente la expresión de las diferentes zonas. En lograr Malbecs cada vez más naturales y transparentes al lugar de origen”, define con claridad. Bossi Bonilla considera que “la versatilidad de la cepa hizo que supere el estigma de la moda y haya quedado presente en todo el mundo y con mucho potencial de crecimiento por delante”. Durigutti pone en marcha una lógica marcada por el compás de los hechos: “El futuro está en el trabajo de las Indicaciones Geográficas. Para mi vamos muy bien, aunque falta mucho por hacer”. Cierra Seba Zuccardi con una fórmula sencilla: “La lógica del futuro de Argentina tiene que ver más con los lugares, los terroirs donde hacemos vinos, y que cada uno de esos vinos cuenten tres historias: el lugar, la persona que lo hace y el año en el que fue elaborado. Yo personalmente creo que después del Malbec viene más Malbec”.