Es médica especializada en Nutrición Holística y Medicina Estética y Orthomolecular. Desde su cuenta @beautyfreak.room y en sus libros convertidos en best sellers comparte consejos para obtener un estilo de vida más saludable a través de la alimentación y el manejo del estrés.


“Mi último libro, Medicina ancestral y epigenética, se enfoca en cómo recuperar la salud interviniendo en nuestro medioambiente, teniendo en cuenta nuestro origen y necesidades reales.” A sus 35 años, Florencia Dafne Raele recorrió un largo camino de investigación y estudio en diferentes partes del mundo que la llevaron a convertirse en referente de la nueva generación de influencers que postean información real con sustento científico. Su enfoque frente a la medicina, integral y holístico, es cada vez más popular en las nuevas generaciones que buscan mejorar sus hábitos físicos y emocionales.

–¿Qué es la medicina epigenética?

–La epigenética es el campo que estudia cómo los genes pueden ser modulados según el ambiente en el que se encuentran. Lo que se propone desde la medicina epigenética es mejorar el entorno para poder incidir en la expresión genética y, por lo tanto, en nuestra salud, “prendiendo” los genes que nos benefician y “apagando” los que nos enferman. Esta “modulación” de nuestro ADN puede lograrse a través de una infinita lista de intervenciones: cambios en la alimentación, en la calidad del aire que respiramos, la calidad de nuestro sueño, las personas con las cuales nos relacionamos, nuestras emociones o niveles de estrés, el tipo de actividad física que realizamos, nuestra exposición a toxinas.

“El avenimiento de la tecnología y la industrialización nos alejó de nuestras necesidades básicas, como la necesidad de esforzarnos, buscar o pelear por nuestra comida, tiempos de ingesta y de ayuno cuando no disponíamos de ella, exponernos a la luz correcta (solar/brillante durante el día y abstemios de luz durante la noche).”

–¿Y el concepto de “medicina ancestral” que marcás en tus publicaciones?

–Se refiere un poco a volver a nuestro origen, sin la necesidad de imitar o vivir como los hombres de las cavernas. Tener en cuenta cómo vivían ellos para poder entender a qué está destinada realmente nuestra especie y qué es lo que estamos haciendo mal. Nuestra biología no cambió tanto, somos prácticamente los mismos que nuestros ancestros, con las mismas necesidades que ellos, pero en un escenario completamente distinto.

–Tu libro parte de la base de que no estamos diseñados para la abundancia en la que estamos inmersos, ¿cómo es esto y cómo se está modificando con el actual escenario mundial que nos toca vivir?

–Con “abundancia” me refiero a “comodidad”. El avenimiento de la tecnología y la industrialización nos alejó de nuestras necesidades básicas, como la necesidad de esforzarnos, buscar o pelear por nuestra comida, tiempos de ingesta y de ayuno cuando no disponíamos de ella, exponernos a la luz correcta (solar/brillante durante el día y abstemios de luz durante la noche). Hoy en día tenemos luz cuando la necesitamos y podemos ir en contra del ritmo natural circadiano, permaneciendo despiertos cuando tenemos que estar dormidos; no sufrimos de frío ni de calor, podemos gozar de la misma temperatura todo el año (utilizando aires acondicionados o estufas), y, claramente, la mayoría de la población se mueve muy poco. En el escenario actual, el aislamiento nos repercute a muchos niveles: falta de contacto con la naturaleza, menos movilidad/actividad física, menos contacto con nuestra tribu. Sin duda, esta situación nos aleja ampliamente de nuestras necesidades, sobre todo de las afectivas.

–¿Qué funciones ancestrales hemos olvidado como especie?

–La incomodidad, como te mencioné anteriormente. La civilización moderna nos alejó ampliamente de la naturaleza, perdimos total conexión con ella y sus estímulos diarios. Como especie, evolucionamos para adaptarnos al cambio que nos rodea, pero nuestra biología sigue siendo prácticamente la misma y con las mismas necesidades. Estamos destinados a despertar con la luz del sol y a descansar cuando no está; a comer cuando hay comida y a ayunar cuando no la hay. Sin embargo, el avenimiento de la tecnología y la industrialización nos volvió capaces de alargar los días con la electricidad, tener alimento disponible las 24 horas, estimularnos a toda hora con dispositivos lumínicos y perder así nuestros ciclos naturales de sueño-vigilia, alimento-ayuno.

–¿En qué consiste la nutrición holística?

–La nutrición holística se basa en la bioindividualidad, en el concepto de que somos todos únicos e irrepetibles y lo que puede ser bueno para vos no necesariamente es bueno para mí. No hay teorías fundamentalistas y generalizadas sobre qué es lo que funciona para todos sino que integra las distintas teorías y busca que cada uno, a través de un proceso de introspección y autoexperimentación, pueda dilucidar qué es lo que le hace bien a su organismo en particular. El concepto de “alimento” en este tipo de enfoque va más allá de la comida, abarca también todo lo que nos “nutre” y que necesitamos para tener una vida plena: salud mental, actividad física, relaciones, trabajo, ocio, etcétera.

–¿Por qué te interesó la medicina ayurvédica?

–Porque cuando me recibí de médica aún no había la oferta que hay hoy en día de medicinas integrativas. En ese momento, los únicos estudios que podían brindarte un concepto más holístico eran las medicinas alternativas y las medicinas ancestrales, como la ayurvédica o china, por eso me incliné hacia ellas. Son realmente muy interesantes, cada una tiene muchísimo sentido, y a pesar de que no sean mi forma de ejercer la medicina hoy en día, me han servido y aprendí muchísimo de ellas.

–¿Qué es lo que más nos enferma en el mundo moderno?

–Claramente, es muy personal, pero si tuviese que ponerlo en dos palabras, lo que mayormente nos afecta a todos como población son la mala alimentación y el estrés.

“La ‘modulación’ de nuestro ADN puede lograrse a través de una infinita lista de intervenciones: cambios en la alimentación, en la calidad del aire que respiramos, la calidad de nuestro sueño, las personas con las cuales nos relacionamos, nuestras emociones o niveles de estrés, el tipo de actividad física que realizamos, nuestra exposición a toxinas.”

–¿Cómo se combate esto?

–La mala alimentación se combate cuestionando un poco lo que la mayoría de la población considera una alimentación saludable (paquetes verdes que declaran cuidarte, básicamente), algo que sin duda está muy impulsado por la industria y el conflicto de intereses con los profesionales, pero que dista mucho de lo que realmente necesitamos como alimento. Dejar de ir al supermercado e intentar, de a poco, eliminar todos los alimentos ultraprocesados, volviendo a los alimentos reales: aquellos que no tienen etiquetas y que podemos encontrar en mercados o dietéticas, como carnes, huevos, vegetales, frutas, semillas, legumbres, cereales. Amigarse con la cocina es una buena forma de conectarte con los alimentos y entender lo que te estás llevando a la boca. Incursionar en técnicas de manejo del estrés, como respiración, yoga, mindfulness, meditación. Muchos piensan que hay que ser muy avanzado para poder practicarlas o sienten que no es para ellos, pero es mucho más sencillo de lo que uno piensa. Con tan sólo un par de herramientas (como saber respirar, por ejemplo), uno puede cambiar su estado de estresado a relajado en cuestión de minutos.