Quién especularía en julio de 2019 cuando la celebrada película de los hermanos Cohen Once Upon a Time in Hollywood se estrenara -el destino juega sus ironías siempre- en la República Popular China, que ese título menos de un año después sería profético.

Entre la enorme cantidad de situaciones que el Covid-19 modificó la industria del entretenimiento -con mayúsculas- no resultaría de las menos afectadas. Lo cual es -si se piensa- una paradoja en sí misma, porque por lo menos en el caso de las plataformas de streaming, nada se consumirá tanto mientras la pandemia y su secuela de temores duren, como los contenidos de estos medios.

Las grandes plataformas se nutren de cientos de producciones anuales (llegan a estrenarse cinco, seis o más temporadas de las series de mayor éxito por mes en Netflix, Fox+ -ahora devenida, junto a Lucas Enterteinment la megaproductora  Disney+- o Amazon Prime).

A la ansiedad de los CEOs de estas máquinas de entretener por lanzar tanques que compitan entre sí se suma también la de los espectadores globales, la mayoría de los cuales deben cumplir estrictas cuarentenas, que van extendiéndose según pasan los meses. Con el problema nada menor de que la producción de gran parte de estas series y películas fueron tomadas por sorpresa por esta epidemia durante su rodaje, a veces en lugares por demás alejados e inhóspitos, y otras (Stranger Things 4, por citar una de las más esperadas) en etapa de preproducción o a punto de comenzar a filmarse.

La preocupación de los productores y nuestra angustia es, a la manera en que sucediera en las guerras con las provisiones, hasta cuándo tendremos material inédito como para alimentar este engranaje.

La respuesta es incierta, y contempla algunas variables. Muchas de las series que son ‘originales’ de estas plataformas no se ruedan en los lugares que son sede de ellas. Cada vez es mayor la necesidad de exteriores en ciudades donde se recreen otras que son infilmables por una cuestión demográfica y de permisos gubernamentales. O sitios remotos para series históricas (Marco Polo, Vikings, Outlander y muchísimas más se filman en varios países, en algunos casos hasta una decena por cada serie. Esto hace que grandes equipos de producción y casting deban desplazarse por largo tiempo por el mundo. Esta parece ser por lo menos desde la perspectiva actual una posibilidad poco factible por largo -hasta larguísimo- tiempo.

Por lo demás, estas producciones no proceden de un puñado de países ni mucho menos. Hoy hay ‘Originales de Netflix’ u ‘Originales de Prime’ o de HBO, concebidas, actuadas y entregadas con un moño en los más disímiles países del planeta, desde España, pasando por Turquía hasta China, Corea del Sur o India. Por otra parte, muchos de los actores que se encontraban en lugares diversos al comienzo de la epidemia sufrieron el contagio del Covid-19, como sucediera con Kristofer Hivju, de la nueva nave insignia de Netflix, The Witcher, el rodaje de cuya segunda temporada quedó paralizado.

Ahora bien, los cerebros de estas firmas están pensando estrategias y mirando de reojo a sus competidores. El gran fantasma es el nuevo Disney+, que más allá de haber frenado algunas de sus series estrella, cuenta en su haber tras su fusión con Fox y Lucas un enorme arsenal de películas y series que pueden ser relanzadas, sin contar la ventaja que supone tener la licencia y los derechos de la híper exitosa saga de Star Wars.

Frente a esto, Netflix responde que si bien muchos de sus íconos, tales como The Crown, Lucifer, Grace and Frankie, Sex Education, las citadas Stranger Things y The Witcher, no tendrán por un buen tiempo nuevas temporadas.

Y HBO, que lanzaría en breve su plataforma deluxe HBO Max, apostará a la fidelidad de sus espectadores reponiendo antiguas series que fueron suceso, tales como Los Soprano, The Wire, Sex and the City, teniendo como una de las pocas novedades hasta el momento la nueva temporada de Westworld.

Esto, amigos, en cuanto a series se refiere. Otro tema, y otra nota, para la enorme cantidad de películas heridas de muerte por el virus.